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Antes de estar situado entre las piernas de Thomas Mars, y no hablo metafóricamente, sucedieron muchas cosas igualmente prodigiosas, y todas ellas en el marco de la segunda jornada de ese festival murciano llamado SOS 4.8, que empezó por ser grande entre los pequeños y ahora ya puede ser considerado, por derecho propio, pequeño entre los grandes. Por supuesto, como en cualquier otro evento de esa magnitud, algunas cosas pueden ser mejoradas (¡e$a$ fichita$!), pero desde luego entre ellas no puede contarse la oferta musical del sábado: inmejorable. Tanto es así, que cuando llegué a las 18:30 al recinto de La Fica, y tras comprobar -una vez más- que las que consideraba como mejores opciones tendrían lugar en el escenario principal, hice una arriesgada apuesta personal: si era capaz de aguantar ahí todas esas horas, sin moverme del sitio, presenciaría una apabullante secuencia de conciertos como pocas veces pueden verse, en segunda fila y justo en el centro.

Antes de estar situado entre las piernas de Thomas Mars, y no hablo metafóricamente, tuve que hacer mis cálculos. Veamos: conociéndome un poco, estaba claro que me acabaría dando una buena sudada, lo cual significaba que con suerte no necesitaría, ejem, ir al baño y abandonar mi cotizadísimo observatorio. Además, y esto es importante, contaba no sólo con un apoyo logístico de valor incalculable para acercarme un bocata o un botellín de agua en caso de desfallecimiento, sino con la (inesperada, lo confieso) amabilidad de los encargados de seguridad, que desde el foso no dudaron en distribuir algunos botellines entre los apretados ocupantes de las primeras filas. Todo se reducía a ver si era capaz de mantenerme firme en mi puesto durante todo ese tiempo, pensé que sí, y lo cierto es que me equivoqué: en cuanto acabó el concierto de Albarn, las superfans de Blur que ocupaban la primera fila dieron por finalizadas sus entregadas tareas, y la liberaron ante mis atónitos ojos en su parte central. En EL SITIO. Chicas: estéis donde estéis, seáis quienes seáis: gracias. En serio. Nunca le contaré al mundo lo de vuestras conversaciones sobre los calzoncillos azules de Albarn en Hyde Park, o la erección que se le nota en no se qué concierto en DVD. Me hicisteis el tío más feliz de la tierra, y os hubiera abrazado si no llega a ser porque el espontáneo abrazo de un tío que os dobla la edad (¡con un sospechoso parecido a Freddie Mercury, además!) hubiera provocado una avalancha que ríete tú de lo de The Prodigy.

Pero no adelantemos acontecimientos, porque antes de escuchar al desdentado líder de Blur (¿no le llega para arreglarse la piñata?), y desde luego bastante antes de estar situado entre las piernas de Thomas Mars, y no hablo metafóricamente, el sábado arrancó con la actuación de los corrosivos Triángulo de Amor Bizarro. Los coruñeses estuvieron bastante bien, sobre todo si tenemos en cuenta la chicharrera que tuvieron que aguantar, y lo poco colaborativo de una primera fila a la que se le notaba demasiado (los amorosos carteles destinados a Damon y las azuladas camisetas del Club De Fans Pet Shop Boys España dejaban poco lugar a las dudas) que aquello no pasaba de pasatiempo, a la espera de platos más sustanciosos.

Tras un descansito (que aproveché como el 80 % de los presentes para sentarme y leer mensajitos del whatsapp) salió Damon Albarn a encandilar por igual a las superfans y a los que veíamos con un cierto escepticismo las posibilidades de trasladar a un escenario festivalero el pop-soul tranquilo de  “Everyday Robots“. Mecachis, pues lo consiguió, y no sólo tirando de temas más vitaminados de Blur, Gorillaz o The Good, The Bad & The Queen, sino también dejando que la tensión se diluyera para dar paso a los elegantes temas de su album en solitario. Sonaron muy bien las delicadas “Photographs (You Are Taking Now)“, “Heavy Seas Of Love“, “Hollow Ponds” y (es una debilidad) “You And Me“, y si algo dejó claro es que pese a la imagen gamberra -que apenas lograba camuflar su impoluto aspecto- el tío es un grandísimo compositor de canciones. Y encima acabó (coro gospel incluido) con “Tender“: de lujo.

