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En mayo de 1973,  a la edad de 45 años, Serge Gainsbourg sufre una crisis cardiaca acompañada por un principio de cirrosis, el primer aviso de los cinco que le daría la vida antes de hartarse definitivamente de los excesos de un hombre obcecado en ser fiel al personaje (fumador, borracho, un cabrón en toda regla) que él mismo  había creado. Una ambulancia le traslada desde su espléndida residencia en la Rue de Verneuil,  en pleno barrio de St. Germain, hasta el hospital donde ha de recibir cuidados médicos: antes de salir de casa, el genio francés insiste en llevar consigo una lujosísima manta de Hermès de su propiedad, ya que, a su juicio, las disponibles en el centro hospitalario son sencillamente horribles.

Tan pronto como los doctores le declaran fueran de peligro, Serge promete a Jane Birkin dejar de fumar y beber, para a continuación convocar una rueda de prensa desde la cama del hospital: los médicos, cuenta (con enorme sentido del espectáculo) le han exigido dejar el tabaco y todos los excesos hasta entonces habituales en su vida, advirtiéndole de que la misma corre peligro de seguir así.  Pero Gainsbourg sabe perfectamente que no va  a cumplir sus promesas de redimirse, porque a estas alturas de la película, Hyde ya es más cierto que Jeckyll. Se sabe grande, pero se reconoce incapaz de dejar de ser ese tipo desaliñado, capaz de seducir (para perder después) a las mujeres más hermosas; el hombre que canta aferrado al micrófono con una mano, mientras con la otra estruja con ansiedad la sempiterna cajetilla de Gitanes contra el mechero; el alcohólico que exhibe su degradación como una bofetada a la sociedad biempensante. De modo que lo que cuenta a los periodistas es bien distinto de la promesa que acaba de hacer a la bella Birkin: tratará de reducir el riesgo de sufrir un segundo ataque al corazón, mediante el aumento en el consumo de alcohol y  cigarrillos. La propia conclusión de Gainsbourg sobre su estado resulta extremadamente indulgente, pero es genuinamente Gainsbarre: “He tenido una crisis cardiaca. Eso demuestra que tengo corazón“. Cuando finalmente abandone el hospital, los médicos encontrarán, aplastadas en el fondo de los frascos de pastillas, las colillas de los cigarillos fumados por el artista durante su convaleciencia.

Recuperado (evidentemente, hablamos sólo del ataque cardiaco) y con ganas de volver a sembrar la polémica a la que también es adicto, el parisino vuelve a aplicarse en el disco en que estaba trabajando, “Vu De L’extérieur”. El álbum que habría de dar continuación al que probablemente sea considerado su cima creativa, el genial “Histoire De Melody Nelson“, es evidentemente un disco protagonizado por la enorme Je Suis Venu Te Dire Que Je M’en Vais”, el único single que se extrajo del mismo, y quizá una de las más maravillosas canciones de despedida jamás escritas. A la luz del incidente que ha estado a punto de costarle la vida, el conocido tema -una relectura del poema más célebre de Paul Verlaine, Chason d’automne-no puede dejarse de interpretarse como un testamento, un adiós para Jane, auspiciado quizás por la certeza de que el personaje acabará físicamente eliminando a la persona. ¿Tiene miedo Serge Gainsbourg de morir? Conociendo al músico, resulta difícil de creer, pero quizás si sea cierto eso de que tras el genio que admira la crítica, y el cabrón que inspira el desprecio popular, late un corazón realmente único.

Además de la anterior, el resto de temas componen un conjunto algo extraño, pero que no deja de destilar en cada uno de sus surcos la compleja personalidad de su autor: la canción titular muestra su desprecio por esas vidas que considera vacías, en una composición más madura y menos juguetona de lo que es habitual en él; en “Hippopodame” canta  -sí- a las mujeres con curvas, y en la fabulosa “Sensuelle Et Sans Suite” se entrega a los juegos homofónicos que tanto le gustan, cuando no en un muy hábil uso de las onomatopeyas (esos “psshtt” podrían haberse escapado de la célebre “Comic Strip“). Sumadle a eso el (poco habitual en estas lides) acento que pone Serge en la cuestión escatológica: caca, culo, pedo, pis, puro Rabelais; y si no, a ver si adivináis a qué aluden los temas “Panpan Cucul“, “Des Vents Des Pets Des Poums“, “Titicaca“, o “Pamela Popo“. Hace falta ser muy bueno para que una canción te aguante unos títulos así, y Serge Gainsbourg lo era.

Par Hasard Et Pas Rasé” es, junto a la por ahí comentada  “Je Suis Venu…“, mi favorita del disco. Muestra con perfecta definición a ese Gainsbourg, aún en plena forma, y que sin embargo intuye que se está aproximando con la velocidad  de un bólido a un muro contra el que acabará estrellándose. En lo músical, sólo puedo calificarla de emocionante; si atendemos a la letra (Je suis comme un fou / Je m’en vais / Au hasard en rasant / Les murs du cimetière / Je saute de tombe en tombe) no puedo dejar de verla como el genial autorretrato de un tipo que, por casualidad y sin afeitar, intuye en un destello de lucidez un futuro que ya no es capaz de eludir.

Par hasard et pas rasé
J’rapplique chez elle
Et sur qui j’tombe
Comme par hasard
Un para le genre de mec
Qui les tombe toutes
Ça m’en fiche un coup
Je suis comme un fou
Je m’en vais
Au hasard en rasant
Les murs du cimetière
Je saute de tombe en tombe
Au hasard des allées
Ça m’a fait l’effet d’une bombe
Toutes les mêmes après tout
Cette fille je m’en fous…

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5 pensamientos en “Par Hasard Et Pas Rasé – Serge Gainsbourg

  1. Espero q la intención de despedida se quede solo en Serge.
    Canción grande, como todo lo que hizo este personaje. Me ha gustado muchísimo tu manera de retratarlo.

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