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Y termino esta tríada de (breves) recomendaciones estivales con esta canción que suena como un relámpago del disco de debut de la estadounidense Caroline Kingsbury, un festín para retromaníacos (otra vez los ochenta, qué le vamos a hacer) que se mueve como pez en el agua entre el synthwave que explicita su portada, Madonna, y un energético pop-rock de pelos cardados de ese que antes nos daba risa pero ahora nos gusta. El disco en conjunto (“Heaven’s Just A Flight“) es algo irregular quizá debido a la falta de tijera, sobre todo en su segunda mitad, pero separando el grano de la paja salen auténticos pepinazos dignos de salir en la banda sonora de “Top Gun”, cuanto menos. De fondo, la reivindicación como gay de la cantante de Los Ángeles y el lamento por el fallecimiento de su hermano: una mezcla tal vez poco habitual para un disco que suena a la heterodoxia de la mejor radiofórmula de aquella década, por lo visto inagotable.

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