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-Vaya, vaya, bichito, adivina quién acaba de mancharse la camiseta nueva con helado de chocolate…

La cara angelical de Stephanie se ruborizó apenas una décimas de segundo después de que un rápido vistazo al sonriente Mickey Mouse al que apuntaba el dedo acusador de su madre bastara para verificar los daños. La niña iba a articular una débil excusa acerca de un codazo cuando la excitada interrupción de su hermano acudió en su rescate:

-¿Podremos ir luego papá y yo al Tornado mientras tú y Steph vais otra vez a Kangooland? Sólo una vez, porfa…

Gwen sonrío. La cara de su hijo cuando realmente deseaba algo con todas sus fuerzas le recordaba cada vez más al rostro de Jimmy el día que le había pedido que se casara con ella, y sintió algo así como un pinchazo de felicidad en el que se mezclaban la intensidad de aquel día espléndido, y el orgullo de lo que habían construido juntos durante tantos años.

-Primero tendremos que limpiar esa mancha de chocolate -sonrió profundamente, con la mirada llena de complicidad hacia su hijo mayor- y luego hablaremos de esa atracción, a ver si papá está de acuerd..

-SEÑORAS Y CABALLEROS, TOMEN ASIENTO -interrumpió la voz en off, y todo el mundo quedó como paralizado, por un instante- EL ESPECTÁCULO “DÍAS DEL SALVAJE OESTE” ESTÁ A PUNTO DE EMPEZAR

Todo es tan sumamente agradable y familiar en “A Billion Little Lights” (Mejor no traducirlo mentalmente al castellano, lo del “billón de lucecitas” resulta en algunos momentos dolorosamente cierto) que suena exactamente como en la escena que abre este post: como la música del descanso de un espectáculo familiar en un parque temático, incapaz de molestar a nadie, pero tan luminosa y bonita que resulta imposible no mover los pies.

Salvo del rato de absoluta inocuidad con el que he acompañado un rato de plancha dominical (no deja de ser curioso que un disco tan ambicioso en cuanto a los paisajes que pretende ofrecer al final suene exactamente a “agradable rato de plancha dominical”) los sintetizadores de “The Shining But Tropical“, uno de los poquitos momentos en los que ha pasado algo digno de mención. Suena con el brillo cromado de un Springsteen adaptado a los gustos de los votantes del Partido Republicano, una canción así no puede molestar -a mi tampoco- a nadie. “Oversharers Anonymous” tampoco está mal, pero haciendo un chiste malo con el nombre del grupo, me falta Wild y me sobra Pink. En Pitchfork le cascaron un 7,6… ay, no sé, no sé..

 

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