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Twitter puede ser un jaleo de narices o una cosa estupenda: con el tiempo me he ido dando cuenta que es algo tan sencillo como seguir EXCLUSIVAMENTE a las personas adecuadas, y no apuntarse a ninguna de las modas que afectan cons-tan-te-men-te a la célebre red social.  No sucumbir a la tentación de dar tu opinión (a veces he sucumbido, humano que es uno) sobre el-puto-tema-del-día, no contribuir al ruido general, no participar en ninguna de las cadenitas (di el nombre de tres películas con las que te sintieras incómodo, y nomina a cinco personas a que lo hagan) con las que dar a conocer al mundo tu importantísimo punto de vista sobre absolutamente to-do, y en cambio tratar de aprender lo máximo que puedas de la gente que realmente tiene algo interesante que decir, o que puede hacerte partícipe de un descubrimiento maravilloso. Gente como Rubén (Área 51 del Corazón), que son las que me han llevado a conocer el impecable disco de indie-pop de unos estadounidenses que se hacen llamar Lake.

Por partes: como ya he comentado por aquí en alguna ocasión, Rubén tiene un podcast, que se llama exactamente así, “Área 51 del Corazón“, como la canción de Parade, y justamente acaba de alcanzar la muy respetable cifra de ¡uf! CIEN emisiones. Para los que esto del podcast les suene a chino (¿en serio? ¡por Dios,que vivís en el siglo XXI!), es algo así como un programa de radio cortito (¡bien!) en el que sólo se escuchan canciones chulas (¡rebién!) y que uno puede escuchar cuando quiera (¡requetebién!). Por ponerle un pero, la frecuencia de los programas se acerca a la semanal, con lo cual a veces me pasa que, como me pille en una mala época o una de esas rachas tontas en las que sólo soy capaz de escuchar un mismo disco hasta que me explota la cabeza, se me amontonan los programas y luego tengo que andar haciendo horas extra.. pero vaya, como digo, recomendabilísimo.

En los programas que graba y luego sube a internet (como podéis imaginar, de forma completamente desinteresada), suenan cosas como esta MARAVILLOSA canción de un grupo ultracool llamado Lake, que publicó en 2017 en el megacojonudísimo (todo lo que sacan es bueno, caray) sello Tapete Records su octavo trabajo. Bien, a lo que importa: el sonido de estos estadounidenses es apacible y delicioso, y ni cuando aciertan apretando los botones del ritmo (“Work With What You Got“) dejan que la cosa se desmelene. Así, no es difícil encontrar sutiles apuntes jazzy en su indie-pop, e incluso consiguen impregnar en sus canciones, de forma pasmosamente natural (comprobadlo en esta “Magazine” que tan prodigiosamente cierra el largo) los cálidos ecos de la bossa nova. Como montar en bicicleta en un soleado día de junio, decir que este disco es una gozada es decir poco ¡Albricias, albricias, que viva el buen pop, todos a cantar!… Maaaaaaa… gaaaa… ziiiiine…   Y tú, Rubén, felicidades por todo lo que has conseguido, gracias infinitas por todas esas canciones, y que vengan muchos programas más.

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