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Pues después de unas cuantas escuchas -quizás no han sido las suficientes, o quizás se trata simplemente de una cuestión de pura incompetencia al hacerlo- creo que puedo decir que NO VEO POR NINGÚN LADO la maravilla que se supone que debería ver en el archipublicitado «Dawn FM» con el que The Weeknd ha dado el pistoletazo (qué duda cabe que ha sido él, si hay alguien que puede atribuirse hoy en día el título de «King of Pop«, es él) a la temporada musical de 2022. El caso es que ni con toda la atención que se merece el firmante de algunas de las canciones más chiflantes del pop reciente consigo evitar la sensación de que Abel Makkonen Tesfaye ha publicado su propio «Random Access Memories«, uno de esos discos venerados por legiones y que a mi me dejan una sensación un poco «está bien, pero sin más». ¡Hasta tiene su propio «Giorgio By Moroder«! Sólo que -lógicamente- él se arrima al productor de sus discos de cabecera («A Tale By Quincy«)… Las pistas de este álbum conceptual han sido diseñadas para gustar, qué duda cabe, pero mucho me temo que ni será este un disco del que estemos hablando en 2030, ni desde luego hay en él canciones que la vayan hacer más ultramillonario de lo que le ha hecho el cegador (y por lo que se ve, duradero) destello electrónico de «Blinding Lights«.

No tengo, de hecho, nada en contra de la apertura al mainstream del músico canadiense: me parece una chorrada contraponer la seductora oscuridad de «House of Balloons / Glass Table Girls» con el brillo luminoso de sus hits for the masses, como si ambos no pudieran coexistir, pero no dejo de percibir este álbum como un correcto ejercicio de másdelomismo, bien producido y ligado, con su truquitos, su falsete y su buena parte de relleno (y no me refiero precisamente a los interludios hablados por su famoso vecino Jim Carrey). Un -muy bien facturado- ejercicio de nostalgia con productores deluxe, ni más ni menos, que por momentos recuerda al «Outrun» de Kavinsky, por momentos a Daft Punk y muchos otros, pero que al final acaba sonando exactamente como el nuevo disco del mismo tipo con otro disfraz: de viejo en vez de cubrir su cara de tiritas. Pues vale.

Lo mejor, para el final: «Less Than Zero» sí ha acabado en mi carpeta de favoritas por esa buena conjunción entre melodía (sobre todo, las estrofas) y una producción que deja incluso sitio para las guitarras entre tanto sintetizador. Sabe algo más natural que el resto, lo que en un menú tan absolutamente precocinado, resulta de agradecer.

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