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“Garton vio a Mellon y a Hagarty contoneándose cogidos de la cintura y soltando risitas como un par de chicas. Al principio pensó que, en verdad, eran dos chicas. Luego reconoció a Mellon, pues ya se lo habían señalado antes. Y en ese momento vio que Mellon se volvía a Hagarty… y que los dos se besaban por un instante.

-¡Voy a vomitar, macho! -exclamó Telaraña, asqueado.

Con él iban Chris Unwin y Steve Dubay. Cuando Telaraña señaló a Mellon, Steve Dubay creyó reconocer al otro marica; se llamaba Don Nosecuántos, dijo; había recogido en su coche a un chico de secundaria, sólo para tratar de meterle mano.

Mellon y Hagarty volvieron a caminar hacia los tres muchachos, alejándose del tiro al blanco, rumbo a la salida de la feria. Telaraña Garton diría más tarde a los oficiales Hughes y Conley que se había sentido “herido en su orgullo cívico” al ver que un marica de mierda llevaba un sombrero con la leyenda”I ♥ DERRY”. Era una ridiculez, ese sombrero de copa con su flor meneándose en todas direcciones. Y esa ridiculez, al parecer, hirió aún más el orgullo cívico de Telaraña.
Cuando pasaron Mellon y Hagarty, siempre abrazados por la cintura, Telaraña gritó:

-¡Tendría que hacerte tragar ese sombrero, asqueroso de mierda!

Mellon se volvió hacia Garton y respondió parpadeando con coquetería:

-Si tienes hambre, tesoro, puedo conseguirte algo mucho más sabroso que mi sombrero.

A estas alturas, Telaraña Garton decidió arreglarle el rostro al marica. En la geografía de esa cara se alzarían montañas y los continentes cambiarían de sitio. No iba a tolerar que nadie le acusara de hacer asquerosidades. Nadie.

Cuando echó a andar hacia Mellon, Hagarty, alarmado, trató de llevarse a su amigo, pero éste se mantuvo firme, sonriendo. Más tarde, Garton diría a los oficiales Hughes y Conley que Mellon debía de estar drogado. Sí, en efecto,reconocería Hagarty, al serle sugerida la idea por los oficiales Gardener y Reeves, se había drogado con dos bollos fritos untados de miel y con la feria. No había podido reconocer, por tanto, la amenaza real que representaba Telaraña Garton.

-Pero así era Adrian -dijo Don, limpiándose los ojos con un pañuelo de papel y estropeándose la sombra brillante de los párpados-. No sabía confundirse con el ambiente. Era uno de esos tontos convencidos de que todo iba a salir bien.

Mellon habría podido resultar seriamente herido si en ese momento Garton no hubiera sentido un golpecito en el codo. Era un bastón de goma. Al girar la cabeza, se encontró con el oficial Frank Machen, otro miembro de la policía de Derry.

-Tranquilo, compañerito -le dijo Machen- Métete en tus cosas, y deja a esas locas en paz. Que te diviertas.

– ¿No oyó lo que me dijo? -preguntó Garton, acalorado.

En ese momento, se le agregaron Unwin y Dubay, olfateando problemas. Trataron de que Garton siguiera caminando con ellos, pero él se los sacudió, y si hubieran insistido, los habría atacado a puñetazos. Su hombría acababa de sufrir un insulto que debía ser vengado. Nadie podía insinuar que él hiciera asquerosidades. Nadie.

-No creo que te hayan dicho nada malo -repuso Machen-. Y tu fuiste el primero en dirigirles la palabra. Anda, sigue caminando, hijo. No quiero tener que repetírtelo.

-¡Pero me ha tratado de maricón!

-¿Y te preocupa que sea cierto? -preguntó Machen, como si estuviera francamente interesado. Garton se violento y horriblemente rojo.

Durante ese diálogo, Hagarty trataba, con creciente desesperación, de alejar a Adrian Mellon de la escena. Por fin estaba convenciéndolo.-¡Adiós, cariño! -se despidió Adrian con descaro.

-Cierra el pico, culo dulce -le dijo Machen-. Vete de aquí.

Garton trató de abalanzarse contra Mellon, pero el oficial lo sujetó.

-Podría detenerte, amigo -advirtió-. Y no sería mala idea, si sigues portándote así.

-¡La próxima vez me la vas a pagar! -aulló Garton a la pareja que se marchaba, haciendo girar muchas cabezas en su dirección-. ¡Y si te veo con ese sombrero te voy a matar! ¡En esta ciudad no necesitamos maricas como tú!

Mellon, sin volverse, agitó los dedos de la mano izquierda -llevaba las uñas pintadas de rojo cereza- y se alejó contoneándose provocativamente. Garton volvió a lanzarse de cabeza.

-Una palabra o un movimiento más y te arresto -advirtió Machen suavemente-. Hablo en serio, hijo.

–Vamos, Telaraña -dijo Chris Unwin-. Tranquilo.

-¿A usted le gustan esos tipos? -preguntó Telaraña a Machen, ignorando por completo a Chris y a Steve-. Diga, ¿le gustan?

-Los margaritas no me preocupan -aseguró Machen-. Mi trabajo consiste en mantener la paz y la tranquilidad y tú estás perturbándolo, cara de pizza. Ahora bien, ¿quieres dar una vuelta conmigo o no?

–Vámonos, Telaraña -dijo Steve Dubay en voz baja. – Vamos a comer unos frankfurts.

Telaraña los siguió, arreglándose la camisa con movimientos exagerados y apartándose el pelo de los ojos. Machen, quien también prestó declaración a la mañana siguiente a la muerte de Adrian Mellon, dijo: Lo último que le oí decir cuando se alejaba con sus compañeros, fue: “La próxima vez me las va a pagar caro.”

 It, Stephen King.

 

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