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Claudio
¿Qué ocurre de nuevo, amada Reina?
Gertrudis
Una desgracia va siempre pisando las ropas de otra; tan inmediatas caminan. Laertes, tu hermana acaba de ahogarse.
Laertes
¡Ahogada! ¿En dónde? ¡Cielos!
Gertrudis
Donde hallaréis un sauce que crece a las orillas de ese arroyo, repitiendo en las ondas cristalinas la imagen de sus hojas pálidas. Allí se encaminó, ridículamente coronada de ranúnculos, ortigas, margaritas y luengas flores purpúreas, que entre los sencillos labradores se reconocen bajo una denominación grosera, y las modestas doncellas llaman, dedos de muerto. Llegada que fue, se quitó la guirnalda, y queriendo subir a suspenderla de los pendientes ramos; se troncha un vástago envidioso, y caen al torrente fatal, ella y todos sus adornos rústicos. Las ropas huecas y extendidas la llevaron un rato sobre las aguas, semejante a una sirena, y en tanto iba cantando pedazos de tonadas antiguas, como ignorante de su desgracia, o como criada y nacida en aquel elemento. Pero no era posible que así durarse por mucho espacio. Las vestiduras, pesadas ya con el agua que absorbían la arrebataron a la infeliz; interrumpiendo su canto dulcísimo, la muerte, llena de angustias.
Laertes
¿Qué en fin se ahogó? ¡Mísero!
Gertrudis
Sí, se ahogó, se ahogó.
Laertes
¡Desdichada Ofelia! Demasiada agua tienes ya, por eso quisiera reprimir la de mis ojos… Bien que a pesar de todos nuestros esfuerzos, imperiosa la naturaleza sigue su costumbre, por más que el valor se avergüence. Pero, luego que este llanto se vierta, nada quedará en mí de femenil ni de cobarde… Adiós señores… Mis palabras de fuego arderían en llamas, si no las apagasen estas lágrimas imprudentes.

(HamletCuarto Acto, Escena XXIV)

Así de trágica es la vida: Ofelia, prometida del príncipe Hamlet, enloquece por completo cuando éste mata por confusión a su padre, Polonio, y arrastrada por la locura, vaga recogiendo flores hasta que su desvarío la lleva junto al lago en el que acabará encontrando la muerte. Ahogada en las heladas aguas, la joven se convierte en el imposible objeto de deseo del célebre príncipe de Dinamarca que Shakespeare inmortalizara, y al mismo tiempo en el símbolo eterno del primer amor: único, doloroso, imposible. De algún modo, con el cadáver de Ofelia se marchan para siempre ¡ay! la esperanza y la inocencia;  con el cuerpo que se va hundiendo lentamente, lastrado por el peso del vestido empapado, se ahoga nuestra posibilidad de encontrar la felicidad en su forma más genuina y pura, y sin embargo, qué belleza indescriptible hay en esa imagen, qué hermosa resulta Ofelia en su lento hundimiento.

* * * *

Ophelia“, del estadounidense Matt Costa, es una canción pequeña. Voy a ser más preciso: ERA una canción pequeña, hasta que para mí ha dejado de serlo. Deslumbrado como estaba (como estoy) por la pirotecnia retro de “Shotgun“, por la irresistible inmediatez de “Loving You“, por la nostálgica delicadeza de “Clipped Wings” o “Eyes For You“, casi ni me apercibí de su presencia. Y sin embargo ahí estaba esa canción: sencilla, hermosa, y sí, pequeña. Pura. Haciéndose un sitio cada vez mayor con cada una de esas escuchas, volviendo cansado a casa en el coche, el cuarto álbum de Matt Costa definitivamente adueñado del  reproductor de CD ‘s. Conquistándome poco a poco,  obligándome a repetir, rascando cada vez más hondo, y finalmente obsesionándome como sólo lo hacen las grandes canciones. Aunque al principio parezcan pequeñas, como esta.

Ophelia” me afecta, me deja seriamente tocado después de cada escucha. Lo digo en serio: tiene eso que sólo tienen algunas canciones, la capacidad de arrancarte un suspiro, el don extraño de hacerte sentir triste y al mismo tiempo agradecido por tanta belleza.  Y tiene una innegable influencia de Dylan (el cabrón ha conseguido que pensemos en él cada vez que oímos sonar una armónica), pero también algo (mucho) de los dulces Belle & Sebastian de “We Rule The School“. “Ophelia” sabe a pérdida, a soledad, a imposible, pero tiende sobre nuestras cabezas una noche tan profusamente engalanada de estrellas que, de puro hermosa, dan ganas de llorar.

Ophelia, can I spend the night with you?”  En uno de esos versos que hunden casi tanto como el empapado vestido de la Ofelia shakesperiana, Matt  Costa suplica a su imposible objeto de deseo que le deje pasar con ella tan sólo unas horas. Aunque hay algo de asunción de la derrota en esa petición desesperada, aunque en el fondo hace tiempo perdimos la esperanza, y sabemos que Ofelia se hundió para siempre, eternamente hermosa en su ataúd de agua y flores, y ya no volverá. Vuelvo a darle al play, y me dejo llevar por ese tren que atraviesa campos de maíz, pensando en lo corto que se queda el californiano al calibrar la desesperanza: él se conformaría con que ella le concediera una prórroga al milagro, en la forma de una última noche;  escuchando esta canción, yo lo que quisiera es envejecer a su lado.

“Strangers crash into the night
This train’s headed for you babe
One last song plays on the radio
The sun burns the night away
In the morning I only wanna see your fear’s face

I’m not asking to keep you more or longer than you wanna stay
The night was like a deck of cards, you hit me with the ace of clubs
I’m placing all my bets begging you to deal some love

Ophelia come on

Rows and rows of corn grow high
Over the tall grass we could hide
Honest pages of an open book
We tangled up between the lines
That’s where you’ll find me, dying to fill your empty time

Ophelia come on

I’ll bring you gems from faraway lands
Or Italian leather shoes
You’re the finest thing I’ve ever seen
Like fire melts ice, it’s true
Ophelia, can I spend the night with you?

Ophelia come on”

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5 pensamientos en “Ophelia – Matt Costa

  1. Gracias por la canción, no la conocía.

    Tú ves la canción sencilla y pura. Yo las letras también las veo como entrega incondicional, que es lo que el amor auténtico es. La parte de las bets & begging es curiosa, porque no casa mucho con el resto, suena falso… Si está dispuesto a darle todo a la Ophelia (moribunda), si las cosas salen mal o no salen, pues poco va a ganar insistiendo.

    Afortunadamente no hay receta para que nadie quiera a otra persona. 🙂

    Gracias de nuevo!!

    • Gracias a tí por leer, imisswalking. Para todos los interesados que también lo hacen (e incluso pierden el tiempo con los comentarios), un pequeño huevo de pascua escondido en esta página: la descarga completamente legal y gratuita (tan sólo hay que dejar un e-mail) de un pequeño surtido de temas de Matt Costa, siete joyitas entre las que están esta “Ophelia”, la deliciosa “Mr. Pitiful” (que la famosa compañía de la manzanita usó para uno de sus saneados anuncios), y hasta el inédito “Georgie Boy”. El enlace de descarga, aquí:

      http://noisetrade.com/modal/popupdownload/9f51a302-8662-4f95-94ed-9fb2d008f617

  2. ¿Envejecer a su lado? Ay…con ofelia uno sólo sabe despedirse, desde el primer momento en que la ves, porque secretamente sabes que algo tan prodigioso no puede estar pasandote a ti.

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