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Mira que te gusta  “Come To Milton Keynes“, ¿eh, Stuart Murdoch? Vamos, que no pasa nada por admitir que te has estudiado el fantabuloso tema de The Style Council de pé a pá para fusilar los truquitos con los que luego escribes esas canciones despiporrantes que nos ponen el corazón a dar saltos dentro del pecho.

No es para menos: como sencillo, no alcanzó el lugar en las listas de éxitos que sí tuvieron “Walls Come Tumbling Down!” o “The Lodgers“, también contenidos en el deslumbrante “Our Favourite Shop“, pero en el corazón del que esto escribe, la canción pasa por ser una de las cosas más emocionantes de las jamás firmadas por el tándem Weller/Talbot. Puede que mucho de lo anterior tenga que ver, no lo niego, con el recuerdo de años universitarios que invoca el nombre de esta ciudad inglesa que tuvimos estudiar dentro de la asignatura de Urbanismo: es una de las llamadas “New Towns” o ciudades de nueva creación surgidas en los años 60, experimentos no exentos de una cierta ingenuidad (sólo perceptible desde la lógica perspectiva que aporta el tiempo, tampoco vamos a ir ahora de listillos) que trataban de aportar nuevas soluciones a la cuestión del desarrollo del tejido urbano. Como cabría esperar, el experimento tuvo sus aciertos- de proclamarlos a los cuatro vientos se encargó la correspondiente maquinaria propagandística, en este caso de la Milton Keynes Development Corporation (MKDC)- y sus errores (me temo que lo de contar con el record Guiness al centro comercial más largo del mundo habrá que incluirlo aquí), pero en cualquier caso supuso una oportunidad reseñable para responder a históricas preguntas, plantear nuevos interrogantes, y dar a los futuros estudiantes de la carrera de arquitectura un nuevo contenido en su plan de estudios.

La canción de The Style Council supone una visión sarcástica que se contrapone a esa publicidad que vendía a los ingleses la posibilidad de vivir en la ciudad del futuro, donde la buena arquitectura y el buen diseño urbano conducían, irremediablemente, a la más plena felicidad: la letra de la canción sugiere más bien una realidad de drogas y violencia que apenas pueden ocultar las cortinas de esas deliciosas casas. Y si lo de Milton Keynes era sólo una fachada de felicidad de cartón-piedra, al menos para alguien tan posicionado políticamente a la izquierda como Weller, lo que correspondía era hacer una canción que descorriera las cortinas y mostrara la sordidez de todos esos interiores británicos, mientras sonaba como un carrusel de fantasía.

Our nice new town where the curtains are drawn
Where hope is started and dreams can be borne
Let us share our insanity
Go mad together in Community
Boys on the corner looking for their supper
Boys ‘round the green looking for some slaughter

Como era de esperarse, la canción no se libró de la controversia. Paul Weller fue acusado de haberse dejado llevar por sus ideas y haber vertido toda esa bilis sin haber puesto nunca un pie en Milton Keynes, y por supuesto, los nuevos habitantes de la ciudad tampoco quedaron muy contentos con la crítica cuando el periódico local se hizo eco de ello en su portada.

Pensándolo bien, no sólo a Stuart Murdoch: sospecho que al mordaz Jarvis Cocker que retrató con pluma afilada el distrito londinense de Mile End en 1996, también le gusta mucho esta canción de The Style Council…

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