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Atiéndeme, Ulises: no escuches los cantos de las sirenas.  Recuerda los consejos de Circe, antes de embarcar, cómo te previno contra la tentación de sucumbir a la hermosura infinita de sus voces. No olvides lo que son en realidad  sus mágicas canciones: redes con las que arrancan a los hombres del aire para precipitarlos al océano; y el deseo del hombre por escucharlas un ancla más pesada que el hierro, que los lastra irremediablemente hasta el fondo.

La diosa lo predijo, Odiseo, cómo antes de llegar a Ítaca aún habrías de evitar las rocas errantes que aplastan los barcos que se atreven a pasar junto a ellas, cómo habita el aullido de Escila el interior de la gruta hueca, el fin terrible que aguarda a los que se atrevan a navegar junto al escollo de Caribdis o a hacer daño a los rebaños de Helios. Pero este peligro al que te enfrentas ahora es mucho más terrible, porque es el que nace en el corazón del hombre: si escuchas las seductoras voces de esas muchachas del mar, entonces serás tu mismo el que pondrá fin a tu viaje y entregará sus huesos a la montaña putrefacta de osamentas y pieles secas en la que ellas habitan.

Mira, ya se divisa a lo lejos el fulgor azulado de la isla de Artemisa, sus colmillos de piedra emergiendo de la superficie de un mar que no es el mar apacible de nuestro reposo, sino un piélago de aguas densas como el mercurio, plateadas cuando el sol fracasa en su intento de atravesarlas, y sólo puede conformarse con abollar la delgada lámina de su superficie. Y bajo ella sólo os aguarda la oscuridad, Ulises, el frío verdugo que convierte a los héroes en olvido, el abismo líquido que espera a aquellos que se dejan embaucar por la seducción de lo profundo. ¡Más te valdría temerlo! ¡Cúanto mejor es el miedo que ata un hombre a su latido, que la soberbia con la que lo pierde!

Pero, espera ¿No se ha detenido de pronto el viento? ¿No parece como si el aliento de Circe hubiera dejado de impulsar las velas, y en cambio una calma extraña se hubiera prendido en ellas? Ya es la hora, rey de Ítaca: ordena a tus hombres que remen hasta el límite de sus fuerzas para hacer pasar de largo la nave, antes de que sea demasiado tarde y llegue a vuestros oídos el arrullo maldito. Recuérdalo, Ulises: más allá de este océano oscuro de beats y glitches, Penélope y Telémaco aguardan tu regreso…

Burrow into my
bury your body in my
burrow into my
bury your body in my
graveyard
I am the ocean
return to the earth through the water

2 pensamientos en “Ocean Death – Baths

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