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Asisto en la Filmoteca de Navarra a la proyección de “Northern Soul” (2104), la película dirigida por Elaine Constantine que retrata el apogeo del género del mismo nombre a mediados/finales de los años 70 en Reino Unido, muy especialmente el norte de Inglaterra. La proyección se enmarca dentro de las actividades previstas por el tercer Beltza Weekend pamplonés, organizado por la asociación Gautxoriak Soul Club, y para mi sorpresa el evento cuenta con una asistencia más alta de lo que uno esperaba encontrar (Me imagino que para la proyección de la más conocida The Commitments, también programada, el éxito de público sería aún mayor, pero a esa no pude asistir por cuestiones de agenda).

Había leído bastante sobre la película y recuerdo que la banda sonora me gustó bastante , llegando incluso a publicar por aquí una parrafadita de esas que a veces me da por escribir, bajo su influencia, pero la película en sí me ha dejado un sabor agridulce: ya podía tener la historia que nos cuenta la directora el omnipresente pulso energético de los ritmos que la acompañan. Podría decirse que Constantine resulta mucho más eficaz en su dibujo del fondo (aquella historia del Wigan Casino, las anfetas, el frenesí del baile y el coleccionismo compulsivo) que en el trazo de los dos personajes principales de la película, hasta el punto de que termina por interesar(¿me?) más bien poco el devenir de sus protagonistas, y la cosa acaba resultando más entretenida como mera sucesión de guiños para los connoiseurs. Vamos, que como no exista por parte del espectador una cierta conexión emocional (y a juzgar por las pintas, me temo que los que estábamos ahí presentes eramos un público ganado de antemano, en su mayoría) mucho me temo que poco va a interesarle la trilladísima historia de amistad, amor, y superación de un entorno hostil a través del viaje iniciático blablabla.

Recomendable visionado, en cualquier caso, para los fans del género y también como forma de acercamiento a un fenómeno poco conocido entre el público general, sobre todo más joven. (Oh, sí, millenials, la gente en los 70 también sabía pasárselo bien, lo de desfasar no tiene nada de nuevo). Y para los incrédulos, aún dejo aquí este pepinazo de (ghoooost-in-my-house!) adictivo estribillo, publicado en 1967 por el canadiense Dean R. Taylor. Por supuesto, no fue un hit en el momento de su lanzamiento, y serían los allnighters quienes la convirtirtirían en clásico de culto sobre las pistas de baile, casi una década más tarde… Muy chulo ¿no?

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