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Cosas que NO son Eurovisión:

  • Eurovisión NO es tan importante: hay que ser un absoluto cretino para convertir el afamado festival es una cuestión de estado, por mucho que sea organizado por las televisiones públicas de la Unión Europea de Radiodifusión. Aunque es evidente que genera pasiones encendidas, y por mucho que en lo personal me alegre de que después de muchos años en los que el certamen parecía ser sólo defendido por frikis y gays, al fin sea tomado un poco más en serio, las filias y las fobias del personal no deberían rebasar los límites del sentido común: por muy grande que sea, no es más (ni menos) que un fabuloso y carísimo entretenimiento mundial. Llevemos al congreso el precio de la gasolina y la electricidad, las macrogranjas sí, las macrogranjas no, pero no convirtamos lo que es circo en política, y lo que es política en un circo. Como muy bien apunta Héctor G. Barnés en este acertadísimo artículo: si todo es política, entonces nada es política.
  • NO, Eurovisión NO es un festival al que sólo se puedan mandar canciones para frikis o la parroquia LGTBI. Agradezco (muchísimo, y lo digo sin la menor ironía) tanto a unos como a otros la resistencia que mostraron en los años mas complicados del certamen, apoyando y asegurando la superviviencia de un evento que parecía tocado y abocado al hundimiento y que en lo personal adoro desde mi niñez. Y he aquí que de unos años a esta parte, los cascos de vikingo y las llamaradas y las divas a tope de ventilador dan la alternativa a otras canciones que sólo pueden ser tomadas muy en serio y que para nada responden al estereotipo (véase Raphael Gualazzi o Salvador Sobral). Creo que es bueno que tanto unas como otras sigan teniendo cabida en un festival que a lo largo de su historia ha acogido canciones que son auténticos himnos universales (y ojo, que no me estoy refiriendo necesariamente a las que al final resultan ganadoras), pero también creo que el día que desaparezcan de Eurovisión los excesos y el despiporre, ese día el festival habrá perdido su alma, la de un evento anual francamente divertido con el que millones de personas nos lo pasamos pipa.
  • Eurovisión NO es (sólo) un certamen de canciones. Me enternece imaginar a todos esos defensores de «la canción, y nada más que la canción» reunidos en familia en torno a la radio de madera, entornando los ojos y dejándose llevar por las melodías que escupe el viejo receptor. Oiga, que esto es televisión: importan las canciones, pero por supuesto que influye el modo en el que las mismas son defendidas ante la audiencia mundial. El certamen lleva emitiéndose desde 1956, y puede presumir de haberse convertido en el programa de televisión más antiguo que aún se transmite en el mundo. EURO-VISIÓN: hace ya mucho, mucho tiempo que esto no va sólo de sonidos, y negarlo es de una ingenuidad que resulta cuanto menos sorprendente a estas alturas del siglo XXI.
  • Eurovisión NO es una lid de estrategia geopolítica. Qué duda cabe que ya hasta resulta risible (a veces puede resultar un poco irritante, es verdad) ver como año tras año se repiten algunas votaciones más basadas en la buena vecindad o el peso del televoto de la población inmigrante de los respectivos países que en lo que en teoría se está evaluando, que es la calidad de las propuestas. Y sin embargo, la realidad es bien tozuda: por mucho que los 12 puntos de Chipre sean para Grecia, y los 12 puntos de Grecia sean para Chipre (¡ay, qué rápido nos hemos olvidado de lo fácil que nos resultaba a nosotros hace unos años pescarlos en el caladero luso!), al final las canciones que se alzan con la victoria son aquellas que, por un motivo u otro, se han convertido en las favoritas de público y jurado.
  • Eurovisión NO es Woodstock ni un certamen de cantautores: por el amor de Dios, dejad que nos divirtamos un poco. Vale que si además de llevar una buena canción al certamen, llevas un mensaje potente, miel sobre hojuelas, pero qué aburrimiento todos esos indignados que se enfurecen con la decisión de dejar fuera del festival tal o cual canción, porque con ellos perdemos la oportunidad de lanzar al mundo El Puto Mensaje Nacional. Para empezar, la inmensa mayoría de los televidentes no van a tener ni repajolera idea de lo que les estamos cantando en un idioma minoritario en Europa como es el nuestro, y para continuar, los hechos son aplastantes: a veces ganan canciones con mensaje, y otras ganan canciones que son auténticas chorradas o que están cantadas en ucraniano. Más aún: ¿en qué momento nos convertimos en el faro intelectual de nadie y nos comprometimos con la sagrada misión de cambiar el devenir de nuestro continente, colando nuestros importantísimos mensajes en un espectáculo televisivo? Así que un poquito de modestia no nos vendría mal, y a lo mejor podemos empezar por intentar mandar una melodía que la gente sea capaz de recordar cinco minutos después de haber pasado por el escenario. Y si después de todo esto aún nos quedan ganas de cantautores, y proclamas universales que ensanchen nuestra alma, pues oye, siempre hay alternativas.

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