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El 28 de noviembre de 2007, los inclasificables Sparks anunciaban en su web la programación para el año siguiente de una serie de conciertos que superaba con mucho la (entonces incipiente, ahora más que habitual) moda de los macrofestivales de contratar a un grupo para que interpretarse, de cabo a rabo y en riguroso orden, uno de sus discos más celebrados o más oscuros. La (extraterrestre, como todo lo que se refiere al particular mundo que rodea a Russell y Ron Mael) propuesta de Sparks iba mucho más allá, y consistía en interpretar en vivo en días prácticamente consecutivos, no uno de sus discos, sino toda su discografía al completo. Unas 250 canciones, unas (sic) cuatro millones,  ochocientas veinticinco mil doscientas setenta y tres notas musicales. No es broma: el programa lo tenéis a continuación.

6 de mayo, Londres – Carling Academy – Hafnelson
17 de mayo, Londres – Carling Academy – A Woofer In Tweeter’s Clothing
18 de mayo, Londres – Carling Academy – Kimono My House
20 de mayo, Londres – Carling Academy – Propaganda
21 de mayo, Londres – Carling Academy – Indescreet
23 de mayo, Londres – Carling Academy – Big Beat
24 de mayo, Londres – Carling Academy – Introducing Sparks
25 de mayo, Londres – Carling Academy – No.1 In Heaven
27 de mayo, Londres – Carling Academy – Terminal Jive
28 de mayo, Londres – Carling Academy – Whomp That Sucker
30 de mayo, Londres – Carling Academy – Angst In My Pants
31 de mayo, Londres – Carling Academy – In Outer Space
1 de junio, Londres – Carling Academy – Pulling Rabbits Out Of A Hat
3 de junio, Londres – Carling Academy – Music That You Can Dance To
4 de junio, Londres – Carling Academy – Interior Design
6 de junio, Londres – Carling Academy – Gratuitous Sax & Senseless Violins
7 de junio, Londres – Carling Academy – Plagiarism
8 de junio, Londres – Carling Academy – Balls
10 de junio, Londres – Carling Academy – Lil’ Beethoven
11 de junio, Londres – Carling Academy – Hello Young Lovers
13 de junio, Londres – Shepherds Bush Empire – Exotic Creatures Of The Deep

¿Quiénes son los Sparks? ¿Por qué hacen estas cosas tan raras? ¿Cómo se explica la supervivencia a través de más de cuatro décadas de un grupo que ha mutado tantas veces de estilo sin renunciar en ningún momento a una particularísima personalidad? ¿Qué motivos pueden explicar el culto exacerbado que millones de personas rinden a dos tipos tan rematadamente freaks? ¿Qué hay detrás de una banda reconocida como influencia por gente tan dispar como Depeche Mode, Pet Shop Boys, Kurt Cobain, Pixies, Morrissey, They Might Be Giants, Franz Ferdinand, New Order o Hidrogenesse; una banda capaz de inspirar a Queen y al mismo tiempo colapsar las pistas de baile con sus colaboraciones con Giorgio Moroder? Puede que yo mismo no tenga las respuestas, y quizás es demasiado tarde para mí, desde el momento en que, a día de hoy, me cuento entre los acólitos. Pero, la verdad, no se me ocurre un modo mejor de celebrar el primer año de este blog que rindiendo homenaje a uno de esos grupos que han hecho de este mundo un lugar en el que aún vale la pena vivir. Feliz cumpleaños, The Songs We Love, y larga vida a los Sparks.

Hagámoslo empezando por el final. Bueno, por el final no, porque los incombustibles hermanos Mael siguen en activo (los próximos 6 y 7 de diciembre tocarán en Barcelona y Madrid -no tocaban en España desde el Summercase 2006- y no tengo ningún inconveniente en recibir invitaciones que incluyan hotel y desplazamiento: emplead para ello el formulario de contacto), pero, como decía, vayamos de adelante hacia atrás. La primera foto será esta, la de unos Sparks del siglo XXI: corría el año 2002, y el sello PALM les publicaba el disco “Lil’ Beethoven“.

