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Dos discos que a día de hoy me siguen chiflando, pero que uno no debe reivindicar en público (a no ser que quiera recibir un severo rapapolvo por parte de los guardianes de la ortodoxia indie); los dos bien distintos: el primero es “Turn On The Bright Lights“, de los neoyorquinos Interpol, un grupo cuya sola mención inspira hoy en día más sonrisillas, resoplidos y ojos en blanco que adhesiones; el otro este “Moon Safari” con el que los unos (antaño) inspiradísimos Air se convirtieron en absolutos protagonistas de la última música del siglo XX.  El primero lo voy a dejar para otro día, uno en el que me vea con ganas de enfrentar las más que justificadas acusaciones de saqueo de lo de Joy Division y tal… El segundo, el disco de debut (“Premiers Symptômes” no dejaba de ser una compilación de sencillos previos) de Air, quizás resulta hoy en día algo más fácil de defender que lo de Paul Banks & cía, aunque sólo sea por tratarse de un disco del que -me consta- muchos nos encariñamos a base de escucharlo mucho más de lo aconsejable. En su contra, un hecho irrefutable: aquel primer trabajo supone la más alta cima alcanzada por los de Versalles, y si bien tienen otros discos defendibles (para mí, “10.000. Hz Legend” lo es) y hasta destacables (la banda sonora de Las Vírgenes Suicidas o “Talkie Walkie“), el resto de su producción posterior se ha movido más bien dentro de los márgenes de lo aburrido y lo pueril, cuando no lo directamente bochornoso. Más o menos, lo que cabría esperar de un grupo que eligió su nombre a partir del acrónimo “Amour, Imagination, Rêve”. (Amor. Imaginación. Sueños). Ajá.

Lejos de mi ánimo, de cualquier manera, el tratar de condensar en una sencilla entrada los pocos -pero muy grandes- aciertos de Jean-Benoît Dunckel y Nicolas Godin, y su descolocante facilidad para hundir su ya maltrecho prestigio con pifias sonoras varias y edulcoradas voces de pito. Tampoco quiero extenderme demasiado sobre “Moon Safari“, primero porque, casi veinte años después de su publicación y contra la opinión generalizada, me sigue pareciendo chulísimo y eso es algo que no conviene decir demasiado alto, y segundo porque, como decía, doy por sentado que aquel fue uno de los debuts más escuchados por los melómanos de mi generación, independientemente de si luego el paso del tiempo acabó suponiendo para cada uno la construcción de un altar o la caída en el olvido. Y para ser completamente justos, tampoco podemos obviar que aunque muy conocido, no fue del agrado de todo el mundo: aún andará por casa la crítica aparecida en Rockdelux (no se lo acaban de cargar, vale, pero desde luego quedaba muy lejos del entusiasmo), y aún recuerdo muchas otras reseñas que se cebaban en lo blandengue del invento.

All I Need”  fue uno de los singles escogidos para promocionar el álbum: el tercero, después de los muy exitosos “Sexy Boy” y “Kelly, Watch The Stars“, y en unas claves sonoras algo distintas a las de sus predecesores. Aún a pesar de los riesgos arriba comentados, vamos a dedicar unas pocas líneas a esta canción.

Por lo que se conoce, el tema nace del encuentro de la dupla Godin-Dunckel con la cantante americana Beth Hirsch cuando todos ellos residían en el parisino barrio de Montmartre. Godin invitó a la artista a poner voz y letra a algunos de los mullidos fondos sonoros en los que el dúo trabajaba, encargo que ella no sólo convertiría en la canción que hoy protagoniza la entrada de hoy, sino que aún daría pie a una segunda composición conjunta, la deliciosamente volátil “You Make It Easy“. Ambas canciones, en realidad, están compuestas con una estructura parecida, en la que los sonidos espaciales de los franceses y el inconfundible sonido retro-futurista de los vocoders ceden en favor de cristalinos arpegios acústicos, aportando una favorecedora naturalidad en un momento en el que todo lo que procedía de Francia era inmediatamente enviado a las estanterías de electrónica. Lo que resulta inconfundible son las líneas de bajo: qué bien se le da(ba) a este par, lo de firmar adictivas líneas de bajo (no hay más que escuchar el disco), superpuestas al sonido de las cuerdas sintetizadas y a esa hermosa voz en primer plano.

La pista, en realidad, no hacía sino reciclar algunas viejas ideas del grupo: algunos de los pasajes sonoros que la componen están directamente extraídos de una canción anterior (“Les Professionels“), que al lado de la canción finalmente grabada con Hirsch se presenta como un boceto aún imperfecto. La aportación de la cantante americana es, de hecho bastante importante: con su voz consigue crear una sensación de intimidad que la pista original no conseguía trasladar, algo que la espaciosa producción de los franceses no hizo sino amplificar, y que de algún modo explica que la suya fuera entendida como música de alcoba. Sexy en cierta forma, clásica a su manera, fácil de escuchar (¡el verdadero easy-listening era este!) pero exquisitamente elaborada, la música de Air aterrizó en 1998 con la perfecta apariencia de ser (la vida me enseñaría después que me engañaron como a un chino) todo lo que necesitaba…

Un pensamiento en “All I Need – Air

  1. Para mí es uno de esos discos que hay que meter en una lista corta.
    Sigo escuchándolo con frecuencia. Y no es nostalgia precisamente. Pienso : qué líneas de bajo…. Caramba qué bueno este disco demonios!

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