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(DIEZ AÑOS DE THE SONGS WE LOVE: 1002 ENTRADAS, CANCIÓN Nº 987)

En 1998, cuando «This Is Hardcore» fue publicado, hubo inicialmente un cierto movimiento de resistencia por parte de la prensa británica -la que en mayor medida había contribuido a hinchar la etiqueta del dichoso «britpop» hasta límites más allá de lo razonable- a reconocer que aquel disco poco o nada tenía que ver con la eufórica reivindicación de la clase media que había supuesto «Different Class«. NME no dudaba en referirse a «Glory Days» como un himno urbano a la altura de «Common People«, Melody Maker establecía paralelismos entre «I’m A Man» y «Disco 2000«… Puede entenderse esa primera reacción: la fiesta había sido tan fastuosa que en el fondo nadie deseaba que terminara. No hasta que pasara un tiempo y el disco fuera convenientemente reposado se empezaría a entender un disco cuya grandiosidad no residía -no en esta ocasión- en himnos generacionales como los que había ofrecido su predecesor. Se calificó entonces «This Is Hardcore» como un disco oscuro y asfixiante, y si «Different Class» había sido encumbrado casi como el triunfo definitivo de la gente corriente sobre el sistema, entonces se generalizó -hasta convertirse en un nuevo cliché- la percepción de este álbum como el certificado de defunción del britpop.

Ni tanto ni tan calvo, en realidad: que el Jarvis Cocker que había compuesto «Different Class» era muy distinto al hombre que había firmado su continuador es algo más que evidente, y paradójicamente había sido la prensa musical de medio mundo la responsable. El éxito de aquel disco, vendido como el inesperado vencedor de un ficticio combate Oasis Vs. Blur, había puesto al siempre ocurrente y ácido Jarvis en la primera plana de todos los medios (en Reino Unido, no sólo los estricamente musicales) y había convertido en titular cada una de sus declaraciones, hasta hacerlo omnipresente. La polémica planeaba sobre cada una de sus declaraciones, el provocador envoltorio de «Sorted For E’s And Wizz» se convertía en una cuestión de estado, y cuando en la gala de los Brits el líder de Pulp invadió el escenario en el que un mesiánico Michael Jackson rodeado de niños interpretaba «Earth Song«, meneando el culo y mofándose del numerito montado por Jacko, el incidente enseguida se trasladó a las portadas como un intento de agresión al norteamericano: Jarvis Cocker era una mina, y la prensa no estaba dispuesta a perderse ni una sola pepita de oro.

«The Fear«, colocada justo al principio del disco de forma no casual, ya lo advertía:

«This is the sound of someone losing the plot / Making out that they’re okay when they’re not / You’re gonna like it / But not a lot«

No se trataba de un autosabotaje, ni de una marcha atrás: el Jarvis de 1998 no puede adoptar los modos del hombre que fue, sencillamente porque ya no es ese hombre, y aquel disco responde a la necesidad de replantearse quién es él, y quiénes eran -quiénes querían ser- Pulp en aquel momento. El descomunal éxito pueda arruinar una carrera y volverte un cretino: alguien tan inteligente como Jarvis Cocker lo sabía de sobra, y en el disco abundan las referencias a esta cuestión. Es por tanto, un disco autorreflexivo, introspectivo en cierto modo, en contraposición al retrato social que le había convertido en el hombre del momento; un álbum que pasa del retrato certero -y a veces despiadado- de la clase a la que él mismo había pertenecido hasta aquel momento, al retrato de un hombre que reniega de la fama que le estaba empezando a asfixiar. La colocación de las pistas de cierre tampoco es casual: a la algo fallida -sobre todo si la comparamos con su melliza «Cocaine Socialism«- «Glory Days» en la que parece arrojar una mirada sarcástica sobre los que se supone que deberían haber sido sus días de gloria, le sigue una «The Day After The Revolution» en la que de forma explícita se despide de Sheffield, del miedo, de la culpa, de las resacas (parece que en esos años Cocker no estuvo precisamente sobrio) y hasta de la ironía que le había convertido en toda una leyenda.

