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Seymour Stein: A los 16 años trabajaba en Billboard, a los 24 cofundó junto a Richard Gottehrer el sello Sire Records, y tan sólo nueve años después de aquello estaba firmando contratos con The Ramones y Talking Heads, a los que seguirían (entre otros) The Pretenders, The Replacements, Depeche Mode, The Smiths, The Cure, Ice-T, The Undertones, Echo & the Bunnymen y una tal Madonna. A los 34 años entró a formar parte del equipo ejecutivo de Warner Bros. Records, compañía de la que se convertiría en vicepresidente hasta su jubilación en 2018. Ahí es nada.

«Seymour Stein«: También es una composición de Stevie Jackson, guitarrista de Belle & Sebastian, inspirada en parte en el (bastante surrealista) encuentro real entre el magnate discográfico y la banda de Glasgow, pero sobre todo -así queda recogido en «Belle And Sebastian, Una Historia de Rock Moderna», el libro de Paul Whitelaw- una canción «acerca de esos momentos en los que deseas algo y lo consigues, aunque pierdes algo por el camino«. Y aclara además en aquellas páginas el músico -quien prestó su voz al tema- una canción compuesta en un momento en el que «acababa de romper con mi novia. Tenía un contrato con una discográfica y todos mis sueños se habían hecho realidad, pero todo me daba lo mismo porque mi chica se había ido».

Es el ex-bajista Stuart David quien narra con mayor detalle en sus memorias («In The All-Night Cafe«) el encuentro entre un grupo con un éxito aún bastante reciente, y el glamuroso y millonario mundo en el que se desenvolvía Seymour Stein. De acuerdo con su relato, fue Mark Jones (jefe del sello Jeepster) quien tuvo la idea de buscar un sello americano para propulsar el segundo álbum de los escoceses más allá de la rendida parroquia que los adoraba, además de contribuir en los costes de la grabación del que en el futuro sería «If You Are Feeling Sinister«. El pequeño sello con sede en Londres no contaba con muchos medios, a pesar de haber prometido el oro y el moro a los escoceses para convencerles de que ficharan con ellos, y el reparto de los gastos con una discográfica que además impulsara las ventas en el nuevo continente parecía una idea impecable. Aprovechando el revuelo generado por el lanzamiento de «Tigermilk«con Electric Honey, Jones organizó una cita entre la banda y el hombre que, a fin de cuentas, había exportado un producto tan british como The Smiths a tierras norteamericanas, intuyendo quizás el potencial -tampoco se equivocaba tanto, como el tiempo se empeñaría en acabar demostrando- de Murdoch y los suyos.

La reunión tendría lugar en el lujoso hotel One Devonshire Gardens, el lugar donde estrellas de la talla de Michael Jackson o U2 se alojaban en sus visitas a tierras escocesas con ocasión de un concierto, con su reputado restaurante de cinco estrellas y su flamante colección de pinturas y antigüedades adornando las habitaciones y el pasillo. Mark Jones había acordado reunirse allí con los cinco miembros del grupo (Stevie Jackson no pudo acudir a la cita porque todavía estaba trabajando), y tal y como lo cuenta David en sus memorias, los músicos se plantaron en el jardín del refinado establecimiento gritando: ‘¡Jonesy!’ hasta que el rostro avergonzado de Mark Jones apareció por encima del alféizar de la ventana. Un portero apareció haciendo amago de expulsarles de allí, pero un segundo después estaba el jefe de Jeepster en la puerta balbuciendo explicaciones y aclarando que aquellos alborotadores en realidad tenían una cita en el hotel.

Seymour Stein estaba sentado en el ventanal del salón, no mucho más grande que una sala de estar de tamaño normal, pero milimétricamente diseñado para transmitir la exclusividad del establecimiento, algo que incomodó terriblemente a aquellos jóvenes habituados a las estrecheces de sus pisos compartidos Los otros huéspedes del hotel, esparcidos por la habitación, se quedaron mirando. Se detuvieron las conversaciones, bajaron las copas de vino, los jóvenes se vieron de pronto convertidos en el centro de atención. En los términos que Stuart David emplea en sus memorias, haciendo más ruido que cualquier otra persona de las que ocupaban la sala, burlándose de Mark por toda aquella opulencia, y expresando su incredulidad por encontrarse entre tanta gente distinguida. Pero lo que realmente atrajo las miradas de la mayoría de las personas que allí estaban era el abrigo de Chris, y cuando el grupo se sentó a la mesa de Seymour Stein, el propio Seymour no podía apartar los ojos de él. El abrigo en cuestión era de piel sintética, largo y marrón oscuro, un original de la década de 1970 -y probablemente, de mujer- que Chris combinaba con unos pantalones vaqueros.


—Sabes —le dijo Seymour a Chris—, me recuerdas a Johnny Marr con esa cosa. Ése es el tipo de abrigo que solía llevar Johnny.


Chris comenzó a reír incontrolablemente, más halagado que otra cosa, pero no respondió, por lo que Stuart se apresuró a tomar la palabra y comenzó a hablar con Stein, alguien que a ojos de David presentaba (gordo, ojeras acusadas, voz aguda y perezosa) el exacto aspecto de emperador romano libertino que su puesto de mandamás requería. Cuando pareció que la situación llegaba a un punto muerto un tanto incómodo para todos, fue el propio directivo quien sugirió que se trasladaran al local de ensayo que el grupo tenía en la casa parroquial, no lejos de allí, para poder escucharles interpretar un par de canciones. Aquello no estaba previsto, pero antes de que nadie tuviera tiempo de reaccionar, el grupo ya se encaminaba por Hyndland Road bajo el sol, para alivio del portero y del resto de los huéspedes del hotel.

