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Más cosas que me gustan: me gusta mucho, muchísimo, esta canción de título “Compass Point” con la que Holy Ghost! rinden su particular homenaje al estudio fundado por Chris Blackwell en Nassau… Vale, los de Brooklyn la dieron a conocer en abril de este año, coincidendo con la publicación oficial de “Crime Cutz“, pero qué quieren que les diga: este blog nunca se ha caracterizado por ir excesivamente pegado al hilo de la actualidad, y demonios, en todo el tiempo transcurrido desde entonces no he podido dejar de escuchar esos cinco minutos larguitos que para mí suponen la cima del EP, herederos directos de la fabulosa “Dumb Disco Ideas“, que tanto les aplaudí en 2013 y, el acompañamiento ideal durante mis desplazamientos (tengo que contenerme para no bajar la ventanilla y subir el volumen) automovilísticos de este verano.

Además, el título de la pista me da pie para un pequeño apunte cultural, mira tú qué bien, porque como comentaba al inicio de la entrada, el nombre de la pista es exactamente el mismo de los estudios que fundara el propietario de Island Records en la capital de las Islas Bahamas, allá por 1977. Por ahí pasaron (me quedo sólo con los nombres más relevantes de los aportados por Wikipedia) gente tan variopinta como Emerson, Lake & Palmer, Julio Iglesias, Serge Gainsbourg, The Rolling Stones, Grace Jones, Shakira, Celine Dion, U2, Robert Palmer, Tom Tom Club, Talking Heads, Dire Straits, Electric Light Orchestra, Bob Marley, Eric Clapton, James Brown, Iron Maiden, Judas Priest, Roxy Music, Bonnie Tyler, Björk, The B-52’s, Spandau Ballet o David Bowie, y en sus instalaciones se registró el famosérrimo “Back in Black” de AC/DC, pero de algún modo se identifica a los estudios con un sonido mestizo en el que se funden las raíces del disco, el synth-pop, el funk y el reggae. Lo de “Nightclubbing” de la mencionada Jones, vamos.

El caso es que, como suele ser habitual en numerosas ocasiones, aquello no pasaba ser el título provisional que Frankel y Millhiser habían dado a uno de los temas en los que trabajaban, auspiciado por el pegajoso ritmo que lo protagonizaba, pero acabó por convertirse en definitivo. Y es que el tema tiene groove, mucho, y aunque Frankel no ha dudado en reconocer que escribió la letra en 45 minutos, basta que esos graves empiecen a rebotar en los altavoces para que lo de “We like it when it hurts” suene como la mismísima gloria.

 

 

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