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“Mi nombre es Felón.

Me encontraba una tarde plácidamente relajado en mis dependencias escurialenses, cuando el teléfono-langosta no sonó una vez sino cien. El teléfono-langosta echaba humo y mi cerebro humano también.

Utilizo el cerebro humano en contadas ocasiones, últimamente.

Al otro lado del hilo telefónico alguien pedía insistentemente una crítica musical, cuando hace tiempo que dejé de escribirlas.

Mi cerebro humano ya no sirve para estas tareas. Pero en este ocasión se trataba de un grupo (que desconozco totalmente) llamado Los Caramelos y al parecer reside -como yo- en el bello municipio de San Lorenzo de El Escorial.

Así que por justicia vecinal, compasión municipal o cualquier otra extraña razón vespertina, decidí aceptar el encargo.

A los pocos días recibí en mi domicilio un coqueto vinilo que sostengo en estos momentos. Confesaré que no lo he escuchado todavía. No por inapetencia…la portada me resulta intrigante y estoy tentado a conocer su contenido.

El asunto es que la aguja de mi tocadiscos hace tiempo que pasó a mejor vida. Y el sólo hecho de bajar a la capital en mi carruaje en busca de una nueva, atravesando caminos nevados y sufriendo otras inclemencias atmosféricas sin la garantía de poder regresar a palacio, me produce escalofríos. Mi cerebro humano ya no soporta estas ominosas aventuras. Así que he decidido comentar el vinilo aún sin haberlo escuchado. ¿Creen realmente que todos los críticos escuchan los discos que reseñan? Ni lo sueñen. Así que no se escandalicen, háganme el favor.

El EP se abre con una canción llamada “Voyager 1”. Hombre, por fin se acuerdan de esta simpática sonda que a saber por dónde andará. Unos dicen que salió del sistema solar y se dirige heroica hacia el centro mismo de la galaxia. Otros sostienen que anda errante por la heliosfera y voces críticas dudan incluso de su supervivencia.

Pero, qué demonios, se merece una canción. Bastante alegrías nos ha dado la Voyager original desde 1977.

Bienvenido sea este tema-homenaje, suene como suene. Me lo imagino etéreo, luminoso, cósmico, ligeramente ácido, envolvente…

Ya me contarán si no ando desencaminado.

La segunda canción de la cara A se titula “Panecillos suecos”. Me pregunto si es una canción gastronómica.

En todo caso adoro los panecillos suecos, que resultan una merienda ideal. Pura ambrosía. Con el toque justo de dulzura, crujientes y muy sabrosos, acompañan a la perfección el queso fresco con el orégano; sin olvidar unas gotas de buen aceite de oliva.

En las duras tardes invernales de El Escorial se agradecen los panecillos suecos frente a la chimenea.

Imagino este tema tan dulce como ellos. Con coros, guitarras suaves, un aire crepuscular y perezoso.

Otra de las alegrías que descubro, abriendo la cara B, es un nuevo homenaje a la inmortal “Soledad Miranda“, musa del Tío Jess. Cuántas alegrías nos dio esta bella andaluza en aquellos dorados días de cine en sesión continua.

Ya fuera vampiresa, condesa, romana, incluso cantante ye-yé para el sello Belter, Soledad es una de nuestras favoritas.

Tal vez esta singular evocación presente un pronunciado aire cinematográfico, seductor y vampírico como ella.

Con aroma a Spaghetti Western, guitarras twangy y un ritmo trepidante. Así me lo imagino.

Y para terminar me topo con un extraño título, “Índice corazón”, que asocio de inmediato con algún mysterioso juego de manos….

Tal vez una oscura maqueta que quedó perdida en un cajón, archivada “sine die”, un último truco de cartomagia como despedida. Quién sabe si una baraja oculta en la manga.

En todo caso un tema rápido, breve y ágil entre los dedos. ¿Serán estos Caramelos unos prestidigitadores del pop?

Hasta la próxima,

Felón”

No. No lo escrito yo: me limito a transcribir -primera vez que lo hago- la nota de prensa distribuida por Bobo Integral, a propósito del 7″ “Los Caramelos que el sello acaba de publicar. En realidad, ni siquiera hubiera sabido cómo aproximarme al ese mundo (desprovisto de cualquier conexión con la realidad) de Los Caramelos. ¿Ponerme a soltar datos, establecer analogías, tratar de explicar…?

Ni hablar. Algunas cosas resultan más hermosas mientras permanecen envueltas en bruma: en lo que a mí respecta, mejor si nadie trata de explicar la magia. Mejor, mucho mejor, si continúa el Mysterio.

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