Vayamos a las notas interiores del álbum. Lo primero que uno se encuentra al abrir del disco es esto:

Lil’ Beethoven
Nine scintillating works of seduction
and self-delusion
by the diminutive master
of the art
of musical overkill.

Lil’ Beethoven.
Entertainment in extremis.

“Entrenimiento extremo”: qué buena definición. Y eso que el disco número 19 en la discografía de Sparks, era, por decirlo de algún modo, su disco “clásico”. Que se entienda bien el adjetivo: clásico porque se construye sobre la base de exuberantes arreglos orquestales, el colchón perfecto para sus desvaríos operísticos y sus chiflados (chiflantes) experimentos, pero ni mucho menos clásico en el sentido que da al término la séptima acepción de la R.A.E:  “que no se aparta de lo tradicional, de las reglas establecidas por la costumbre y el uso“.  Con Sparks cabe esperar todo, menos precisamente lo usual y acostumbrado: si hay que mezclar arreglos sinfónicos con el más furioso metal (“Ugly Guys With Beautiful Girls“), se hace. Si hay que hacer una canción a partir de un monótono mensaje telefónico invitando al oyente a permanecer a la espera (“Your Call’s Very Important To Us. Please Hold“), estirando el gag hasta un límite (la frontera exacta de lo soportable, ni un milímetro más) que sólo habíamos tolerado antes a Jacques Tati, se hace. Si hay que cachonderarse de la escena musical contemporánea (“What Are All These Bands So Angry About?“), nos cachondeamos. Y si hay que titular a las canciones “I Married Myself” (“I married myself, I’m very happy together, long, long walks on the beach… this time it’s gonna last forever…”) o “How Do I Get To Carnegie Hall?“, pues se las titula. Esos son los Sparks: ingeniosos como unos Les Luthiers a los que hay que tomar en serio, tan brillantes en lo musical como los mejores alquimistas del pop.

Suburban Homeboy” fue lanzado como single, pero no funcionó como debería, algo que no es de extrañar viniendo en un mundo absurdo como el que vivimos, mucho más disfuncional del que habitan los Mael: al menos la crítica lo recibió como merecía. La canción encargada de cerrar el disco adopta maneras de Music-Hall y retrata como pocas las habilidades teatrales del dúo. En su lanzamiento como sencillo, se acompañaba de dos caras-b: una versión extendida de la pista titular, y el tema “Wunderbar (Concerto In Koch Minor)“, una canción que (como su título, ejem, indica) sampleaba la voz del comentarista deportivo alemán Günther Koch. Benditos freaks, pero qué falta nos hacen estas anomalías.

Seguiremos hablando hoy de Sparks, que el tema da para mucho. Que nadie cometa el gravísimo error de tomarse a broma un grupo inclasificable como pocos: demasiado buenos para ser el grupo con que te ríes, son demasiado divertidos para obviar la importante aportación que supone el humor en sus canciones. Carismáticos, incorrectos, mutantes, insuperables en lo suyo. Como los mismos Sparks se encargan de aclarar en el libreto: it’s in the genes.

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7 pensamientos en “Suburban Homeboy – Sparks

  1. Vale, vale, vale, ahora lo entiendo todo. Congratulations, me parece una gran elección celebrarlo con los Sparks. Espero que se cumplan muchos años más y se sigan revalorizando mis acciones.

  2. He tenido que volver para decirte lo que me gusta esta canción. Apuesto que Neil Hannon también bebió mucho de aquí.

    • Ah, benditos comentarios. El tiempo de reacción que requiere la música de los muy marcianos Sparks estaba empezando a agotarse en mi cabeza, y comenzaba a plantearme si esta había sido en realidad una buena forma de celebrar el primer año de vida del blog…

      Bien visto lo de Neil Hannon, no se me había ocurrido, pero tienes razón. Y en cuanto a sus acciones, querida accionista, no lo dude ni un momento: su dinero no puede estar en peores manos.

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