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La cuestión se reducía a algo tan sencillo (¡y a la vez tan complicado!) como si era posible mantener o no a The Rubettes repitiendo aquel obsesivo “Bop-shu-waddy” durante los 3 minutos y medio que dura el tema. Tenían la melodía perfecta, tenían el falsete delirante de Paul Prewer (más conocido como Paul DaVinci, ahí es nada), y hasta tenían -en aquel 1974, por lo que parece, era algo cuya necesidad estaba fuera de toda duda- las absurdas boinas blancas a juego con los ceñidísimos e inmaculados trajes. Así de simple: sólo tenían que aguantar 210 segundos de “Bop-shu-waddy” (algunos menos, en realidad, pero de cualquier forma ahora un triste sampler le quitaría toda la gracia al asunto) y alcanzarían la gloria. El productor y músico Shury Gerry lo dio por imposible, y (afortunadamente para nosotros) se equivocó.

Reducir la historia de The Rubettes a la maldita etiqueta de one hit wonder probablemente sería muy atrevido, pero que levante la mano el que conozca algún otro tema de estos ingleses. La cosa iba de bubblegum, ese género tan denostado por algunos como adorado por otros, y que no deja de ser algo así como llevar el pop hasta los límites últimos de su propia definición, es decir: melodías tan azucaradas como memorables, simplicidad en los acordes, repetición – repetición – repetición – repetición hasta el límite de lo obsesivo de un leitmotiv capaz de incrustarse bajo el cortex cerebral de miles de consumidores (mayoritariamente adolescentes), sedientos de música optimista, y a menudo también una mirada nostálgica al pasado.

Y ya que estoy en plan didáctico, un apunte sobre el género: el bubblegum es una cosa originaria de finales de los 60, que funcionó más o menos de forma continuada hasta que la explosión punk de 1977 dinamitó cualquier posibilidad de darle más cancha al asunto (a menos, claro está, que fueras un inadaptado y lo que quisieras fuera morir apaleado a manos de tus compañeros de instituto), cuando no acabó asimilando directamente sus preceptos (léase Ramones). En cualquier caso se trata de una revisión naif y desprejuiciada de las dos décadas anteriores, de modo que por muy kitsch y muy divertidas que nos resulten a veces los caprichos de las modas, si es anterior a 1967 (por ahí andará la cosa) probablemente no sea del todo correcto adjuntarle la chiclosa etiqueta, y de lo que se trata es de puro pop, más o menos púber.

Vamos entonces con The Rubettes: el proyecto nace en el despacho de Wayne Bickerton y Tony Waddington, compositores (¡son los firmantes del “Summertime Girl” de Los Íberos!) y mandamases en el sello Polydor con la sagrada misión de lanzar un grupo que pudiera plantar cara a las agrupaciones revivalistas del rock de los 50 de la competencia, y hacerlo además aprovechándose de la descomunal plataforma publicitaria que era por aquellos años el festival de Eurovisión, algo que, inexplicablemente visto el resultado, no acabó cuajando. “Sugar Baby Love” fue ofrecida en primer término a unos tales Showaddywaddy (atención a lo gráfico del nombre, y me remito al primer párrafo), quienes rechazaron el tema por encontrarlo “demasiado comercial”. Tuvieron buen ojo en lo que respecta al indudable gancho melódico del tema, pero la verdad es que, de haber aprovechado la ocasión, tanta comercialidad les hubiera hecho ricos y muy famosos: en su lugar triunfaron unos desconocidos reclutados por la pareja de autores, bautizados rápidamente como The Rubettes. La banda la componían Alan Williams a la guitarra y voz (¡acaba irremediablemente recordando al Nick Rivers de “Top Secret”!), John Richardson (batería y coros), Mick Clarke (bajo y coros), Tony Thorpe en la primera guitarra, Pete Arnesen al piano, y Bill Hurd como teclista. Como unos Archies de carne y hueso (esto va con segundas, porque el tema lo grabó Da Vinci con el apoyo de músicos de sesión, y luego se quitó de en medio), The Rubettes empezaron a ascender meteóricamente en las listas de éxitos europeas -en los EEUU la acogida fue más discretita- y lograron a la primera el que sería el gran triunfo de su carrera. Hortera, almibarado, lo que queráis, pero insuperable en su búsqueda de la perfecta canción pop: qué fácil resulta convertir en algo risible toda aquella parafernalia, minusvalorando una canción estupenda, y qué difícil resultará explicarle a nuestros nietos algunas de las cosas que hoy en día nos parecen normales.

Sugar Baby Love” lo tenía todo para triunfar: una melodía tan obvia como irresistible, juegos vocales capaces de fulminar a un diabético, campanillas (de campanillas) y hasta un monólogo supuestamente sexy con el que Richardson podía ejercer de seductor galán mirando a cámara. Sumadle a esto un mensaje facilito de defensa del amor por encima de las convenciones y quedará explicada la conexión gayer del tema, sin que eso signifique en modo alguno que el producto se dirigiera específicamente al público homosexual. Supongo que es algo que ocurre a posteriori, y que tiene más que ver con la capacidad del colectivo gay (estoy generalizando, por supuesto) para asumir lo camp y el pasado reciente del que la ortodoxia abomina, y ser los primeros en reivindicar lo que se sale del buen gusto establecido. Bastará un vistazo a cualquiera de las actuaciones de The Rubettes para que se entienda bien lo que quiero decir: disfraces estrafalarios, coreografías imposibles, actitud deliberadamente ambigua y delirio colorista (mal) disfrazado de inocencia. Vamos, el sueño húmedo de -respeto- Paco Clavel. No es de extrañar, por ello, que la canción a la que va dedicada esta entrada apareciera incluida en dos películas tan gay-friendly como son la fantástica “La Boda de Muriel”, o la más reciente “Desayuno en Plutón” (ahora copio de otros artículos: no he visto esta última peli de Neil Jordan). Escuchadla, y si después queréis rebajar el nivel de azúcar poniéndoos el “Benji” de Sun Kil Moon, pues me parece muy bien. Pero ahora dadle al play, pardiez: Disneylandia os espera al otro lado del click.

