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The Stars At Saint Andrea” se publicó en 2003, y desde entonces ese disco y yo hemos mantenido una extraña relación. Tuve una época en la que estuve un pelín obesionado con el debut de los Devics, la banda cuyo núcleo integran (por lo visto, siguen en activo) Sara Lov y Dustin O’Halloran; luego tuve también un momento en el que me pareció que ese sonido tan-noventas del álbum había envejecido fatal y dejé de escucharlo, y he aquí que diez años después de su publicación por Bella Union (ese sello que es casi una garantía de que algo bueno habrá), me encuentro con que vuelve a apetecerme ponerme en casa algunas, muchas, casi todas, de esas 10 canciones que lo arman.

¿A qué sonaba el debut de los Devics (también escrito Dévics, en según qué sitios), el que es probablemente su mejor disco? Musicalmente, la referencia inevitable sería Hope Sandoval (caramba, qué fan de Mazzy Star ando ultimamente), pero en lo atmosférico yo me atrevería a añadir a Portishead. Pero no, la cosa no va de trip-hop, sino más bien de la humeante combinación de belleza y misterio que sólo está al alcance de voces como la de Beth Gibbons, desde unas coordenadas sonoras bien distintas. Como leí alguna vez al respecto de Sara: “una de esas voces que consiguen convertir un susurro en algo mucho más importante”.

Grabado en 2003 en una casa de campo, no hubiera descubierto este disco si no llega a ser por uno de esos CD’s que vienen con la Rockdelux, y a los que muy probablemente nunca hago el caso que se merecen. Lo he comprobado ahora, en la pequeña discoteca que tengo en casa, a propósito de la redacción de esta entrada: “Red Morning” aparecía en el disco promocional del nº 207 de la revista (mayo de 2003), y puede decirse sin titubeos que fueron las cualidades mostradas en esa canción las que me llevaron a indagar un poco en torno a sus -hasta entonces- desconocidos autores.

Lo primero que me encontré fue con la rocambolesca historia personal de Sara, una chica que, siendo niña, fue secuestrada por su padre tras un divorcio traumático, y obligada a vivir con él en Israel durante seis años, tras los cuales pudo volver a los E.E.U.U. y empezar a hacer una vida medianamente normal. Hombre, no digo que uno tenga que vivir una experiencia así para obtener el plácet que otorga la credibilidad, pero digo yo que pasar por un trago semejante por fuerza ha de acabar influyendo en lo que haces después. La historia de Dustin es mucho más ortodoxa, aunque tampoco está mal: reconocido pianista de formación eminentemente clásica, el hombre está aquejado de sinestesia, que es esa cosa rara (venga, va, que este blog tiene muy pocos lectores: mucha casualidad sería que encima uno de ellos fuera un médico…) de mezclar sensaciones en la cabeza, “oír los colores” , “ver los sonidos”, y tal. Con semejante bagaje, tampoco resulta demasiado extraño que ambas personalidades se sintieran mutuamente interesadas cuando Sara y Dustin se conocieron en una clase de arte en la universidad de Santa Mónica a mediados de los noventa…

El siguiente hito en la historia de los Devics/Dévics tiene lugar en 1996: ese año el dúo edita en su propio sello (Splinter Records) “Buxom“, una primera colección de demos que dos años más tarde fructificaría en el que podríamos considerar su debut oficial: “If You Forget Me…”. En ese disco ya dejaban traslucir la marca de la casa: ambientes tan soñadores como oscuros, una fórmula que aún pulirían más en su continuador de 2001, “My Beautiful Sinking Ship” , ya con Bella Union, lo cual tiene bastante lógica si atendemos al revelador hecho de que uno de los fundadores de aquel sello no es otro que Simon Raymonde (Cocteau Twins) ¿Vais viendo por dónde van los tiros?

Finalmente, creo que es en ese “The Stars At Saint Andrea”  de 2003 donde el grupo logra la mejor destilación posible de la fórmula (de hecho, recuerdo el sabor a decepcion que me dejó el posterior “Push The Heart” en 2006). Aquel era un disco hipnótico y de una belleza reposada, no tan siniestro como sus predecesores, y -ahí es donde siempre acabo cayendo- que además contenía unas cuantas canciones de las de quitarse el sombrero:  la mencionada “Red Morning” transitaba de madrugada por carreteras secundarias que es inevitable situar cerca de Bristol;  el maravilloso pas de deux de “In Your Room” te invitaba a asistir desde la primera fila al desmoronamiento de una relación, contado por sus protagonistas; en “The End And The Beginning” no contemplamos ya más que un hermoso paisaje de ruinas, y en “Connected By a String” no faltaba la inevitable cajita de música, tan hermosa como amenazante.

Vamos entonces con “Safer Shores“, una de mis canciones favoritas del disco de este par que, por cierto, acabó teloneando a The Delgados. El tema no es lo que podríamos decir demasiado representativo, en la medida en que enlazándolo os estoy privando de escuchar la oscura melaza en la voz de Sara Lov, pero aún así pocos temas del álbum alcanzan un nivel igual de dramatismo e intensidad. La canción juega con  las cartas marcadas (trémolo en voces y guitarras, acordes menores, hondo pesimismo en las letras), pero, diablos, me acaba ganando la mano. No necesitábamos todo ese mal rollo, ni en el fondo creo que nos haga ningún bien, pero hay una cierta estética en todo aquello, una épica del fracaso a la que soy -no puedo evitarlo- absolutamente permeable: que os sirva para acercaros a un disco que (creo) sigue valiendo la pena.

2 pensamientos en “Safer Shores – Devics

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