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Al lío. Sin deternos demasiado en aquel viejo rollo de qué-pena-que-se-acabaron-las-vacaciones que os endoso todos los años. Que se han publicado un montón de discos soberbios y canciones valiosas en estos díasde verano, y un servidor ya ha descuidado suficientemente sus obligaciones para con sus fieles lectores. Y que sí, que lo de quitarse del mojito para volver al tajo no es del gusto de nadie, pero oiga, que con canciones tan requetefabulosas como “Face Down In The Gutter Of Your Love“, todo es mucho más llevadero.

Ojito, que aunque refrescante y apropiadísimo para estas fechas, esto no tiene nada de aperitivo ligero; que lo que viene a continuación es -redoble de tambores, alla va otra de ración de superlativos y declaraciones anabolizadas- una de las canciones más redondas que han escuchado estos oídos en mucho, mucho tiempo, mucho más allá de las arenas cálidas y las brisas marinas de estos días. El sencillo con el que Dent May, ahora sin el ukelele con el que se dio a conocer, se estrena para el sello Carpark es la sublimación del estilo (medio en serio, medio en broma, pero siempre exquisito) de un autor al que -me temo- nunca hemos ponderado como se merece, y que sin abandonar de todo la suave pulsación disco que impregnaba canciones anteriores como la soberbia “Born Too Late“, parece haber encontrado su sitio definitivo en un glorioso emplazamiento con vistas a la E.L.O. y el soft-rock de los 70. Puro sonido de aquello que se vino a llamar yatch-rock, tan defenestrado por muchos pero ¡ay! tan adorado por algunos pocos, teñido con un delicioso humor negro (cómo me gusta ese título: “Bocabajo en la cuneta de tu amor”) y saludablemente desacomplejado respecto a su falta de vigencia. Efectivamente, el de Missisipi parece el típico tío al que las modas le traen al fresco (basta con ver las pintas de nerd con las que se presenta en las fotos promocionales, en las que por cierto, siempre se las apaña para aparecer tumbado en tumbonas, colchonetas, hamacas y todo tipo de superficies blandas, acordes con la horizontalidad que atraviesa su soleadísima música), y se pasa los últimos 40 años de evolución musical y las críticas al sonido A.O.R. por el arco del triunfo para firmar una canción deliciosamente excéntrica, romántica de forma empedernida, y retromaníaca sin excusas: imposible no caer rendido ante tanta genialidad con la que -qué envidia- más de uno enfilará los días de relax y placer por antonomasia. No se me ocurre mejor acompañamiento.

Y no, no hay más detalles, por el momento, del que será el cuarto álbum de May tras los tres largos publicados con (Animal Collective, quién iba a decir que acabaríamos por estar de acuerdo en algo) Paw Tracks. Pero, como podréis entender en cuanto escuchéis esta MARAVILLA, voy a estar muy, muy pendiente.

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