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Lo intentamos, preciosa. Lo intentamos y no funcionó, y creo que simplemente deberíamos dejar de martirizarnos por ello. Nadie tiene la culpa, o a lo mejor los dos la tenemos, pero darle vueltas no va a hacer que vuelva a funcionar. Es más, nos está haciendo daño, nos está convirtiendo en aquello en lo que dijimos que nunca nos convertiríamos. Nos lo debemos, nos lo prometimos ¿te acuerdas?

Mira, creo que los dos podemos verlo, sé que tú también puedes sentirlo. Yo te necesitaba, tú me necesitabas, y en aquel momento bastaba, y pensábamos que duraría para siempre. Hicimos planes, algunos salieron bien, otros no tanto, pero tú y yo creíamos que podríamos con todo. Aquel día en Santa Mónica ¿te acuerdas de lo que te dije? Tu siempre hacías así con la mano cuando te lo recordaba, era tu forma de decir que no querías empezar otra vez la misma discusión, y simplemente lo dejábamos estar, como un obstáculo al que dejas rodas colina abajo, como si al desaparecer de nuestra vista hubiera dejado de existir. Pero tú y yo sabíamos que eso seguía ahí, y nos aferrábamos con fuerza a todas las otras cosas que nos mantenían unidos, y no nos mirábamos entonces a los ojos porque los dos teníamos miedo de descubrir un relámpago de miedo detrás de la mirada. Los dos, no sólo yo, también tú apartabas las vista y hacías como que en ese momento había algo que te interesaba, clavabas los ojos en la autopista o la playa o lo que fuera y cuando el silencio se volvía demasiado denso, de pronto volvías a sacar un tema del que habíamos hablado un rato antes, solo porque no encontrábamos un salvavidas mejor a la vista, y repetíamos otra vez las mismas frases, como si hubiéramos rebobinado atrás en el tiempo y de verdad creyéramos que la segunda vez acabaría mejor. A los dos se nos daba bastante bien fingir, supongo: teníamos tantas ganas de que funcionara que estábamos dispuestos a creer que de verdad estaba funcionando.

No voy a ponerme dramático, ya sabes cómo soy. Sabes que odio estas cosas, así que no esperes que me comporte ahora como el hombre que no soy, y vamos a dejar que esto se acabe ahora, porque en realidad hace mucho que se acabó. Dame la mano, di algo. Puedes decir que no ves las cosas como las veo yo, pero te conozco y sé que eres demasiado lista como para dejar que una nueva mentira nos atrape. Pero no te quedes callada, joder, di algo, no te quedes mirándome como si fueras un extraterrestre que no sabe de qué están hablando. Hagámonos un último favor y acabemos con esta historia. Cada uno por su lado, preciosa, y no pasa nada… No me mires así, por favor. No lo hagamos más difícil, ya es bastante difícil ¿no crees? Dame la mano, deja que te vea la cara, aunque solo sea por todo lo bueno que hemos vivido juntos. Hazlo por nosotros, si es que eso todavía significa algo, porque de verdad creo que nos merecemos algo mejor que esto…

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