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El carrito pasaba y el hombre gritaba: ¡Helados! / El 21 del mes ya se nos había acabado el dinero…

Publicada en 1972 e incluida en el quinto largo de los publicados por Lucio Battisti, “I Giardini Di Marzo” se convirtió de forma casi automática en uno de los sencillos más fructíferos de los producidos por la asociación entre el músico romano y el poeta y letrista Giulio “Mogol” Rapetti. La canción es una hermosísima recreación de la Italia de la posguerra en la que había transcurrido la infancia de los amigos, a partir de certeras imágenes cargadas de nostalgia, a la que se contrapone la voz presente del hombre que un día fue aquel niño (“¿Qué año es, qué día es, este es el momento de vivir contigo?“). La mirada va y vuelve, desde el presente hacia aquellos años de escasez y penurias en un país que despertaba entre ruinas (“Recuerdo el lugar exacto por donde pasaba un carrito donde podíamos comprar cortes de helados con dos galletas por 10 liras -aclaraba Mogol- pero cuando se acercaba el fin de mes mi madre ya no me daba el dinero… la vida era difícil también para nuestros padres. La situación económica no era próspera“); a los primeros amores y los primeros fracasos, a la angustia debida al reconocimiento de la propia falta de valor, a la secreta humillación infligida por la más pura imposibilidad.

Hay una cosa que me encanta de esta canción, y es la forma en la que los arreglos musicales parecen reproducir de alguna forma ese salto entre planos temporales: Las 12 cuerdas que abren la pista suenan en las manos del guitarrista Massimo Luca como una mandolina en un clarísimo guiño al pasado, los arreglos orquestales (muy Morricone, aunque en realidad los firmaba Gian Piero Reverberi) que llegan con el estribillo tiñen de melancolía los recuerdos y los elevan en el aire, como si los trajeran ante nosotros; la entrada de la batería y esas guitarras casi prog-rock señalan en cambio al hombre de hoy que, a pesar de lo difícil que fue todo, sólo puede sonreírse. En el corazón se diluyen las barreras entre pasado y presente, en el simple transcurrir del tiempo se acaba curando todo. Los jardines de marzo se visten de nuevos colores, canta Battisti, y en el espectáculo de los nuevos enamorados el aire vuelve a llenarse de promesas.

Un pensamiento en “I Giardini Di Marzo – Lucio Battisti

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