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Rock americano 100 %, si bien es verdad que la música que firma Tim Showalter al frente de Strand Of Oaks -a estas alturas ya en su octavo álbum de estudio- se ha ido desprendiendo de la corteza y ahora deja más cerca del paladar una miga apetitosa y fácilmente digerible, apta para todos los públicos. «In Heaven«, que es como se llama el disco publicado este año por el ahora residente en Austin, adopta en bastantes de sus pistas una cierta gravedad relacionada con las circunstancias biográficas más recientes del músico (entre ellas, su abandono de la bebida o la muerte de suegra, en un accidente de tráfico acontecido a finales de 2018) pero no es difícil encontrar entre esas pistas himnos motivacionales llenos de esperanza: «I DON’T WANT TO DRAG YOU DOWN«, recita en «Galacticana«, la eficacísima carta de presentación del álbum.

Como en ocasiones anteriores, le acompañan en el envite algunos My Morning Jacket, con quienes tiene no pocos puntos de tangencia; también la guitarra de James Iha (Smashing Pumplkins) en «Easter«. En la siguiente «Hurry«, la americana se tiñe de psicodelia, con ecos de los Pink Floyd más flotantes, dando como resultado una de esas canciones-río llamadas a ser grandes; en «Horses At Night» se le va un pelín la mano y carga demasiado las tintas. Además, el equilibrio se ve equilibrado con las necesarias cuotas de clasicismo: «Somewhere In Chicago» y los violines de «Carbon» dejan entrever que, tal vez menor que antes, pero la filiación country sigue ahí.

Y vamos por fin con «Jimi & Stan«, una pista en la que Showalter se la juega a todo-o-nada, pero -doy por sentado que más de uno discrepará conmigo en este punto- le acaba saliendo bien. Parte de un planteamiento como poco «arriesgadito», el hipotético encuentro más allá de esta vida entre Jimi Hendrix y Stan, el gato muy querido por Showalter que también murió recientemente; pero en vez de ser una cosa ridícula -porque DEBERÍA ser ridícula- suena como el emocionante cruce entre la épica de unos Band Of Horses y unos sintetizadores robados a Adam Granduciel (The War On Drugs). A-já, estamos hablando de la típica canción sobre Hendrix y un gato saliendo por ahí de marcha, yendo a conciertos y contemplando las estrellas: compro.

Tim se embarulla un poco en su tramo final con unos bandazos innecesarios, en un álbum que hasta «Carbon» había sabido mantener el tono, pero ni aún así logra quitarse uno el buen sabor de boca, y la sensación de que el último de los trabajos publicados hasta el momento por Strand Of Oaks realmente podría gustar a muchos.

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