Y ahora, para darle emoción, vamos a saltarnos la parte en la que estoy entre las piernas de Thomas Mars (y no hablo metafóricamente), y vamos a reconocer que me colé cuando aseveré que sonaría “Love Is A Bourgeois Construct“, en el espectacular concierto de Pet Shop Boys con el que un servidor dio el SOS 4.8 de 2014 por terminado. Lo de Tennant y Lowe empezó algo flojo para mi gusto (¿de verdad proyectar un vídeo y a continuación interpretar “One More Chance” ocultos tras la lona era lo mejor que se les ocurrió para el principio?) pero fue ganando en intensidad conforme las ENORMES canciones del dúo se iban desgranando. Porque sí, los bailarines, los rayos láser, los múltiples cambios de vestuario, la puesta en escena: todo es tan grandioso como cabría esperar de un concierto de los londinenses, pero nada de eso tendría sentido si no fuera por las canciones (qué digo canciones: himnos) que ha firmado el dúo a lo largo de su fructífera carrera. No sonó “Left To My Own Devices“, pero si lo hicieron “Rent“, “Always On My Mind“, o “Suburbia“, así que nada que objetar. Incluso temas que no son ni mucho menos mis favoritos de su repertorio (hablo de “Domino Dancing“, a la que tengo una cierta manía, o una “Go West” a la que nunca acabé de cogerle el punto) acabaron conmigo berreando sobre la valla como si no hubiera un mañana: me lo pasé pipa.

Y ahora sí, vamos con Phoenix, esa banda de Versalles de la que habíamos hablado por aquí sólo para referirnos a su desconocida prehistoria o su último disco, y que prácticamente todo el mundo conoce por lo sucedido entre ambos hitos. Pero antes de que os cuente lo del momento en el que estuve entre las piernas de Thomas Mars, y no hablo metafóricamente, dejadme que os diga que los franceses dieron el energético concierto que todos estábamos esperando, convenciendo incluso (lo he leído por ahí) a aquellos que profesan poca simpatía por el fashion-pop de Thomas Mars y compañía. Tiraron con inteligencia de hits in-fa-li-bles (“Entertainment“, “Lisztomania” “1901” o “S.O.S. In Bel Air“), se permitieron el lujo de arriesgar con piezas poco festivaleras (“Bankrupt” o “Love Like A Sunset”) que acompañaban de un despliegue visual de gran elegancia, se acordaron de incluir la maravillosa “Rome“, tiraron de clásicos como “Consolation Prizes” o “If I Ever Feel Better“, y, ahora sí, me regalaron uno de los momentos musiqueros de los que más me voy a acordar en mi vida. Porque efectivamente: ha llegado el momento de hablar de aquella vez en la que (no hablo metafóricamente) estuve entre las piernas de Thomas Mars.

Sucedió durante la interpretación de “Lasso“. El espigado marido de Sofia Coppola se dejó llevar por la energía de este tercer single del fantabuloso “Wolfang Amadeus Phoenix” y se acercó a la valla donde los asistentes nos sacudíamos al ritmo excitado (“Where would you go / Where would you go with a lasso? / Could you run into, could you run into / Could you go and run into me?”)  del estribillo. No se conformó con vernos saltar como poseídos por el chispeante synth pop de la banda, el tío se subió sobre la valla con ayuda del personal de seguridad de su equipo, y se entregó encantado al delirio colectivo: puro entretenimiento. Y yo, pues hombre, me gustan mucho los Phoenix y tal, pero como que no me veía metiéndole mano a este señor.  Sumadle a eso una connatural y velocísima capacidad para hacer el bobo, una tremenda elasticidad facial capaz de transformar mi sonrisa en la expresión de un lunático, y, lo más importante de todo, el feliz descubrimiento de una cámara de fotos apuntando, justo hacia nosotros, en el momento preciso. Como una ola gigante, como un tsunami de tontunez y euforia como pocas veces se ha visto, ahí estaba, frente a mí, la ocasión de oro para hacerme una de esas fotos que uno no va a poder hacerse muchas veces en la vida…

 

Agradecimientos a toda esa gente estupenda que hace posible el festival, a Isabel Cortés por la foto que encabeza este post, y a mi querido J. por esta instantánea impagable de más abajo: en el lugar adecuado, en el momento exacto.

Entertainment!

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4 pensamientos en “Lasso – Phoenix

  1. Querido Sr. Helvética;

    El citado festival murciano me ha dado increibles y maravillosos momentos, pero reconozco que con este me he reido (y sigo haciéndolo) de lo lindo. Ahora creo que el hecho de que usted viniera solo ha favorecido que pudiera disfrutar aún más de su compañía.
    Larga vida al SOS.

  2. Maravillosa entrada. Y esa foto es más grande que la vida, Diego. Y por fin te veo el bigote. OVACIÓN DEL PÚBLICO

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