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Segunda entrada de las tres que voy a dedicar a este increíble fin de semana que me acabo de meter entre pecho y espalda. Esta vez, no se trata de predicciones fallidas (no, no la tocaron) sino de la muy personal crónica de dos días llenos de intensidad, una maravillosa borrachera musical cuya única resaca es la sensación de tener mucha suerte por ser uno de esos seres diminutos a los que la música les hace sentir gigantes.

La edición 2014 del festival SOS 4.8 empezó para mí este pasado viernes con la “conferencia” (un tío hablando, apuntes sobre un atril, un tema más o menos acotado: vamos a llamarlo conferencia) de Kiko Amat, bajo un maravilloso techo de globos plateados. La cosa iba de peleas, y aunque quizás eché en falta en su puesta en escena la soltura que tiene como articulista o escritor (a punto estuve de acercarme, al acabar, para decirle cómo me río con sus artículos en Playground, pero si el de Sant Boi de Llobregat se reconoció en la charla como un cagón, yo lo que soy es un cagado, y al final no lo hice), la verdad es que tuvo su gracia y fue una buena forma de anticipar el  modo en que acabaría la noche.

De ahí al escenario principal, donde tenía una cierta curiosidad por escuchar a los irlandeses The Strypes. Fue una buena idea: esos cuatro chavales destilan un rock pantanoso de vieja escuela que a priori resulta difícil de creer viniendo de alguien tan insultamente joven, y sin embargo ahí estaban, a sus diecipoco años, lanzando guitarrazos y solos de armónica que en mucho me recordaron a -palabras mayores- los monos árticos de Alex Turner. Al final convencieron.

De The Kooks, con todo el respeto para los fans de los ingleses, no esperaba nada particularmente excitante (así de sencillo, no son lo mío), así que me encaminé a toda velocidad al segundo de los escenarios, en relación a su importancia, dispuestos en el recinto. Allí me esperaban (es un decir: cuando llegué la actuación andaba ya por los diez minutos) los argentinos Él Mató A Un Policía Motorizado, que son quienes van a poner música a esta entrada.

Los rockeros de la ciudad de La Plata no decepcionaron, y la verdad es que se notaba lo que la entregadísima parroquia disfrutaba de esas canciones. Brillaron especialmente las pertenecientes a su último disco, ese “La Dinastía Scorpio” que en 2012 (2013 en España, de la mano de Limbo Starr) dejaba ver el salto que habían dado los músicos en los ocho años transcurridos desde su debut, y que incluye entre sus once canciones -por lo menos- cinco pistas que pasan del notable.

Veamos: la música de El Mató A Un Policía Motorizado (se supone que el nombre pretende reírse un poco de los que se ponen algunas bandas de rock, pero no sé si la broma privada funciona demasiado bien)  puede recordar a a los primeros Interpol en la forma de acercarse a la pulsión excitada de las guitarras (ahí están para demostrarlo “Mujeres Bellas y Fuertes“, o como decían los carteles que sostenían tres de los asistentes entre el público: “Mujeres”.”Beshas”.”Fuertes”;  o las estrofas de esta estupenda “Chica De Oro” que podéis descargar aquí. Paréntesis dentro del paréntesis: cuando llega el glorioso estribillo de este último tema, aquello deja de ser Interpol. Esos “Jenny, algún día, Jenny… / Todo lo que ves, todo lo que ves será nuestro, nena..” son, me vais a llamar obseso, puro Pulp. Cierro paréntesis dentro de paréntesis), pero por encima de la de los neoyorquinos de Paul Banks, la referencia ineludible es la de nuestros paisanos Los Planetas.

Basta escuchar esos temazos llamados “Más O Menos Bien“, “La Cobra” o (sobre todo) “Nuevos Discos” para entender por qué J profesa tanta admiración por la música de la banda argentina: tan concisos como hirientes en lo lírico, tan efectivos como emocionantes en lo melódico, los motorizados pueden llegar a ser más planeteros que la propia banda de J, Florent, Eric y compañía. Y el público asistente a su concierto en el SOS 4.8 lo sabía, y se desgañitó a gusto cantando esos himnos épicos de amor y despecho: disco y banda para recomendar.

