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18 de diciembre de 1971, en Wingrave, un pueblito situado en el condado inglés de Buckinghamshire. En una casa algo destartalada tiene lugar una curiosa escena: en el piso superior, una mujer llamada Elizabeth “Betty” Rathmell da a luz al segundo de sus hijos, al que pondrá de nombre Baxter.  Mientras tanto, una planta más abajo, el padre de la criatura no muestra demasiado interés en la llegada al mundo de su hijo, y se esmera en la interpretación de “Johnny, Be Good“, acompañado de su banda de entonces, Kilburn y los High Roads. Esa aparente falta de sentido de la responsabilidad no sería ni mucho menos puntual, sino que por el contrario sería una constante en el modo en que interpretó su rol de padre a lo largo de toda la infancia y adolescencia del niño: fue él quien le dio su primer porro o su primera cerveza, y también él quién le instruyó para que creyera que The Beatles eran una basura. En aquel momento, el niño no era plenamente consciente de la anormalidad que le rodeaba, pero con el tiempo, se convertirá en un hombre (vamos a decirlo: hablamos de Baxter Dury) que mirará hacia el pasado, y se sorprenderá con el recuerdo de esa infancia extrema, fantástica a veces, pero horrible en otras muchas ocasiones, en la que las drogas, la delincuencia, o una extraña niñera (un antiguo roadie de Led Zeppelin de casi 2 metros de alto, apodado ‘Sulphate Strangler’, “El estrangulador del sulfato”) estaban tan presentes como la deliciosa libertad que otorgaba la  vida bohemia. Como ya le había ocurrido a su propio padre, pero también empujado por unas circunstancias que en gran medida eran debidas a su padre, Baxter Dury se vio obligado a convertirse, sin saberlo, en un superviviente.

* * * * *

“Hubiera sido idiota querer ser como él. Me gusta hablar sobre mi padre, aunque la gente tiene miedo de aburrirme, sobre todo cuando escuchan mi música y ven la enorme distancia que hay con la suya. Es exactamente lo que quería hacer; si hubiera tratado de ser él, sería un jodido idiota. Lo que me toca los cojones es que me comparen con Julian Lennon… Más que nada porque su padre es uno de los tres hombres más famosos de los últimos cien años, y yo tenía un padre más o menos normal que era respetado en una industria pequeña. Si quieren comparar, que nos comparen con los Buckley, aunque el hijo no conoció casi al padre… Ahora, es normal que lo hagan, con treinta años de precursores británicos y americanos. Se crea una infraestructura de referencias y me compararán siempre, igual que hago yo con el cine, y hasta con los zapatos”.

Lo anterior es lo que afirmaba Baxter Dury en una entrevista al respecto de su padre, el célebre Ian Dury. Quizá no sean unas palabras demasiado aclaratorias al respecto de la naturaleza del vínculo afectivo que le unía al otrora líder de The Blockheads, pero la música del hijo, desde luego, sí que estaba en las antípodas del sonido new wave (cuando no directamente punk) que hizo famoso a su malogrado progenitor: frente al Sex & Drugs & Rock & Roll” que sacudió el estómago de la sociedad bienpensante, lo de Baxter más bien era una inmersión psicodélica nada contestataria, y la permanente sensación de fragilidad.

Matar al padre ¿no trata la vida de eso?: las biografías no oficiales suelen afirmar que la primera vez que se escuchó cantar a Baxter Dury en público, fue precisamente en el velatorio tras la muerte de aquel, acontecida en marzo de 2000. Diez años después de aquella fecha, en una entrevista con el London Evening Standard, las palabras de Baxter al referirse a su progenitor resultaban bastante elocuentes:

“(Mi padre) era como un misil Polaris: buscaba el punto débil de una persona en cuestión de segundos, y entonces lo convertía en su objetivo (…) Así es como controlaba a su entorno, de un modo horrible que hubiera podido, en cierta manera, llegar a ser divertido, si no fuera por el daño que causaba.”

La imagen de Ian Robbins Dury ya es de por sí bastante poliédrica: afectado de por vida por las consecuencias de una polio infantil, el hombre muchas veces definido como “un cruce entre Lou Reed y Toulouse Lautrec  fue también un poeta punk, un pintor precoz, y hasta un actor en conocidas películas (“El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante” , “Juez Dredd” o “El Cuervo: Ciudad de ángeles” se cuentan entre su filmografía). Difícil tarea, por tanto, la de tratar de entender al inglés en su rol de padre, y más complicado aún tratar de desentrañar el modo en que el ejercicio de esa paternidad afectó a la música publicada después por el hijo: visto lo visto, no puede presumirse, desde luego, que fuera totalmente inocuo.

