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Se está quedando una tarde buenísima para “Milly’s Garden“, de Steve Gunn. Lo dice uno que, aquejado de un inoportunísimo catarro, apenas consigue escuchar las canciones como si le llegaran a través de un tabique. Pero incluso así, el rock cálido del ex-compinche de Kurt Vile acompaña con absoluta precisión estos días de verano adelantado en los que ¡por fin! recibimos con alegre manga corta la llegada del sol.

El disco se titula “Way Out Weather“, y se publicó el año pasado. No tiene la accesibilidad de un, pongamos por ejemplo, “Lost In The Dream” (The War On Drugs), pero sí que podría gustar precisamente, a aquellos seguidores de la música de Adam Granduciel o el ya mencionado Vile con mayor predisposición a salir del ámbito de lo que estrictamente conocemos como indie, y más dispuestos por tanto a adentrarse en parajes quizás más áridos, pero realmente hermosos. Es un disco “de guitarras”, de esos en los que el foco de atención no está en las cuerdas vocales del cantante, sino que se desplaza a la técnica con los dedos, y en los que la inspiración bebe tanto de las viejas fuentes del blues como del folk psicodélico a lo Grateful Dead, todo ello con unas hechuras inequívocamente americanas.

La primera pista es la que da título al álbum, pero además sirve para situarnos en unas coordenadas sobre las que más o menos pivotará el resto del disco: polvo suspendido en el aire, desdibujando los contornos de las cosas (también en lo que se refiere al propio estilo de las canciones), e hipnóticas líneas de guitarra de esas que tan bien trenzan artesanos como Jonathan Wilson. En algunos temas se hace más evidente la herencia folk (qué bien introduce la acústica de “Wildwood” la muy dylaniana melodía, y cómo engaña “Shadow Bros” respecto a su edad, haciéndonos creer que es mucho más vieja de lo que en realidad es), mientras que en otros el sonido de las cuerdas apunta directamente a The Byrds. En total, ocho canciones que, como le ocurre al mencionado Wilson, necesitan de una cierta ampitud en el minutaje para capturar el extensísimo paisaje que se abre ante nuestra mirada, pero en el que las variaciones de tono son muy sutiles, y por tanto requieren de una cierta paciencia para ser apreciadas. En “Way Out Weather” no hay espectaculares acantilados ni grandes montañas, y de hecho no es hasta el cierre con la asombrosa “Tommy´s Congo” que salimos de latitudes tan indiscutiblemente yankees: en esta útima canción se diría que Gunn da rienda suelta a una faceta más experimental y se atreve a trazar la ruta escondida entre Mojave y ¡el desierto de Mali! Y sorprendentemente, funciona.

La otra gran canción del álbum es esta adictiva “Milly’s Garden“, injustificablemente ninguneada (¿cúantas llevo ya? ¿alguien lleva la cuenta?) en mi selección de canciones favoritas del año pasado. Tiene un riff de guitarra de esos que valen por todo un disco, con un mayor protagonismo incluso que la perezosa entonación (en esto se nota que pertenece a la misma escuela que Kurt Vile) de su autor. Sin duda alguna supone la mejor muestra del salto cualitativo que ha dado Gunn, ahora sí, a la primera fila de esa música que hunde sus raíces en el tiempo, pero crece sólo en los márgenes de los caminos menos transitados: aquellos que sólo recorren los que no tienen prisa, y disponen del tiempo necesario para mirar.

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