A Stuart no le hacía ninguna gracia lo de tocar sin la banda al completo; comenzó diciendo que no podía hacerlo. Pero Mark insistió para que interpretara para Stein aunque fuera ‘solo un par de canciones’, en clave acústica, ya que aquel había tenido la deferencia de volar desde San Francisco para reunirse con ellos, y de hecho no iba a poder quedarse para la actuación que haría el grupo en la fiesta de lanzamiento, a la noche siguiente. El grupo había pensado en todo momento que la idea era ir a cenar con Seymour (nadie había hecho mención en ningún momento a tocar para él) pero finalmente Stuart cedió a la presión y fue a buscar su guitarra acústica: Tocó ‘The State I’m In‘ y ‘She’s Losing It‘, de espaldas a las tres altas ventanas, y claramente incómodo. Pero David lo recuerda como una buena actuación, y después de la segunda canción, Seymour dijo emocionado:


«Me habéis convencido. Vamos a cenar.’

Llamaron a algunos taxis para que les llevaran a un restaurante donde Mark ya había reservado una mesa, un sitio enorme con un techo abovedado en el que -por supuesto- ninguno de los miembros del grupo había estado nunca. Les sentaron en una mesa larga justo en el medio de una de las salas, tan larga que era imposible hablar con la gente del otro extremo, y debido a lo numeroso del grupo, Seymour comenzó a pedir todos y cada unos de los platos del menú, disponiendo que iría todo al centro de la mesa y así todo el mundo podría compartir y probar lo que quisiera. La cantidad de comida que finalmente llegó, por supuesto, fue disparatada. Tal y como lo recuerda David, era exactamente como estar en el tipo de banquete romano que la aparición de Seymour -solo le faltaba la corona de laurel- había evocado en los jóvenes, y el mensaje que transmitía todo aquello era tan claro como contundente: si firmaban con él, esta sería la clase de vida que les esperaba. Cuando llegó el final de la cena y Seymour Stein pidió la cuenta, Stuart David no pudo evitar ver la factura: era algo así como el doble de sus ingresos mensuales.

A partir de aquí, la leyenda. La versión romántica es que después de la larga velada y de tanta comida, el grupo necesitaba un poco de aire fresco y una buena dosis de la realidad de las calles de Glasgow. Caminaron a casa juntos, sumidos en una especie de aturdimiento, haciendo todo lo posible para convertirse otra vez en las personas que siempre habían sido, intuyendo que existía un acuerdo tácito entre todos de que aquello que les habían ofrecido no era el tipo de vida que querían vivir. De hecho, cuando años después «Seymour Stein» fue publicada (aparecería en 1998, en «The Boy With The Arab Strap«), mucha gente entendió la canción como un portazo a la gran industria discográfica, algo así como un «Váyase a a casa con sus millones, señor de la compañía discográfica, tenemos la ética indie y no necesitamos nada de todo eso «

La versión menos bonita dice que fue el propio Stein quien acabó por renunciar a fichar al grupo después de las trabas que estos ponían al ambicioso plan de giras previsto por el ejecutivo, principalmente debido al interés de Isobel Campbell y Chris Geddes en terminar sus estudios. Y aún dio su propia versión de los hechos el propio Seymour Stein, cuando fue preguntado muchos años después en una entrevista si conocía la canción a la que había dado nombre:

«¿Cómo podría no conocerla? Fue escrita sobre mí. Estoy muy feliz de que eligieran escribir una canción sobre mí. La historia detrás de la canción es que Belle y Sebastian eran una banda en la que yo realmente creía y quería firmar con ellos. Pero en ese momento yo estaba muy descontento con el lugar donde estaba. El mismo fin de semana que vi a Belle y Sebastian en Escocia, decidí que tenía que irme. Incluso si eso significaba que ya no estaría en el negocio de la música, tenía que alejarme, simplemente no podía soportar seguir trabajando allí. Afortunadamente eso no sucedió, pero le dije a la banda: «Me encantáis, creo que sois maravillosos, pero por razones personales, y solo por razones personales, no voy a contrataros en este momento, y estoy seguro que alguien firmará con vosotros muy rápidamente, antes de que me instale de nuevo en el negocio». Y eso es exactamente lo que pasó. Y escribieron esta canción sobre mí, sobre volar de Escocia a Estados Unidos. Es una buena canción, es una muy buena canción«

Y eso es todo. Con el tiempo, el grupo acabó siendo distribuido en EEUU por Matador, y -qué cosas- el disco que acabaron publicando les hizo más famosos en el mundo de lo que nadie podría haber imaginado. Y sí, Seymour Stein volvió volando a los EEUU en un bonito día para volar, convertido sin querer en el telón de fondo de una hermosísima canción sobre ganar el mundo y perder tu alma, o conseguir lo que quieres pero perder algo en el camino. O como decía Stevie «Ahí está el chico de la discográfica con todas sus promesas. Vale, pero ¿puedes hacer que recupere a mi chica?«

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