Sea como fuere, tan sólo un año después del fallecimiento de Ian por un cáncer colorrectal metastásico, Baxter Dury publicaba su primer sencillo (“Oscar Brown EP“), acogido con entusiasmo por la crítica -fue incluso “single de la semana” para el NME y The Guardian- y suculento aperitivo a la publicación de su debut en largo. En aquella pista titular se anticipaban las coordenadas estilísticas por las que discurrirían las canciones contenidas en “Len Parrot’s Memorial Lift“: dream-pop flotante al estilo del que que había hecho grandes a Mercury Rev,  reverberaciones llegadas del espacio exterior, y un falsete tan quebradizo como conmovedor. Sumadle a lo anterior la participación de ilustres colaboradores, desde Geoff Barrow y Adrian Utley (Portishead) hasta el mismísimo Richard Hawley, y os haréis una idea bastante aproximada de por donde andaban los tiros, y lo mucho que vale la pena el descubrimiento (si es que no lo conocéis ya) de aquel primer álbum.

De momento, vamos a quedarnos con aquel primer tema, la pista que daba nombre al primer EP de Baxter Dury: tiempo habrá -y buenas canciones no faltan- para profundizar en el disco.  El particular fraseo (tiene algo de John Lennon, si lo pilla el padre…) en “Oscar Brown” apenas permite que la letra sea inteligible, y aún así la pista resulta terriblemente conmovedora. Aquí unos coros de Johanna Hussey levantándose sobre el omnipresente órgano, allá un “Oh Sweet Nuthin” prestado de la Velvet Undreground… hay algo que conecta el tema con la trascendencia cósmica de Spiritualized, un actitud de escapismo hacia mundos lisérgicos y seguramente más hermosos, que contrasta con la actitud irónica y acusatoria de Ian Dury respecto a la sociedad que le había convertido en un marginado. Ese tema ejemplifica como pocos, en fin, el modo en el que Baxter Dury se presentaba al mundo como músico, anulando en el ascenso gaseoso de sus canciones el peso de su propio apellido.

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Hay una famosa imagen de los dos Dury,  la que aparece en la portada de “New Boots And Panties!“, el disco de debut del primero, publicado por el sello Stiff en 1977. En la icónica fotografía de Chris Gabrin aparecen padre e hijo, delante de una tienda de ropa interior y lencería situada en el 306 de Vauxhall Bridge Road, Westminster, a un paso de la estación Victoria.  Si se observa con atención, la pequeña furgoneta de Gabrin y la tienda Woolworths, situadas al otro lado de la carretera, aparecen reflejadas en el escaparate, aunque el fotógrafo tuvo el cuidado de posicionarse de manera que la pequeña silueta de Dury ocultara su propio reflejo... El caso es que tanto Ian Dury como Gabrin siempre defendieron que el pequeño (entonces tenía seis años) se había colado en la foto, ya que la pretensión inicial del músico era aparecer sólo frente a la tienda, y que de hecho la imagen del niño aparece en tan sólo cuatro de los veinticuatros disparos que se hicieron en la sesión. Al revelar las fotos, ambos concluyeron que una de aquellas fotos en las que aparecían ambos sería la que daría finalmente portada al disco, un aspecto sobre el que propio Baxter ya ha manifestado sus dudas: en su opinión, hay algo artificial en la imagen, una actitud de indiferencia demasiado estudiada entre ambas figuras. Puede que tenga razón, o quizás se trata tan sólo de la distorsión causada por unos pantalones demasiado grandes en el niño, frente a la inusual escala del padre. O puede que simplemente ocurra que lo que la imagen nos plantea es el conflicto entre nuestra verdadera talla y la percepción que de nosotros tienen nuestros hijos, y el modo en que tememos el momento en que ambas se superpongan. A fin de cuentas: ¿Qué es lo que hace a un padre? ¿Se trata del gigante en cuyas rodillas te has sentado, o más bien del borrador repleto de errores -así lo percibimos cuando somos algo más mayores- sobre el que efectuar nuestras propias correcciones? Sea como fuere, una de las canciones de aquel álbum es la que nos sirve para cerrar esta historia sobre padres e hijos, y el modo en que unos y otros se decepcionan mutuamente: se llamaba “My Old Man“, y por lo visto fue el tema escogido por Baxter Dury para homenajear al suyo. La cantó a capella -lo he contado ya- frente a un ataúd extrañamente reducido, un marzo del año 2000.

Dury & Dury

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Un pensamiento en “Oscar Brown – Baxter Dury

  1. Excelente entrada…
    Pero tú serás muy joven, porque en 1977, lo normal era llevar pantalones como los del chaval en la foto, quiero decir, no eran demasiado grandes como dices… yo los llevé 🙂

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