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Y como me consta que entre los lectores de esta bitácora se cuentan un buen puñado de acérrimos fans de Neil Hannon, aprovecho que el otro día me llegó un esperadísimo pedido de Tapete Records (Benjamin Dean Wilson y este disco del que vamos hablar a continuación) para recomendar las canciones de una banda, que poco tienen que envidiar a las delicatessen de The Divine Comedy.

El disco se titula como el grupo, “John Howard & The Night Mail“, y probablemente los más enteradillos ya habrán alzado la ceja al leer esas dos primeras palabras. ¡John Howard! ¿El mismo John Howard que..? Sí. ESE. Pero como también contamos con lectores que lo que tienen es ganas de descubrir canciones fabulosas y, si es posible, aprender algo de culturilla musical, vamos a empezar por el principio: por el Londres de mediados de los años 70, para ser más exactos.

Veamos: hasta a Bowie le había costado lo suyo encontrar su sitio en una sociedad aún poco preparada para el desparrame glam, así que imaginaos lo que fue para el joven John Howard (un joven trasunto de Elton John: homosexual como aquel, y con la misma asombrosa capacidad para escribir canciones fabulosas) desaparecer del mapa después de que su disco “Kid In A Big World” se encontrara con el rechazo de la BBC a radiarlo por motivos no demasiado claros. Hablamos de un disco auspiciado por la multinacional CBS, grabado con fastusosos arreglos de cuerda en los mismísimos estudios de Abbey Road, y promocionado inicialmente con carteles de tres metros de alto en todas las tiendas de discos del país. Pero claro, cuando hasta el mismo jefe de la discográfica te reprocha que no estrechas la mano como un hombre, ya puedes imaginarte lo difícil que va a ser alzanzar al público, incluso aunque cuentes con argumentos del calibre de “Goodbye Suzie“. La cuestión es que entre unos y otros (tampoco puede obviarse que ese sonido también había quedado algo trasnochado para 1975), “Kid In a Big World” fue un fracaso comercial, sin paliativos. Howard aún grabaría un par de discos más, pero hasta su sello perdió el interés en apoyar a un artista que parecía haber perdido definitivamente su oportunidad para unirse a los grandes, y su figura simplemente se fue desvaneciendo a través de los años..

Así hasta entrado el nuevo siglo: en 2004 su legado es rescatado por el sello RPM, y poco después Cherry Red reedita su primer disco gracias al impulso de un montón de admiradores. Faltaban aún seis años para que el “Queen Of Denmark” de John Grant reivindicara esa clase de pop de songwriter al piano y hechuras clásicas, pero aquel primer impulso fue más que suficiente para liberar ¡por fin! a John Howard de una condena al silencio impuesta por motivo de su condición sexual (su productor le llegaría a reconocer que no sonó en radio 1 porque era gay) y una mala gestión discográfica, y animarle a grabar nuevas canciones. Inicialmente a través de pequeños sellos o la autoedición, la segunda carrera de Howard conoció un punto álgido el año pasado, con la publicación del que es hasta el momento su último trabajo. Y aquí, amigos, es cuando voy a hablar de lo estupendo que me parece “John Howard & The Night Mail“.

Cuarenta años después de debutar, John Howard aún lo tiene. El mojo, la varita mágica, comosellame: la capacidad para firmar arrebatadoras melodías y componer arreglos de campanillas, el don de hacerte percibir como un clásico algo que en realidad acaba de ser publicado, el dificil arte de conmover. Rodeado de un equipo de lo más lustroso (The Night Mail lo conforman Robert Rotifer, Ian -Death In Vegas- Button y Andy Lewis), Howard salta con facilidad asombrosa de la observación aguda -profundamente británica- al apunte íntimo, y sus canciones se despliegan ante nosotros como una cartografía emocional tan hermosa como la elaborada por autores contemporáneos consagrados como Rufus Wainwright, o los ya citados Hannon y Grant. Por tener, tenemos hasta versiones de Roddy Frame (“Small World“, perteneciente al “Surf” del ex-Aztec Camera) o hermosas citas a -entre otros muchos nombre ilustres- Joe Meek (“In The Light Of Fires Burning“) ¿cómo no iba a gustarme?.

Acabo ya, con una curiosidad: por lo que leo en una entrevista reciente, a sus 62 años Howard vive en un pueblo de la provincia de Murcia, donde se dedica a componer canciones tan hermosas como esta “Before” que abre el disco, gestionar su catálogo musical, y cuidar a sus gallinas. Me alegro de que sea así: sonaría bastante parecido a un final feliz, si no fuera porque -afortunadamente, y a los hechos me remito- John Howard aún tiene mucho bueno que ofrecernos.

2 pensamientos en “Before – John Howard & The Night Mail

  1. A mi este chiquito me recuerda una barbaridad al Elton John de los 70 en menos histriónico. Soy uno de esos fans de Neil Hannon, pero no le encuentro excesiva relación. Eso sí, me ha encantado. Es bastante sutil y no paro de oir sus discos sin cansarme. Extrañísima historia la de este tipo, con su segunda edad creativa. Al parecer no para en los últimos años…

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