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Turno ahora para hablar de un proyecto de dream-pop de esos que pasan absolutamente desapercibidos, a no ser, claro está, que por una feliz casualidad te de por escuchar sus canciones, en cuyo caso caerás rendido. La calidad de las contenidas en “Barrow” está fuera de toda duda, y no debe medirse por el número de escuchas que acumula en soundcloud, sino por su extraordinaria capacidad para transportarnos a lugares que sólo creíamos que existían en nuestra imaginación: en un campo tan trillado como el del pop ensoñador, sólo consiguen trascender los mejores, y el último disco de Cemeteries es justamente de esa clase.

Empecemos por el principio: Cemeteries es el alias artístico de un artista de Portland llamado Kyle J. Reigle, que lejos de ser un recién llegado a la palestra ya anda por su tercera referencia en largo. No he escuchado aún sus discos anteriores, pero es bastante probable que lo haga: “Barrow” es un disco fascinante, de esos en los que la alternancia de luz y oscuridad dibuja un fascinante juego de sombras en la superficie de las cosas. A veces de una melancolía enternecedora, en otras ocasiones temibles, las nueve canciones que componen el disco están por lo visto tan influidas por los recuerdos infantiles de su autor, como por los scores de John Carpenter, algo que sin duda se acaba trasladando al resultado.

El disco se publicó el pasado 28 de julio gracias al esfuerzo conjunto de las pequeñas disqueras Track & Field Records y Snowbeast Records, pero puede descargarse por el viejo sistema de “name your price“, o lo que viene a ser “descárgatelo gratis si después tu conciencia te deja dormir tranquilo”: os pongo el enlace a su bandcamp porque, creedme, la escucha vale la pena. Además, tiene toda la pinta de que pasará por aquí sin pena ni gloria, así que vamos a darle un pequeño repaso antes de que se esfume del todo y acabe creyendo que lo acabé soñando: se abre con un tranquilo ruido de aguas que da paso a “Procession“, un amanecer en calma no del todo exento de inquietud. No escucharemos la planeadora voz de Reigle hasta adentrarnos en “Nightjar“, pero tampoco nos adentraremos en  “Nightjar” hasta que arranque la sección rítimica: ahí está, justo ahí, la hermosa tensión que se mantendrá a lo largo del disco entre voces flotantes, sintetizadores brumosos y cajas de ritmos, y que tan buenos resultados da justamente en las dos pistas siguientes (“Luna(Moon Of Claiming)” y el sencillo “Can You Hear Them Sing?”). Una dupla tan buena no se repetirá hasta casi el final del disco (“Empty Arms” y “Sodus” son, sin lugar a dudas, las cimas emocionantes de un disco mucho mayor de lo que parece) pero el paisaje del trayecto bien vale la espera. La primera de las canciones referidas sube el pulso, sin llegar a desbocarse pero mostrando un vigor hasta el momento escondido. En cuanto a “Sodus“, la melodía circular en permanente ascenso que protagoniza su segunda parte ha demostrado ser una de las cosas más persistentes de las que he escuchado este año, un majestuoso loop con el que levantar la vista al cielo en estos días complicados en los que soñar despierto, qué os voy a contar, se está convirtiendo en algo tan difícil.

Un pensamiento en “Sodus – Cemeteries

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