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Llovizna y tenemos que estar, un día más, metidos en casa. Se está quedando una tarde perfecta para “Forever Autumn“, la canción que Justin Hayward aportó a ese artefacto curioso que es la versión musical (la cosa va de prog-rock, aviso) de “La Guerra De Los Mundos” que se publicó en 1978 ¿Hay gente que no conozca la historia? Vamos por partes, entonces.

La canción, escrita por Jeff Wayne (suyo es el nombre escrito con letras más grandes en la historia de este disco, ya lo veremos más adelante), Gary Osborne y Paul Vigrass, nació por lo que se ve de una melodía compuesta en 1969 por el primero, inicialmente para un anuncio de Lego, e interpretada para tal fin por el dúo Viagrass & Osborne. El caso es que le vieron posibilidades al tema, y con tan solo añadir una letra a la bonita melodía, armaron la canción que en 1972 se publicaría, ya bajo el título de “Forever Autumn“, dentro de “Queues“, el primer largo del dúo.

Aquella primera versión tuvo un éxito moderado, pero sería la versión cantada por Hayward en 1978  la que alcanzaría un impacto mucho mayor: tras percatarse de que quería incluir una canción de amor que sonara como “Forever Autumn” dentro de la compleja estructura de su ambicioso proyecto para “La Guerra De Los Mundos”, Wayne acabó llegando a la conclusión de que lo más sencillo era volver a grabar aquella canción, esta vez contando con las contrastadas cualidades vocales (la voz del cantante de The Moody Blues era bien conocida por el público, después del exitazo de la célebre “Nights In White Satin“) de Justin Hayward. La canción se grabó en los Advision Studios londinenses, y Wayne quedó tan contento con el resultado, que la pista de hecho se convertiría en el primer sencillo del posterior doble álbum.

Vamos a aclarar esto un poco, que igual lo suyo hubiera sido empezar por ahí: “Jeff Wayne´s Musical Version of The War of the World” es, tal y como anuncia su largo título, un doble álbum conceptual en el que se alternan partes habladas y partes musicadas para adaptar el celebérrimo guión radiofónico de H. G. Wells, todo un clásico de la ciencia ficción; y su principal artífice es el productor norteamericano Jeff Wayne, hasta entonces un compositor de jingles comerciales, productor musical para otros artistas y compositor de musicales, no demasiado conocido para el gran público. Todo eso cambiaría con el éxito internacional (sobre todo en Reino Unido) de este, su más ambicioso proyecto, hasta el punto de que gran parte de su obra posterior girará en torno a aquel trabajo: desde el álbum recopilatorio “Highlights from Jeff Wayne’s Musical Version of The War of the Worlds (1981), hasta “Jeff Wayne’s Musical Version of The War of the Worlds – The New Generation” (Oh, sí, es exactamente lo que parece: una relectura en 2012 contando con Liam Neeson en el papel de narrador que originalmente había hecho Richard Burton, y la participación de Gary Barlow, Josss Stone o Ricky Wilson – Kaiser Chiefs- para las partes cantadas), pasando por el -fallido- intento de reverdecer laureles con “Jeff Wayne’s Musical Version of  Spartacus (1992) o la versión que acompañaba al (¡también!) videjuego de “Jeff Wayne’s Musical Version of The War of the Worlds. Lo que se dice un hombre de ideas firmes: digamos en su favor que además de todo lo anterior, el productor por lo visto juega tan bien al tenis que a punto estuvo de convertirse en jugador profesional.

Muchas razones explican el exitazo del álbum en el momento de su publicación: no sólo se partía de un material de origen de indudable calidad, sino que que además se grabó con un elenco espectacular (tanto en lo que se refiere a las partes habladas como al pedigree de los músicos intervinientes) y contaba además con adelantos tecnológicos musicales de la época, como sintetizadores Roland y Yamaha, que aportaban un sonido futurista muy ad-hoc, más cerca de la ELO que de YES, para que nos entendamos. Pese a lo ambicioso de la propuesta y el contexto histórico en el que fue publicado, generoso en plomizas óperas-rock, no se cebaba en los interminables solos instrumentales ni renunciaba a entretener al oyente con efectos sonoros y un ritmo ágil en la narración. Pero los últimos años 80 y los 90, ya se sabe, no fueron especialmente generosos con el género, de forma que con el devenir de los años el disco perdió el favor del público alcanzando, por contra, un cierto status como “álbum de culto” que todavía ostenta. Yo me ahorro el rollo sinfónico, y me quedo con la delicadísima melodía de esta canción, por supuesto; y apuesto además a que Stuart Murdoch (pobre Stuart, menuda familla de copión le estoy endosando últimamente) le dio sus buenas escuchas antes de componer la maravillosa “I’m Waking Up To Us“…

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