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Echadle la culpa a Juanra, el de Moonpalace Records: tanto insistir el hombre con que Barzin, y Barzin y Barzin, en su cuenta de Twitter, en las entrevistas que concede, en los fanzines que firmaba, en todas y cada una de las ocasiones que se le prestaban para lamentar que el preciado trofeo canadiense no luciera aún en los estantes de su consentido sello discográfico, que al final acabé por apearme del burro y darle una oportunidad a una música (la de Barzin Hosseini) tan hermosa como merecedora de nuestro tiempo.

To Live Alone In That Long Summer” se publicó hace cosa de un mes, después de una muy larga gestación, si consideramos que han sido cinco los años transcurridos desde “Notes To An Absent Lover” (destacado en su momento por Mojo Magazine como “Disco de Americana del Mes”): visto el resultado, la espera bien ha valido la pena. Lejos de la desnudez de sus inicios, más fácilmente encasillables en aquello que llaman slowcore (me consta que algunos lo consideran su mejor etapa, pero un servidor quizá se queda con lo acontecido a partir del tercer largo, un Barzin menos crudo y más rico en arreglos) el cuarto disco del canadiense marca una importante cumbre en la -últimamente, muy transitada- cordillera del folk-pop melancólico y confesional. Es este un álbum reposado y sin relleno, probablemente uno de los que más escuchas acumulan en mi contador de reproducciones en este 2014, y de un modo aún más probable, uno de los que más desapercibidos va a pasar entre los medios. ¿Una debilidad personal, entonces? Francamente, no lo creo: el único pero que se le podrían poner a esas nuevas canciones es precisamente que no conseguirán hacerse oír del modo en que lo merecen. De modo que fans de Sparklehorse y Red House Painters: esto es para vosotros; amantes en general de las canciones hermosas teñidas de melancolía: para vosotros también.

Los primeros acordes de la mágica “All The While” esbozan en apenzas unos segundos lo que encontraremos dentro del disco: la luz del amanecer encendiendo poco a poco los colores pastel de los tejados y las fachadas urbanas, la gratificante nobleza del tacto de la madera en un escenario (el de todos nuestros días) que apenas nos permite vislumbrar la naturaleza, la honestidad -a veces, dolorosa- que sólo es posible en el marco de una cierta intimidad. Le sigue “Without Your Light“, una hermosa pieza con aires de americana en la que las guitarras son protagonistas, y a estas les toma el relevo el piano: el que arma el esqueleto melódico de “In The Dark You Can Love This Place” (hola, Will Oldham: bienvenido al fantástico club de la incomunicación y la soledad).

Más canciones que me gustan mucho: “Fake It ‘Til U Make It” es lo más cerca que podemos estar de encontrar un hit, y diría que si hay una canción capaz de hacer por Barzin lo que “The Desert Babbler” hacía por Iron & Wine, es esta. El mismo  Barzin H. parece repetírselo una y otra vez: créetelo hasta que realmente ocurra, o llevado de forma estricta al terreno de lo musical: si a Wilco les ha funcionado la fórmula, por qué diablos no le iba a funcionar al de Toronto. (Quizá porque la canción no deja de ser una perfecta reflexión acerca de nuestra capacidad para engañarnos respecto a cómo son las cosas en realidad, y cómo nos gustaría que fueran…). “You Were Made For All Of This” empieza recordándome a la cadencia (casi de bossa) de “There She Goes“, la canción de esos otros campeones de la sensibilidad y lo exquisito llamados House Of Wolves, pero enseguida el tema vira hacia otros derroteros más áridos, pero igual de disfrutables. Por último, la esperanzada “Lazy Summer“, (“Lazy summer is coming back again/ All those lovely girls and lonely boys/ will soon fill the streets…”) marca otro de los puntos álgidos de un disco que se pasa en un suspiro, y que sólo acaba en realidad cuando el corazón se te recupera del encogimiento.

Stealing Beauty” no ha sido especialmente reseñada en las críticas que he tenido ocasión de leer sobre este disco, y quizá sea por lo evidente de su belleza en un disco en el que todo ocurre de un modo tan sutil. Quizá sea en esta canción donde la producción (sublimes los arreglos de cuerda) más barniza la autenticidad de la que hacen gala otros de los temas del disco, pero, mecachis, uno es como es, y muerde el anzuelo como un pescadito inocente. Y además, ese cambio de ritmo -cuando nos acercamos al minuto y medio de canción- me genera auténtica adicción: lo que parecía ser un tema apenas colgado sobre un sobrecogedor arpegio de guitarra, adopta de pronto unos irresistibles aires western, y despliega ante nosotros un incomparable panorama.

Discazo, pues: produce Nick Zubeck, y colaboran otros canadienses ilustres como Tony Dekker (Great Lake Swimmers), Daniela Gesendheit (Snowblink) o Tamara Lindeman (Weather Station). Haceos un favor y dadle una escucha aquí: será sólo -sois gente sensible, me consta- la primera de muchas.

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