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No se aburre, Matt Costa. El artista californiano que tanto me entusiasmó en 2013 no ha parado ni un solo momento, y últimamente hemos sido testigos de la publicación de hasta ¡5! EP’s en coordenadas sonoras bien distintas a la de aquel album que parecía bendecido por la inocencia, más la banda sonora de una película documental. Atrás quedaron, ay, el pop en technicolor y los arreglos de campanillas, y parece que el artista ahora anda más interesado en exprimir todo el jugo posible a las cuerdas de su guitarra, con un sonido muchísimo más austero y definitivamente más maduro. No me parece mal, que conste: soy de lo que piensan que el americano ha sido injustamente catalogado en nuestro país como un Jack Johnson de segunda fila, cuando no directamente ignorado, y tal vez estas canciones de hechuras más clásicas ayuden a que su capacidad para la composición sea valorada.

La serie (porque así es como el mismo artista lo ha planteado, como una secuencia de lanzamientos aunque bien poco tengan que ver el uno con el siguiente) la inauguró “Eucalyptus EP“, toda una sorpresa para los que deseábamos escuchar más himnos retro henchidos por el optmismo, porque en él Costa se abandonaba por completo a la calidez de la madera y la sutileza del más cristalino fingerpicking: bonito, como poco.

La segunda entrega daba un nuevo volantazo, esta vez hacia un rock más desarreglado, pero si he de decir la verdad, no recuerdo que nada en “Cat Mosta” me pareciera especialmente memorable. Bastante mejor me pareció en cambio “Neon Brain“, de algún modo un retorno al Costa más sofisticado, menos eufórico que en el comentado álbum homónimo, pero generoso en orquestaciones y armonías de ensueño. (De hecho, la preciosa “Balboa Park” contaría con todas las bendiciones, estoy seguro, de Stuart Murdoch). En lo que respecta al cuarto EP -este confieso que ni lo he escuchado, le tengo un poco de manía a los discos grabados en directo, qué le vamos a hacer- se titulaba “Live In London”  y ofrecía exactamente eso, la grabación en concierto de algunas de sus canciones con el atractivo extra de incluir tres composiciones inéditas: ya me comentaréis qué tal.

Vamos para terminar con”Anchor & The Albatross“, el que va a ser, por lo que parece, el último de esta larga serie de EP’s. Las cuatro canciones que contiene se apuntan a la línea más introspectiva arriba comentada, (al loro con los aires a Nick Drake que se da en “Grandfather Clock“, cello incluido), y la cosa resulta especialmente bonita en la canción folk que da título al volumen, una canción que según el artista trata sobre el paso del tiempo, y el modo que tiene este de enterrar en el olvido las cosas que un día nos importaron… De las de ponerse en casa con auriculares cuando todo el mundo se ha ido a dormir, y uno necesita que-al menos durante cuatro minutos- las cosas vayan más despacio.

 

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