Y para terminar esa primera jornada de viernes, y picado por la curiosidad, no se me ocurrió nada mejor que renunciar a Za! y acercarme a las primeras filas del escenario principal donde en cuestión de media horita o así iba a comenzar la actuación de The Prodigy. A ver, me explico: ni soy un gran seguidor de la banda (ni siquiera en los tiempos gloriosos de “The Fat Of The Land” iba mucho más allá de la inmediatez de “Firestarter” o “Smack My Bitch Up“), ni esperaba gran cosa de un grupo atascado en una fórmula algo limitadita. Pero no sé, quizás fueron las ganas de comprobar la puesta en funcionamiento del montaje que tenía lugar sobre el escenario las que me llevaron a buscar un sitio, que conforme pasaban los minutos iba siendo más y más angosto. El caso es que me gustaría poder hablaros de lo catárticos que resultan esos trallazos en directo, de la sensación de salvajada que aún retienen los hits de los ingleses, pero si lo hiciera estaría contando sólo la verdad a medias. Aquello no fue exactamente un concierto. Quiero decir, sí hubo canciones, pero durante su ejecución estuve más preocupado de preservar mi integridad que de la simple escucha: antes de que pudiéramos -de un rápido vistazo- constatar lo mal que le sientan a los años a Liam Howlett, ya se había desatado la histeria colectiva. Muy probablemente, lo más cerca que un menda va a estar del pogo que robaba el espectáculo a The Pogues, o de una  fiesta de skin-heads alcoholizados que escucharan sobre un escenario a Adolf Hitler, Rudolf Hess, Joseph Goebbels y el doctor Menngele tocando death-metal:  una auténtica competición de kung-fu colectivo en la que me cayeron palos de todos lados, un tsunami de energía (mal canalizada) que dispersó parejas, provoco auténtica angustia entre algunas de las asistentes más jóvenes, y trasladó la fisicidad del techno-punk del trío a un sitio entre mis costillas que yo ignoraba. Aguanté como un campeón, incluso cuando la cosa degeneró (aún más) y los machos alfa de la manada -esa era la sensación, la de estar en medio de una manada de búfalos en estampida- se quitaron las camisetas, permitiéndome disfrutar del contacto directo de sus espaldas sudadas. ¿Que si estuvo bien? Mmmm.. yo diría que como experiencia vital, no estuvo mal para un chico como yo, tan poco acostumbrado al peligro. ¿Que si repetiría? Ni de coña, amigo.

Y eso es lo que el viernes dio de sí ¿”Más O Menos Bien“, como cantan Santi (grrashiassss) Motorizado y sus secuaces? Yo diría que incluso mejor que eso, pero la vista -lo reconozco- la tenía ya entonces puesta en el festín que nos esperaba en la jornada del sábado: con la crónica de ese día in-su-pe-ra-ble acabaremos este especial.

Agradecimientos a Chema Helmet. Fotografía Instrumental, por la foto.

4 pensamientos en “Chica De Oro – Él Mató A Un Policía Motorizado

  1. A mi también me sorprendieron gratamente The Strypes y lo que animaron a gente de todas las edades, y sí, jovenzuelos jovenzuelos. The Kooks yo creo que me gustaron más la otra vez que vinieron, estuvieron sosetes. Ya todo indicaba que el sábado disfrutaríamos el doble.

  2. Mismo recinto. Mayo de 2009. 18 añitos me contemplaban. El final de Babyshambles me arrastra hasta la segunda fila del escenario principal junto a dos amigos. El ambiente se va enrareciendo y nosotros estamos cada vez más acojonados: van a empezar The Prodigy y somos unos auténticos pardillos entre tanta bestia parda. No me preguntes nada del show, a los dos minutos estábamos huyendo. Fue un rato malo, malo. No sé cómo alguna chica no murió aplastada, ciertamente. Ahora me río y, sobre todo, no olvido: si quiero primerísimas filas, siempre me escoro. Nunca en todo el meollo. FIN.

    • Querido Víctor: espero demostrarte con mi próximo post las ventajas de estar en el meollo (ciertamente, no en el concierto de The Prodigy). Estáte al loro de esa muy próxima publicación (y dile de paso a Aleix que ya sé que le debo algo, pero es que esto del SOS me ha tenido muy atareado..)

      Miss Cocker: sólo tú sabes cuánta razón tienes, jejejeje.

      • Ja ja, ya, si luego yo estoy encantado de saltarme mis principios y ponerme en el meollo, aunque depende del quién y el dónde. Precisamente Phoenix me pillaron bien centrado y cerca en el pasado PS. Y lo pasé estupendamente, aunque no tenga ningún documento fotográfico a la altura del tuyo (¡es mortal!) que lo acredite.

        Se lo diré a Aleix. ¡Saludos!

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