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Eran los años locos de aquello que se venía a llamar «Big Beat«, una etiqueta como tantas otras inventada en las islas británicas para acuñar el asalto masivo que se dio en las listas de éxitos a mediados de los noventa por parte de los creadores de música electrónica: Fatboy Slim, The Chemical Brothers, The Crystal Method y hasta The Prodigy, todos ellos bajo un amplio paraguas en el que cabían influencias de lo más variopintas: desde el punk hasta el techno, desde el pop hasta el acid-jazz.

Recuerdo con cariño lo muchísimo que nos gustaba a mi hermano D. y a mi esta canción de los Propellerheads, inmediatamente posterior a los quince minutos de gloria que les había proporcionado su anterior largo de 1998, de título «Decksandrumsandrockandroll«. Aquel era, sí, el disco de «History Repeating«, de «Spybreak» y de «Bang On!», todas ellas canciones con un pie puesto en la pista de baile y el otro en el pasado más retro, gracias al inteligente uso de samples con reminiscencias cinematográficas, cuando no directamente recuperaciones (véase el caso de Shirley Bassey) de viejas glorias del pasado.

El disco fue todo un exitazo, pero no sé si a Alex Gifford y Will White les entraron las prisas, y en el mismo año ya estaba publicando un EP de cuatro pistas con un título poco comercial: «Extended Play E.P.» y una curiosa advertencia en forma de adhesivo sobre la sosísima portada: «Notice: This Recording is not elegible for the singles chart«. A lo mejor fue por eso que el mundo no les hizo el caso que se merecía, pero al menos en lo que respecta la primera de esas canciones, la onomatopéyica «Crash!«, a mí me hizo disfrutar como un gorrino en un charco de barro.

Vamos con la pista: aquí el saqueo se lanzaba sobre la música surf y el rock de los cincuenta (no en vano su vídeo musical estaba protagonizado por un remedo de Elvis Presley) con paradas en alguna de sus secciones incluso en el swing. Un fabuloso batiburrillo que no dejaba estilo sin manosear y se entregaba al placer por la senda de la aceleración de lo que en realidad era un tema instrumental original del compositor Brian Fahey, datado en 1960 y de título «At the Sign of the Swingin’ Cymbal«, y que en las islas británicas era más bien conocido por la versión orientalizada que había creado Alan Freeman para dar sintonía al muy popular programa de radio «Pick Of The Pops«. El tema es tan pegadizo que en realidad el único trabajo que les quedó a Gifford y White fue meterle zapatilla, algo en lo cual el dúo había demostrado su valía: quedará para la posteridad como la divertida despedida de una pareja que dio mucho que hablar en su momento, y ahora ha quedado completamente olvidada. Porque sí, en 2003 el dúo dejó oficialmente de estar en activo, y de hecho los Propellerheads no llegaron a publicar un segundo largo, pero que tampoco nos den demasiada pena: sólo con los royalties que debieron rentarles las bandas sonoras de «Matrix», «Perdidos En El Espacio» (ahí les acompañan un montón de gente del gremio, como Apollo 440 o los ya mencionados Fatboy Slim y The Crystal Method), o la segunda entrega de Austin Powers, hay mucha gente que se ha comprado un casoplón con piscina.

2 pensamientos en “Crash! – Propellerheads

  1. El BIG BEAT era eso, BIG. Aunque quedó un poquito pasado de moda, al menos no tuvo el efecto del Breakbeat, que ahora es inaudible. Crash! era un pepinazo, pero era complicado de pinchar porque no había por donde cortarlo y los siete minutos A TOPE se hacían muy largos. Y meterle tijeretazo en medio como al Rockefeller Skank (que duraba cuatro) no era una opción.

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