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Pues que me tira a mí mucho la cosa esta de la electrónica vintage, qué le vamos a hacer. Hay algo ciertamente romántico en la imagen de esos pioneros, convencidos incorregibles de que era posible (¡necesario!) extraer emociones de aquellos trastos; de que el futuro, frente a lo que dicta el más elemental de los principos físicos, podía ser alcanzado desde el presente manipulando controles y apretando botones. De modo que ni será la primera vez que me refiera a estos entrañables cosmonautas, ni tampoco la última, pero al menos en esta ocasión no se trata de Giorgio Moroder (casi un habitual de estas páginas), sino de una joyita que he descubierto gracias al recopilatorio “Cosmic Machine: A Voyage Across French Cosmic & Electronic Avantgarde (1970-1980)“, de reciente publicación. La cosa va sintetizadores retro, claro, y los resultados basculan entre lo definitivamente hortera (ni siquiera lo salva la todopoderosa nostalgia) y lo sublime. Por expresarlo de un modo más gráfico, en la colección tienen cabida new age, synth-pop, vanguardia y hasta sinfonismo: todo lo que es posible en un arco en el que los extremos están ocupados por lo que los franceses conocen como “los dos Jeans”. Hablamos, claro está, de Jean-Michell-Jarre y Jean-Jacques Perrey.

Claro, ocurre lo que ocurre: que a menos que uno sea un fan irredento de Vangelis y orgulloso poseedor de todas las versiones habidas y por haber de “Oxygène“, es fácil que se le indigeste más de un tema del lote. Sin embargo, los que descarten la escucha del disco con aires despectivos se estarán perdiendo también cosas que valen (y mucho) la pena: entre las pistas seleccionadas podemos encontrar los experimentos electrónicos de ¡Serge Gainsbourg! (vale, la canción no mola tanto, pero como rareza es impagable), antepasados evidentes (varios) de Air o Lindstrøm, la asombrosa y muy espacial “Magic Fly“, de la que ya nos ocupamos en estas páginas, y esta otra canción, que aunque ha sido olvidada de un modo tan clamoroso como ocurre con el genial tema de Space, en modo alguno lo merece.

El caso es que muy probablemente no sea Space Art el grupo ideal para ejemplificar la gloriosa transición que se hizo en el país galo desde la música disco hasta los años dorados del French Touch, pero sí que resulta evidente que su “Love Machine” es uno de los temas que mejor ha aguantado el paso de los años. La vigencia de ese pop cósmico está fuera de toda duda, hasta el punto de que cuando uno escucha las voces vocoderizadas y los ritmos sincopados no puede dejar de preguntarse si de verdad se merecen los Daft Punk toda la atención que concitan, cuando más de 30 años antes ya había gente sonando así.

El tema estaba incluido en su disco “Play Back“, que desde luego no es el que yo recomendaría del grupo (los dos primeros álbumes del grupo son algo más decentes y se alejan un poco de la papilla synthetizer), pero sin duda alguna es la mejor canción que llegaron a firmar Dominique Perrier y Roger Rizzitelli, y una maravillosa sorpresa para los que desconocíamos su existencia. Venga, me dejo de charla, dadle al play y luego vais a presentar vuestras reclamaciones a ese par de copiones apellidados Homem-Christo y Bangalter. Ni harder, ni probablemente better, y desde luego tampoco faster o stronger, pero esto ocurrió en 1980. Mil-no-ve-cien-tos-o-chen-ta.

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