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Qué bueno es este chico, por Dios. Vuelve Andy Shauf (no me cansaré nunca de recomentar esto) y lo hace acompañado de amiguetes de toda la vida, para lanzar al mercado un disco absolutamente delicioso. Se hacen llamar Foxwarren, que es como se llamaba la casa familiar que los hermanos Kissick, integrantes de la banda junto a Shauf y Dallas Bryson, poseían en Manitoba.

La historia que nos cuentan los canadienses es que fue precisamente en esa casa en el campo, durante unas vacaciones hará cosa de ¡diez años! cuando empezaron a componer juntos estas canciones que finalmente se dan a conocer ahora, circunstancias de la vida.  Tiempo más que suficiente, claro está para que los temas fueran madurando y adquiriendo el tono sepia que tan bien se le da a Shauf, y que ahora les publica el sello ANTI- (Arts & Crafts en su país natal).

El primer sencillo (“Everything Apart“) quizá me despistó un poco, con ese ritmo hasta vigoroso, para lo que cabría esperar del lánguido cabecilla del grupo, pero el tema que han elegido como segundo single (y que de forma nada casual abre “Foxwarren“, el álbum) es muy representativo de los sutiles placeres que nos esperan en un estupendo debut, que -ya estáis tardando-  puede escucharse íntegramente en bandcamp. La primera en la frente, además: “To Be” nos envuelve ¡qué delicia! con sus aires setenteros y sus colores de otoño, y nos recuerda una vez más que las grandes historias se escriben a menudo en los márgenes.

Un pensamiento en “To Be – Foxwarren

  1. ¡Ah! El talentoso Shauf. Recuerdo con claridad y precisión el día que escuché a Andy Shauf por primera vez. Seguí tu recomendación y me tiré de cabeza a destripar The Magician. Fue como andar a través de un jardín solitario donde intuyes, poco a poco, que se esconde un misterio. Un acto tranquilo que inadvertidamente te transforma de observador a ser el centro de atención. A formar parte de las entretelas y paisajes de la canción.

    Fascinado, cogí la guitarra para abandonar el camino y adentrarme en veredas que me permitieran ver entre las capas de ese jardín musical.

    Así llegué a Wendell Walker. Primero fueron las inversiones de acordes a la guitarra, luego un tempo que te retiene y evita que salgas corriendo a confirmar el final de muerte y adulterio que vislumbras. Por último la cadencia de letanía que confirma el vacío que deja un destino inexorable. En mitad del frío invierno canadiense.

    Llevo ya una semana escuchando To Be y Everything Apart y me gusta mucho. Se nota la creación colectiva, aunque echo un poco de menos esas historias de Shauf tan extrañas pero que te parecen, algo enfermizo, tan íntimo.

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