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Diez años antes de que los artistas de hip-hop popularizaran el beatboxing (sí, hombre sí: lo de hacer ruidillos de cajas de ritmos con la boca), ya existía «Mentira«, de Marcos Valle. Treinta años antes del «Moon Safari» de los franceses Air, ya existía «Previsão Do Tempo«, de Marcos Valle.

Lo anterior no lo digo en plan «guau, vamos a poner a Marcos Valle como si fuera la repanocha, un visionario que en el convulso Brasil de los 70 se adelantó a toda la música que iba a venir después y que hoy es absolutamente ignorado por el modernerío«; sino que es más bien un «Marcos Valle es un gigante. Un Gigante. Pero hoy vamos a centrarnos sólo en uno de sus discos de su abundante discografía, porque vale la pena mirarlo con detalle». Y cuando digo gigante me refiero a cosas como ser (por ejemplo) coautor de la archifamosa «Summer Samba (So Nice)«, una de esas pocas canciones  -de fuera de este mundo- que podrían tratar de tú a tú a la «Garota da Ipanema«. Ese tipo de cosas.

Por ponernos en situación, y aunque quizás no haga falta, hay que situarse en el Brasil de finales de los 60 y primeros 70: encarnizamiento de la persecución contra los sectores más críticos con la dictadura militar, emergente sentimiento nacionalista, y -oh, sí- expansión internacional de la bossanova más allá de lo imaginable. Mezcladlo ahora con todo lo que llegaba de fuera: Beatles, Hendrix, haz-el-amor-y-no-la-guerra, y  viajes al subconsciente, gentileza de LSD Airlines. Algo, bueno o malo, tenía que suceder.

En 1973, el joven Marcos Valle (pero experimentadisimo: ya había producido una buena cantidad de sintonías de televisión -¡la versión brasileña de «Barrio Sésamo»!- y bandas sonoras para las popularísimas telenovelas de Globo TV) publica «Previsão Do Tempo«, un disco sorpendentemente vigente hoy en día por la introducción de sintetizadores mini-moog o Arp Soloist, entre los pianos Fender Rhodes y órganos Hammond que tanto entusiasmaban a su autor. La influencia del jazz, del soul infectado de funk de gente como Stevie Wonder o del sonido Motown es notable, pero casi mayor es la aportación que este álbum supuso para muy posteriores generaciones de artistas: esta música no sólo es felizmente distendida, sino que también es terriblemente cosmopolita. No es de extrañar, por tanto, que Valle se convirtiera con el tiempo en uno de los principales exportadores de aquel sonido -relativamente joven- a los Estados Unidos, al tiempo que él mismo se sumergía en la escena funk de la nueva década (¡llegó a colaborar con Leon Ware!) y se contaminaba, en el buen sentido de la palabra, de la escena local.

De momento vamos a dejarlo aquí, en esta canción y en este disco, que cualquier otra cosa iba a ser abarcar mucho y apretar poco: ocasiones no faltarán de volver sobre tan excelsa música. Como última curiosidad, sirva un apunte al respecto de los músicos que colaboraron en el disco: se trataba de la agrupación que el de Rio de Janeiro había reclutado para acompañarle en sus shows en directo, bautizada además con el nombre de una de las canciones del músico carioca. Hablo, por supuesto, de Azimuth, posteriormente reconvertidos en Azymuth y -quizás alguno se acuerda de ellos-, igualmente aparecidos por estas páginas.Y  si no os suena, que tampoco os extrañe: aunque están lejos de merecerlo, cuentan con el dudoso honor de ser la entrada menos visitada de este blog. A ver si le ponemos arreglo.

 

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