«(The rave is over) / Sheffield is over / The fear is over / Guilt is over / (Please leave the building quietly) / Bergerac is over / The hangover is over / Men are over / Women are over / Cholesterol is over / Tapers are over / Irony is over / Bye bye / Bye bye«

Y sin embargo, tampoco diría que es el disco de un hombre que ha descarrilado, el viejo clásico de cantante que triunfa y pasa de escribir sobre la vida en su pueblo a componer canciones sobre emborracharse en vacías habitaciones de hotel, y creo que es «Dishes» la canción que mejor explica la visión de su autor con respecto a ese momento.

«I am not Jesus though I have the same initials
I am the man who stays home and does the dishes
And how was your day?
Is that woman still trying to do your head in?
«

Esa imagen tan potente, la del hombre que elige quedarse en casa fregando los platos aunque tenga las mismas iniciales que Jesucristo, es el mejor retrato que puede encontrarse de Jarvis Cocker circa 1998: sabe -cómo negarlo- que se ha convertido en una estrella mundial del pop, pero al mismo tiempo que reniega de ello se presenta («I look like a big man / But I, I only got a little soul«) como un hombre al que el tiempo acabará convirtiendo («In the meantime we try / Try to forget that nothing lasts forever«) en uno más.

Cocker explicaba en una entrevista que concedió en enero de 1998 al periodista Michael Krugman, al respecto de «Dishes«:

«Se refiere a una conversación que tuve a las 4 de la madrugada con un amigo que me dijo que me aproximaba a la crisis del adulto de los 33 años, la edad a la que murió Jesucristo. Se supone que todos los hombres llegan a los 33 y miden sus éxitos con respecto a los de él, y lógicamente uno termina quedando en un honroso segundo lugar»

Jarvis ha contado en más de una ocasión cómo iba en bicicleta a la sala de ensayo cuando le vinieron a la cabeza las dos primeras líneas de la canción:

«Me hizo pensar que los logros visibles, como volverse famoso… tal vez a la vista del público eso es algo muy importante, pero las cosas domésticas más pequeñas y mundanas en cierto modo son más heroicas porque no se puede obtener ninguna gloria de ello. No recibiré un aplauso por lavar los platos. Honestamente, creo que me previne de tener una crisis de la mediana edad al escribir esa canción…«

«A man told me to beware of thirty-three
He said
«It was not an easy time for me»
But I’ll get through
Even though I’ve got no miracles to show you
«

Parece que hay algo aún peor que haber sido el líder de una banda que durante más de quince años persiguió el éxito, sin lograrlo: lograrlo sin haber entendido que el mundo no gira alrededor de uno. A Jarvis Cocker le hacía poca gracia la idea de que el paso del tiempo le acabara convirtiendo en Mick Jagger y sus eternos Rolling Stones, pero menos aún iba a permitir que la fama acaba haciendo con él lo que había hecho con Michael Jackson, embarcado por entonces en una misión divina de redención de la humanidad y sus pecados.

«I’d like to make this water wine
But it’s impossible
I’ve got to get these dishes dry
«

De modo que sí, tal vez, el sonido de alguien que ha perdido el hilo, pero también el sonido de alguien que tiene muy claro quién no quiere ser, y eso no es poco. Ni «Different Class» se convertiría en la forma de huir de la vida normal que antes retrataba, ni «This Is Hardcore» era el retrato de un hombre desde la soledad de la cumbre: «Dishes» es, ni más ni menos, la hermosísima (nunca fue un single, pero sí que es una de mis canciones favoritas de los de Sheffield) declaración de un hombre que ha renunciado a intentar alcanzar las estrellas, y que ha decidido que se conformará con (y de hecho, lograrlo sería un éxito) ser la mejor versión posible del hombre que puede llegar a ser.

«And I’m, I’m not worried that I will never touch the stars
‘Cause stars belong up in heaven
And the earth is where we are
Oh, yeah
And aren’t you happy just to be alive?
Anything’s possible
You’ve got no cross to bear tonight
No, not tonight
«

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7 pensamientos en “Dishes – Pulp

  1. Estupenda crónica de aquella época.
    Maravillosa entrada Sr. Helvética.
    Preciosa canción, también de mis preferidas.

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