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Ni una sola de las canciones contenidas en «Shore«, el último trabajo de los hasta ahora publicados por Fleet Foxes, me alcanza del modo en que lo hacen las canciones de preciosísisisisisimo disco que ha publicado este cuarteto de Massachusetts llamado Darlingside. La comparación entre unos y otros es tan inevitable que compensa sacudírsela de encima en el primer párrafo, pero ojo que tengo que reconocer que pese a lo entusiasmado que estuve en su día con el folk pastoral de la patrulla zorro, en estos últimos discos que han sacado me resulta a veces inevitable una cierta sensación de aburrimiento: todo es muy bonito y adquiere en sus voces una cualidad casi sacra, pero es como si estuvieran tan de vuelta de todo (son muy buenos, y no hacemos más que repetírselo) que les importara un bledo lo de firmar a estas alturas una melodía digna de ser silbada. Con «Fish Pond Fish«, en cambio recupero esa sensación de magia perdida: lo que en realidad es complicado (y hasta barroco) se presenta ante nuestros maravillados oídos con una naturalidad apabullante y nos hinca de rodillas cual Stendhal, sobrepasado por tanta belleza.

Hablaba Fernando Neira en la reseña que publicaba su RECOMENDABILÍSIMO, CASI OBLIGATORIO «Un Disco Al Día» de las increíbles cualidades escapistas de este disco: «Un paréntesis colosal en el que el ruido, la ira y las incertidumbres pierden la voz en beneficio de argumentos como la astronomía, la botánica, la meteorología o, ya puestos, los paisajes ornitológicos«. No se puede decir mejor: qué bálsamo tan perfecto para estos tiempos de confinamiento, un disco que es como atravesar un bosque en los primeros días de otoño. La luz excita las hojas de los hayedos que empiezan a rojear, el mismo aire en el que los minutos han quedados suspendidos (El verso repetido «Everything’s golden / Everything’s golden» de «Cristal Caving» se lee como un aviso de los prodigios por suceder) se tiñe de un hermoso color dorado. La vibración intrincada de «Ocean Bed» me recuerda a la de esa increíble «Under The Olive Trees» que me embrujó en 2014, «February / Stars» llega a nosotros como el eco de un tiempo olvidado (y, como muy bien apunta Neira, hasta fleetfoxea en su estructura en dos partes), «Mountain +Sea» maravilla con sus exquisitos arreglos de cuerdas y una melodía digna del mejor Sufjan Stevens, los cristalinos arpegios de «See You Change» son de lagrimilla, y para cuando el disco se cierra con «A Light On In The Dark«, sólo tienes ganas de volver de dar la vuelta y volver a entrar en ese lugar. Mágico, bonito, milagroso, Crosby, Stills, Nash, Young, Simon, Garfunkel, Sufjan, Vernon («Green + Evergreen«) y sí, también Pecknold: todo (tan bonito que abruma, aviso) a la vez.

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