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Los caminos del Señor son inescrutables, y los que tenía reservados para mí, francamente, no hay quien los entienda: Él, que en Su Infinita Misericordia podría haberme dotado de aptitudes musicales, decidió por motivos misteriosos dejarme al otro lado de la belleza, y relegarme al gratificante pero algo frustrante papel de oyente. Peor aún: Dios mío, ya que lo mío no iba a ser tocar algún instrumento, al menos podrías haberme dotado de la capacidad de apreciar las maravillosas sutilezas de, qué se yo, las Variaciones Goldberg. Pero no. Nuestro Hacedor, por algún motivo que desconozco, decidió hacer de mí un hortera sin remedio con una peligrosa inclinación hacia la década de los ochenta y los bailes en el salón de su casa que dejan los de Jennifer Beals en Flashdance a la altura del betún. ¿Por qué, oh Altísimo, decidiste que lo que a mi realmente me pusiera del revés fueran cosas como «End Of The Night (feat. Doubleboy)«, de ese retrógrado sin remedio que responde al alias de Robert Parker?

Sirva como disculpa: el sueco tenía una formación clásica antes de pasarse al Synthwave, y cuando en 2009 le picó el gusanillo y se compró el primero de una larga colección de sintetizadores analógicos, ya no hubo marcha atrás: el Korg Polysix, el Minimoog y el  Roland Juno 106 arrinconaron al Steinway, y la nostalgia por la década de neón se adueñó de los dedos del músico. Lo cierto es que su producción musical en el género es vastísima, y en cierta forma Parker sucumbe al gran pecado en el que también caen otros nombres grandes -el suyo, desde luego lo es- del estilo: una incontinencia que, dadas las autolimitaciones sonoras, obliga al aficionado a dedicar un buen rato bucear en su catálogo para separar el grano de la paja.

«End Of The Night (feat. Doubleboy)» es grano, y del bueno. Fue publicada en 2018 como primera pista del álbum del mismo título (hasta en eso es ochentero, colocar la «canción buena» al principio del disco), y ojo que cuando digo publicada, digo bien: cosa no tan habitual en la escena, el disco conoció edición física gracias a la labor el sello NewRetroWave, especializado en este tipo de artistas, y de hecho aún puede comprarse en la tienda que el sello tiene en Bandcamp. Y a partir de aquí, todo lo que escriba son justificaciones estériles para mi pecado: me CHIFLA esta horterada, que escucho con los auriculares al máximo volumen hasta llegar a un estado his-té-ri-co. Bailo cuando no me miran mi mujer y mis hijos poseído por una electricidad que ya no existe, y de alguna forma esta música -qué bien entiende Doubleboy lo que esta canción está pidiendo- que me debería hacer sentir más viejo me hace sentir más joven. Muevo discretamente el pie con el sintetizador con que el tema se inicia, me contengo durante las estrofas, y soy capaz de más-o-menos comportarme hasta que la canción llega a los tres minutos, pero al pasar de ese punto sin retorno (los caminos del Señor son inescrutables) pierdo el control, y qué vergüenza, qué vergüenza: prometí que no volvería a hacerlo, pero ha vuelto a suceder.

2 pensamientos en “End Of The Night (feat. Doubleboy) – Robert Parker

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