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Parecerían una broma buenísima de Adult Swim si no fuera porque van muy en serio: todo está tan bien encajado en en esa fantasía synth-pop llamada «Peshekhod» («Peatón», en ruso), desde las pintas de sus autores a los títulos de los temas, que resulta muy difícil dilucidar dónde empieza el logradísimo y muy nostálgico ejercicio de estilo, dónde acaba el chiste y hasta dónde llega la genialidad. Porque entre esas catorce canciones planteadas de forma conceptual como el paseo de un moscovita enfrascado en sus pensamientos sobre la vida (eso dicen) hay, todo hay que decirlo, cosas muy disparatadas que no pueden ser más que tomadas a chufla, pero también auténticas virguerías de pop ochentero envueltas en cuidadísima estética perestroika cuyos logros van mucho más allá de la (inevitable) sonrisa.

Los sintetizadores marcan el discurso, por supuesto: los de «Changes» parecen mirar a pioneros (OMD, The Human League) en la cuestión de emocionar con máquinas hasta que en su tramo final la cosa se desmadra y parece más bien un homenaje a «Cortocircuito» (aquella película terrible del robot con sentimientos). «Pigeon» incluye ruidos de, efectivamente, palomas, y aquí los homenajeados son los incorregibles hermanos Mael (Sparks); el sonido de «Nature» parece decirnos que todo ha sido un teatro fabulosamente orquestado, y justo cuando estamos a punto de ponernos de pie y romper a aplaudir con cara de «hemos entendido la broma» llegan los arreglos (muy Tchaikvosky) de «Time» y luego la pista se acelera con ritmo marcial, y no sabemos si volver a sentarnos con ese gesto incómodo y mal disimulado de «no hemos pillado nada». ¿Demasiado bueno para ser un chiste, o demasiado irónico para poder tomarlo en serio? La hipnótica «House (With An Attic)» suena como el único intento de sonar como un grupo «de verdad», los aplausos que suenan al final de «Position» no aclaran nada, y uno acaba concluyendo que quizás sea en esa indefinición donde reside uno de los mayores encantos de este álbum.

Dos canciones más que notables: «Book» y «Telephone«. La primera es una maravillosa miniatura de pop caleidoscópico capaz de hacernos bailar con una desinhibición poco soviética (me da por cantar «Quiéreme Doctor» de nuestros Chico y Chica por encima, no digo más); la segunda una muy evocadora composición de poso arty e infalible estribillo. танцевать!

Un pensamiento en “Book – Dima Pantyushin & Sasha Lipsky

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