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..Y de una canción en la que el profesor seduce con fines lúbricos a su inocente alumna, a otra en la que ocurre justo lo contrario: es el joven alumno de aviesas intenciones quien se propone emparejarse con su profesora (se llama Brenda y tiene un Mustang Rojo) de inglés: la cantaban Los Nikis y se titulaba “Yes, I do“.

Las cosas como son: ni “La Hormigonera Asesina” es el mejor disco de los de Algete (lo es “Marines Al Sol“, por supuesto), ni los temas más flojos de aquel tercer largo de Los Nikis quedan demasiado lejos de posteriores intentos de rock graciosete mucho peor ponderados (siempre pensé que lo de “La Fiesta Medieval” era más propio de ¡horror! Los Inhumanos, que de ellos). Digamos que con Los Nikis existe una cierta corriente de simpatía, que no puedo evitar compartir, bastante indulgente con los peores momentos de la banda madrileña, y eso que las cosas habían perdido algo de frescura a la altura de 1989. Las razones para tanta manga ancha, claro está, no hay que buscarlas demasiado lejos: el cuarteto también es firmante de algunas de las canciones más fabulosas de la historia del punk-pop español, y por supuesto de aquel cajón de sastre llamado “la movida madrileña”. Mucho más allá de la archiconocida “El Imperio Contraataca” y las veneradísimas (sobre todo por su legión de fieles, aún en activo) “Ernesto“, “Enrique El Ultrasur“, “Diez Años en Sing-Sing” o “Por el Interés Te Quiero Andrés“, etc,  los madrileños rebosaban mala baba, gracia y un saludable sentido de la diversión que les hizo dignísimos merecedores del título de (vaya, hombre estaba tratando de evitar el tópico, y he pinchado tan sólo en el segundo párrafo) “los Ramones de Algete”. Más aún, a Los Nikis no se les ha reconocido suficientemente lo buenos que eran en mantener la ambigüedad frente de determinados temas (no en vano, durante mucho tiempo mucha gente les ha tomado por un “grupo facha”, ahí es nada), de forma que en muchas canciones resulta imposible dilucidar si se trata de caricatura y ensalzamiento, de loa o de burla. Ojo que tiene su mérito: hoy en día no sólo serían acusados de fachas, sino que además serían tildados a la vez de izquierdosos, y de equidistantes. Respeto.

Yes, I do” es, dicho sea de paso, una de las mejores muestras de la filiación entre nuestros Nikis y la banda neoyorquina con la que no dejaron de compararles. Una pieza de vitaminado surf-rock que demuestra que, cuando son buenas, pocas ideas bastan. La primera de ellas, sin lugar a dudas, lo bien que funciona esa simple frase tan conocida por los hispanoparlantes que a duras penas conseguían hacer progresos en la lengua de Shakespeare (en un sistema educativo en el que los profesores de inglés se solían llamar Don Adolfo o Sor MariCarmen) sobre el poderoso riff del estribillo; la segunda reforzar la oposición entre Brenda, la profesora maciza, y James, el sustituto de Edimburgo, asignando a cada uno de ellos una idéntica estructura estrofa-estribillo / estrofa-estribillo. Y ya está, no hay más: tan simple como eso, y funciona. Una subidita de tono justo al final, cargada de nostalgia, para poner broche de oro a un misil no tan recordado como se merece.

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