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Pasada ya la resaca de la publicación de la lista de canciones favoritas del año, vamos a ver si soy capaz de rescatar canciones (discos, en algunos casos) a los que no había prestado la atención debida, y que descubro estos días a raíz de la lectura de las incontables listas que se publican en muchos medios. Porque esa es la gracia del asunto, precisamente: revisar  esos -cada vez más denostados- listados puede convertirse en un estéril ejercicio de “me falta esto u lo otro” y “¿cómo puede estar “a” tan arriba, estando “b” tan abajo?, o puede por el contrario entenderse como una oportunidad de desterrar prejuicios y hacer felices descubrimientos. Dando por sentado que es prácticamente imposible coincidir totalmente con ninguna de esas listas que no sea la tuya propia, y aceptando con humildad que uno tiene un tiempo limitado para escuchar  tantos y tantos discos como se merecen, la única opción que me parece razonable es la de confiar en el criterio ajeno: ojo, evidentemente no hablo del de cualquiera.  Hablo del criterio de aquellos a los que, con el tiempo y después de muchas lecturas, hemos convertido en una fuente fiable, y cuyo criterio ha demostrado estar siempre bien fundamentado: prensa especializada, blogs, amigos y hasta gente con la que sólo te has comunicado a través de las redes sociales. No es necesario escuchar todos los discos para encontrar un tesoro, si cuentas con un ejército de opinadores fiables (y en la mayoría de los casos, ¡gratuitos!) que actuarán como selectores.

Lo anterior  bien sirve para el caso del disco que este 2014 ha publicado Hiss Golden Messenger, bajo el título de “Lateness of Dancers“: lo he visto destacado en un par de blogs de los que suelo leer con asiduidad, y aparece recogido también en la primera tanda de discos del año que han sacado los majetes de Indiespot: más que suficiente para que uno oriente las orejas y ¡caramba! descubra uno de esos discos que le hacen sentir a uno un poquito más mayor de lo que ya es, pero encantado de haberlo conocido. Lo ha publicado Merge (buen año el de la discográfica canadiense) y debería ser el disco con el que muchos descubramos una carrera a buen seguro interesante.

(Otra vez) Hay que hablar de Dylan, claro: la música de MC Taylor y Scott Hirsch no oculta préstamos del de Duluth (escúchese la canción que da título al lote),  cuando se abandona a un sonido inequívocamente americano  (“Southern Grammar“, o las guitarras -al final va ser verdad que Dire Straits están de moda- de “I’m A Raven (Shake Childfren)“). Sin embargo (qué le vamos a hacer, si uno viene de donde viene) las canciones que más me han enganchado quizás son aquellas en las que el peso de la tradición se ha combinado con sonidos, quizás menos puros, pero sí más aptos para oídos indies. Así, la bonita balada  “Day O Day ( A Love So Free)” no renuncia al género, pero admite que un piano la saque de las habituales postales enviadas desde porches de madera y noches en el desierto. “Lucia” deja que el hammond nos arrime a las ascuas cálidas del soul, y en cuanto a la magnífica “Mahogany Dread“, pues qué vamos a decir: es la mejor canción de las contenidas en “Lateness Of Dancers“, y no creo que haya demasiada discusión al respecto. Versos tan desencantados ¡y ciertos! como “The misery of love is a funny thing / The more it hurts / The more you think / You can stand a little pain” no se escriben todos los días, pero (happy days are still ahead) aún queda sitio para la esperanza, y además, no acaba ni mucho menos ahí la grandeza del tema: dadle al play, y comprobad cómo ganan con cada escucha las ululantes guitarras, la voz gatuna pero confortable de Taylor, los mil y uno aromas a The Band, Neil Young, Van Morrison, Petty, Mellencamp, etc: eso tan grande y tan complejo que viene a llamarse América, en una palabra, y que a menudo se explica mejor en los cuatro minutos de una canción.

Well I can’t go back, I know that now
But who said I wanted to?
When I cut my hair and I rode away
Yes, on that bright day
With the sun in my eyes I maybe told myself a lie

The dead are here, they never go away
So I never ask them to
The misery of love is a funny thing
The more it hurts
The more you think
You can stand a little pain

I can feel how you want the reins laid bare
Do you think it’s up to me?
Oh my baby girl with a song so fair
The more she knows
The more she cries
I maybe told a couple lies

Girl of mine with silver in your hair
I still want you
It’s getting hard to be easy now
A couple of kids
Mahogany dread
But happy days are still ahead

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