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Aficionado me parece mucho decir; vamos a dejarlo en “aficionadillo”, o cuanto menos, orgulloso poseedor de algunos discos del género en cuestión (estamos hablando de bossa-nova) que no sólo hacen bulto en los anaqueles de mi pequeña discoteca, sino que me proporcionan incontables minutos de placidez doméstica.

Nada que no podáis imaginar, por tanto: un par de clásicos de Stan Getz, Jobim -con y sin el acompañamiento de la Nelson Riddle Orchestra- Astrud Gilberto y su flamante marido, algún intento contemporáneo (casi siempre, fallido) de inyección electrónica sobre la suave cadencia de la bossa, y los inevitables recopilatorios (abundan esos en los que te venían 3 y hasta cuatro CD’s, con el ancho del lomo inversamente proporcional a la calidad de lo recopilado) que por lo habitual son más un cauce hacia futuros descubrimientos que el fondo sonoro de una tarde perfecta. Y claro, también los dos discos de “A Fusa“, que son algo así como un must-have para cualquier aficionado a esta maravillosa música carioca.

Lo que trato de decir con lo anterior es que existen muchos y mejores sitios que este para apreciar un género, y unos artistas, que se merecen mucho más que el picoteo (juro que trato de que estas entradas sean un pincho gourmet con algo de fundamento, pero a menudo se queda en eso, en aceitunillas o unas sencillitas patatas bravas) al que con tanto entusiasmo se presta éste que escribe. Dicho lo cual, vamos con la entrada de hoy.

Un poco de historia, para empezar: en el verano de 1971, el afamado intérprete-poeta Vinicius de Moraes, en compañía del joven guitarrista Toquinho y la cantante bahiana Maria Creuza, visita Mar Del Plata para dar una serie de conciertos en “La Fusa”, un club donde el tintineo de las copas, las mujeres hermosas y el humo de los cigarrillos envolvía la actuación de algunas de las mejores figuras artísticas del momento. El caso es que las actuaciones tienen un enorme impacto entre el público argentino: el pequeño local, con capacidad para unas 100 personas, se atesta cada noche en un ambiente íntimo e intelectual, en el que las bromas, la poesía y los diálogos con el público, se intercalan con las buenas -buenísimas- canciones. El boca a boca hace el resto, y la leyenda empieza a forjarse: hasta tal punto aquello es exitoso que Alfredo Radoszynski (fundador del sello Trova) propone al poeta la grabación de alguna de esas actuaciones, con objeto de darles mayor difusión. Las particulares condiciones acústicas del local, y las escasas posibilidades técnicas de grabarlo en condiciones, acaban por dar pie a una singular propuesta: reproducir el ambiente de “La Fusa” en los estudios Ion, llevando hasta allí durante las dos noches de grabación, no sólo a los tres artistas, sino también a amigos invitados, whisky, cigarrillos, y hasta el sonido de los vasos sobre las mesas. Probablemente ni se imaginaran que  aquella distendida reunión de amigos retrataba como pocos uno de los momentos cumbre de la música popular brasileira.

Magia en La Fusa

El caso es que aquello dejó dos discos para la historia. En el primero de ellos, el inseparable dúo (la colaboración artística entre Vinicius y Toquinho duraría 11 años y casi 30 discos; su amistad, hasta la muerte del primero en 1980) se hace acompañar de la hermosa voz de la mencionada Maria Creuza. En el segundo de los álbumes editados, algo más animado, cuentan con la igualmente prodigiosa garganta de Maria Bethania. Digamos que si la bossanova es, en definición del propio Vinicius “simplemente un poquito de alegría, y un poquito de tristeza”, en el primero de los dos discos la selección se escora un pelín más hacia lo melancólico, mientras que en su continuador el ambiente festivo es más palpable. En cualquier caso, recomendabilísimos los dos: sumergirse en su escucha supone exponerse a la obra de tres cuatro artistas incomparables en estado de gracia, alumbrando canciones que ya son parte de la historia de la música.

Vamos entonces con uno de mis temas favoritos de aquellas dos jornadas memorables: “Samba Em Prelúdio” compuesta  por Vinicius en colaboración con el afamado guitarrista Baden Powell en 1962, y editada incluso en el disco de 1971 del segundo, “Canto On Guitar“. El desdoblamiento que hicieron De Moraes y Creuza en la versión de “La Fusa”, inexistente en el original, es precisamente lo que la hace infinitamente superior: pocas voces había tan cualificadas como las suyas, para transmitir ese lamento a dúo entre dos amantes a quienes las distancia impide siquiera abrazarse. Tristeza infinita -de hermosura igual de incomesurable- por aquello que perdimos, y que intuímos que no volverá; anhelo por el otro, que casi se disfruta tanto como se padece. Los brasileños tiene una palabra perfecta para eso: saudade.

Eu sem você não tenho porque
Porque sem você não sei nem chorar,
Sou chama sem luz,
Jardim sem luar,
Luar sem amor,
Amor sem se dar.

E eu sem você sou só desamor,
Um barco sem mar,
Um campo sem flor,
Tristeza que vai
Tristeza que vem,
Sem você meu amor eu não sou
Ninguém

Ah, que saudade
Que vontade de ver renascer
nossa vida
Volta querida
Teus abraços precisam do meus
Os meus braços precisam dos teus

Estou tão sozinho,
Tenho os olhos cansados de olhar para o além
Vem ver a vida
Sem você meu amor
Eu não sou
Ninguém

5 pensamientos en “Samba Em Prelúdio – Vinicius de Moraes

  1. Saudade de otros tiempos vividos, más jovenes…más ingenuos…
    …”a copa do mundo e nossa, com brasileiro não há, não há quem
    possa”….

  2. Hola querido amigo; soy familiar de los dueños del café concert La Fusa, y lamentablemente tienes la versión de la historia mal contada. . . El Sr. Radozinsky le propuso, sí a Vinicius la grabacion de los discos pero previamente a Sylvina y Coco, dueños del lugar; quienes debian autorizarlo ya que eran los productores que habían traído y pagado todos los gastos y cachets de los artistas en Argentina y Uruguay por varias temporadas, y en particular esa; no es correcto que se reprodujo el ambiente en el estudio; se grabo en vivo; el sonido quedó deficiente entonces se grabó en estudio en una sesion pero se usó el ambiente de la grabación en el local; por eso se llamó VInicius en La Fusa. Saludos.

    • ¡Hola, María! Por supuesto, te agradezco no sólo el tiempo que has dedicado a leer la entrada, sino las matizaciones que haces. Es evidente que hay muchos detalles que quedan fuera de una entrada que, a fin de cuentas, no puede dar cabida más que a aspectos esenciales, porque si no sería aún más larga de lo que ya suelen ser (¡Luego me regañan, y me dicen que tengo que abreviar!) y porque a fin de cuentas no pretendo sino rescatar una canción olvidada, y proporcionarle un marco de referencia más o menos general.

      Y por lo que estoy leyendo respecto al sonido de ambiente original de La Fusa, incorporado a las grabaciones de estudio de los temas, tienes toda la razón. ¡Muchísimas gracias por esa corrección!

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