 

Sugar baby love, sugar baby love
i didn’t make to make you blue
sugar baby love, sugar baby love
i didn’t mean to hurt you.

All lovers make, make the same mistakes, yes they do
yes, all lovers make, make the same mistakes as me and you

Sugar baby love, sugar baby love
i didn’t make to make you blue
sugar baby love, sugar baby love
i didn’t mean to hurt you.

People, take my advice
if you love somebody
don’t think twice.

Love you baby love, sugar baby love
love her anyway, love her everyday

8 pensamientos en “Sugar Baby Love – The Rubettes

  1. Probablemente una de las canciones más repetidas y bailadas de los “guateques” setenteros. A mi me ponía a 100. Como bien dices fue un bombazo en UK y en Europa.
    Lo curioso es que tuvieron una carrera longeva, llegaron a publicar en el 95, pero, efectivamente, nunca he escuchado ninguna otra canción de ellos, esta se las engulló sin remedio.
    Buen recuerdo.

  2. Todo empezó por un compañero de clase Enrique Pascual Buenache y “El Buenache” mi compañero de pupitre, me dijo que me apuntara al equipo de su barrio,y así lo hice (era muy pesado)
    .
    Aunque toda mi vida había jugado de 8 ó de 10, me pusieron de portero, no porque fuera malo (que no lo era) pero es que tenían todos los puestos ocupados menos el de portero.
    Los Momias se llamaba el equipo … y yo era el portero de Los Momias.

    Estábamos en la EGB cuando salió esta canción, y “El Buenache” era un enamorado de esta canción y me enseño a escucharla,
    puede que fuera la primera canción que escuché con interés, …incluso la pasamos al castellano, a golpe de diccionario.

    “El Buenache” murió, como muchos de mi generación por las drogas, y siempre que oigo está canción me acuerdo de Los Momias y del “Buenache” … en fín
    Malditas Drogas.

  3. Algunos apuntes, al por otro lado, tu excelente artículo. La banda si tuvo otros éxitos (Juke box jive, I can do it y Julia), menores ciertamente, pero importantes, a poco que hagáis un esfuerzo, los recordaréis. Tonight, fue la lógica secuela del Sugar y con otro falsete antológico. Tres miembros del grupo si intervinieron en lo que era la maqueta original para ofrecer a otros grupos del mencionado tema. Por último os animo a escudriñar en la discografía de Rubettes, os sorprenderá por donde fueron sus derroteros con el paso del tiempo y sobre todo el cambio radical que supuso su trayectoria posterior. Ahora se acaban de reeditar sus 5 primeros albumes con un interesante libreto. Curiosamente fueron los que aparecieron por España, es una gran oportunidad para pasar un buen rato con una formación, que ha dejado una pisada (no huella) en el pop, en los que ya somos cincuentones.

    • Tomamos buena nota de esos apuntes, PACO. Es evidente que los das con buen conocimiento de causa, y qué voy a poder objetar yo, a quien -por una simple cuestion de edad- todo esto le queda muy lejos ¡Muchas gracias por leer, y por tu interesante aportación!

    • Como equivocarse es humano, una breve aclaración: En esa caja con 5 de sus LP’S reeditados en formato CD y que vieron la luz el pasado 26 de Febrero, existe un título que nunca se editó en España, se trata de su 33 RPM “Sign of the times”, donde estaba incluido “Julia”, que por aquí sirvió como promoción a su recopilatorio “The Best of…”, curioso ya que en la portada aparecían los 6 miembros originales y en su contraportada los 4 restantes en 1.976, y también por contener temas que ya no pertenecían a Wayne Bickerton y Tony Waddington, marcando la siguiente etapa de la banda, que tomó sus propias riendas al componer sus miembros la mayoría de las canciones a partir de dicho momento, con producción de ellos mismos y Alan Blakely uno de los miembros de Tremeloes.

      • Buenas noches! Desde 1976 son 4 los miembros de la banda, eso sí… con constantes cambios. En 1.975 Bill Hurd, su teclista, abandonó la formación, reingresó en los 80, volvió a separarse en el 2.000 y entonces pasó, lo que muchas veces sucede, Hurd y el líder y voz solista Alan Williams, pleitearon para quedarse con el nombre y el grupo se partió en dos. El de Williams es el que mantiene el mayor número de componentes originales (3), exactamente, y mantienen vivo el legado Rubettes. Bill Hurd ha modificado en dos ocasiones todos los componentes de su formación, solo el estuvo en la década de los 70 y en alguna fase ha contado también con Paul da Vinci, que hizo los espectaculares falsetes del Sugar y el segundo sencillo, Tonight, pero que nunca perteneció de facto a los Rubettes originales.

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