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¡Vuelve «Guilty Pleasures» a The Songs We Love! ¡Ya era hora, con lo saludable que es reconocer de vez en cuando las miserias propias! Vamos a hundir aún más la escasa credibilidad de esta bitácora (del tema de las visitas, mejor ni hablamos) con una entrada dedicada a una de los vicios más inconfesables de este servidor, esta prodigiosa canción del grupo infantil Parchís (No, no estás entendiendo mal: ESOS Parchís) contenida en «Corazón de Plomo«, su tercer disco. A ver como salvo la estampida generalizada antes de que acabe el primer párrafo: una canción compuesta por el afamado Juan Pardo ¿Ha servido para algo? ¿Queda alguien todavía ahí? ¿Hola..? Vamos, vamos, no seáis así, volved… Como dice la canción: «Dime por qué / no abandonas tus prejuicios y te entregas al amor«…

Vámonos a 1979. Concretamente, a un anuncio publicado por el sello discográfico Belter en el periódico La Vanguardia el 5 de julio de aquel año. Abajo, a la derecha:

Aquí empezó la leyenda

Oh, yes: ahí comenzó la leyenda. Y mucho me temo que no hay ni un ápice de exageración en el término: el grupo musical infantil más famoso de nuestra historia logró en sus primeros años de existencia cifras millonarias de ventas, así como un colosal éxito en giras internacionales y hasta el protagonismo en varias películas, hitos que en nada tienen que envidiar a  los de nuestros más exitosos artistas del panorama mainstream actual. En octubre de 1979 se presentaban en el programa «Aplauso» de TVE, y para la campaña de navidades de aquel mismo año, arrasaban en ventas con su primer álbum (un disco doble bien cargadito de versiones de los éxitos internacionales del momento, tampoco es que se comieran la cabeza). El furor desatado en torno a Tino, Yolanda, Gemma, David y Óscar y sus ropas de colores excedió los cálculos más optimistas de los productores del invento, y en tan sólo unos meses el huracán Parchís no sólo había dado lugar a multitud de sucedáneos y a una exitosa primera película, sino que había conseguido algo tan inverosímil como que el grupo fuera invitado a participar en la selección de la canción que representaría a España en el siguiente Festival de  Eurovisión.

Cosas mucho peores hemos llevado al eurocertamen, para qué vamos a engañarnos: a puntito estuvieron los Parchís de representar a España en Eurovisión con «Corazón de Plomo«, la canción que les había escrito Juan Pardo. Fueron derrotados -junto a Betty Missiego- por «Quédate esta Noche«, de Trigo Limpio, pero aquella composición del ex-Juan y Junior (la asociación ya había dado sus frutos anteriormente en «Twist Del Colegio«) serviría para dar título al segundo largo del grupo, publicado en 1981. (Por cierto, que en la portada de aquel disco ya no aparecía Óscar, quien había sido sustituido por Frank, pero a nadie pareció importarle demasiado el cambio: la ficha azul seguía siendo la ficha azul, y para cuando el grupo dio inicio a su primera gira por Hispanoamérica, todo el mundo allá dio por sentado que el recambio era parte de la formación original).

De aquel disco se extrajeron varios sencillos bastante exitosos, además de la pista titular: «Hola, Amigos» se convertiría en uno de los temás más conocidos del grupo, y por ahí andaban también su propia lectura del famosérrimo «Un Rayo De Sol» de Los Diablos, o incluso una versión del grupo rockabilly Matchbox. Pero ¡ay! el que esto escribe no puede sino reconocer su absoluta debilidad por  «Dime Por Qué«, la otra canción que les había compuesto Pardo, y que a mi juicio -supongo que en esto también voy a quedarme solo- pide a gritos una versión a cargo de un grupo lo suficientemente valiente como para atreverse a ello.

De acuerdo, admito muchas de las objeciones: ni resulta sencillo aislar el tema del casposillo (y controvertido, como se vería años después) fenómeno Parchís, ni resultan muy creíbles esas voces de pito acercándose a la temática amorosa adulta, y sin embargo, qué fabulosa me parece la administración del tempo en esta canción, la forma en que la saltarina melodía de las estrofas se precipita en un estribillo que es como un torrente de inapelable pop. A más de uno le va a parecer una exageración, pero estoy convencido de que si esta canción hubiera conocido una versión más adulta, hoy estaríamos hablando de un clásico escondido (y puede que hasta reivindicado) de la historia del pop en nuestro país. Y con esto, supongo, me despido de la mayoría de mis muy queridos y escasos lectores: lo que tenéis que aguantarme, ya teneís mérito…

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