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Que le pregunten a Stuart Murdoch, a ver qué opina de “Wan Light” de los también escoceses Orange Juice. Programado para ser lanzado como single de aquel milagro llamado “You Can’t Hide Your Love Forever“, finalmente el tema tuvo que conformarse con engrosar el listado de canciones de un disco que (consta en las hemerotecas) en su momento fue tildado por la crítica más entusiasta como “el mejor álbum de pop de la historia”. De acuerdo, quizá la canción no alcanzó en su momento la relevancia que sí tuvieron (hablemos claro: entre los entendidos) “Falling And Laughing“, “Felicity”, o no digamos la muy exitosa “Rip It Up” (del segundo disco homónimo que sacaron en ese mismo 1982, tan sólo unos meses después), pero sin duda alguna merecería un lugar al lado de aquellas en una selección de las mejores creaciones de sus autores, cuando no en una lista de los temas imprescindibles de la década de los 80.

En fin, no voy a explayarme mucho sobre las bondades del disco, en primer lugar porque bastante (y mucho mejor de lo que yo lo pudiera llegar a hacer) se ha escrito ya sobre el mismo, pero también porque es seguro que volveremos en futuras entradas sobre un tracklist al que lo que le sobra son precisamente canciones enormes. Por decirlo de un modo claro, hablamos de uno de los pilares fundacionales del indie británico, una deliciosa fusión de herencia post-punk, popNorthern Soul que se convirtió por derecho propio en referencia ineludible para todo lo que han dado de sí los treintaypico años de música independiente que han transcurrido desde entonces. Reeditado por Domino a finales de 2013, del mismo modo que lo hicieron con el material de sus contemporáneos Aztec Camera, la nueva edición del debut de Orange Juice debería favorecer la -aún necesaria- reivindicación de un grupo no lo suficientemente valorado por el gran público: por si no ha quedado ya lo suficientemente claro, este es un disco que importa.

Pongámonos en situación, en el Reino Unido de principios de 1982. El antiguo imperio se halla sumido en una profunda crisis que hunde día tras día la popularidad del gobierno de Margaret Thatcher (algo que sólo se enmendaría con el inicio en abril de la guerra de Las Malvinas, qué cosa más triste), y quizá como reacción a aquel panorama gris de huelgas, atentados del IRA y desmantelamiento del sistema público, en la más brumosa y fría de sus tierras surge aquello que acabaría llamándose “el sonido de la joven Escocia”: una música tan dulce como ácida, colorida y vitaminada, como sólo puede serlo un zumo de naranja recién exprimido.

En realidad, y como suele ocurrir, las cosas no sucedieron así, de pronto: en enero de 1978, antes de que Edwyn Collins (guitarra y voz), David McClymont (bajo), James Kirk (guitarra y voz) y Steven Daly (batería) publicaran su música bajo el alias de Orange Juice, ellos ya se habían presentado en su Glasgow natal como Nu-Sonics. Claro que por entonces el suyo era un sonido mucho más vinculado al punk, en plena eclosión, pero ya se veía venir que aquellos no eran otros tipos con imperdibles en la chupa y cresta: a las exquisitas maneras de la formación sobre el escenario (nada de altercados públicos) se unía una imagen francamente desconcertante (¿chaquetas cruzadas? ¿bombachos? ¿sandalias?), pero muy representativa de la incapacidad del grupo para encajar en los estándares del momento. Menos aún cuando finalmente Polydor (la buena acogida de los primeros sencillos grabados para Postcard Records acabaron por contribuir al fichaje) publicó “You Can´t Hide Your Love Forever”, el alegre y energético tratado de pop que desafiaba incluso desde su elocuente título el nihilismo pesimista del “no future”. En un mundo que acaba prácticamente de asistir a la publicación de la casete C-81 del NME, pero al que todavía le faltaban dos años para la publicación del primer disco de The Smiths, nadie sabía aún muy bien cómo catalogar aquello: quizá eso es lo único que puede explicar que la gente no enloqueciera (de hecho, en lo comercial resultó ser algo bastante parecido a un fracaso) con las canciones de un disco tan monumental.

El tiempo pone las cosas en su sitio (aunque a veces, desgraciadamente, no lo suficiente) y hoy el álbum es reconocido por muchos como un inmejorable ensayo acerca del desamor y nuestra capacidad para sobrevivir a él, mezclando alegría y frustación de una forma que entonces era prácticamente inédita: mucho tiempo después vendrían más escoceses ilustres a destilar la fórmula, y a convertir de paso la nación más septeptrional del Reino Unido en toda una super-potencia musical, pero no está de más recordar que antes de The Jesus And Mary Chain, de Primal Scream, de Teenage Fanclub, Belle and Sebastian, o Franz Ferdinand, estaba la perfección radiante de “Wan Light

Rematemos: la canción resume como poca el espíritu de Orange Juice. Hablamos de guitarras agitadas, casi funk; melodías henchidas de optimismo e inequívocas declaraciones de amor, cantadas con la singular entonación de Collins, muy alejada de los estándares acostumbrados en el pop de entonces (insisto: aún no habíamos oído hablar de un tal Morrissey). Las palmas, las trompetas, los coros… todo suma, al final, y uno (no puedes esconder tu amor para siempre) no puede menos que rendirse a la evidencia. Te pongas como te pongas, ese sentimiento que te hace flotar dos palmos por encima del suelo, esa luz brillante que desprendes, tiene un nombre: estás perdidamente enamorado.

There is a place which no one has seen
Where it’s still possible to dream
An uncharted world which will be unfurled
Wander constantly by glistening streams Through wooded glades on my trusted steed
Air rushing through the trees
I’ll wander until the power of your will
Sends messages which I must heed
Wan light surrounds my heart
Its chimes make light of this dismal plight Long since forgotten, slightly subdued
Ardour must be renewed
A timely reminder of all that runs true
Life began when I met you Wan light surrounds my heart
Its chimes make light of this dismal plight Is this what life is all about?
Is this what life is all about?

PD: Venga, una propina. Para todos aquellos que no acaban de ver la conexión del post-punk con algo tan rabiosamente pop.

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