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Supongo que cuando presione el botón de “publicar” no debería sentirme muy orgulloso de esta entrada, pero es una simple cuestión de fidelidad a mí mismo y al planteamiento que quise hacer desde el principio para estas páginas: escribir sobre esas canciones, nuevas, viejas, conocidísimas, ignoradas, peculiares, míticas o defenestradas que hacen que mi vida sea mucho mejor. Incluso aquellas que no me gustaría que me gustasen.

La sección de Guilty Pleasures del blog sirve bastante bien para este fin: bajo un tono (presuntamente, me temo que sólo presuntamente) humorístico se aligera la carga de la culpabilidad que planea irremediablemente sobre el reconocimiento de esas debilidades. A la disculpa por la ironía, como si un juego de palabras o un guiño simpático pudieran excusar unos gustos más cercanos a lo camp de lo que a mí mismo me gustaría. Lo digo en serio: a mí lo que me encantaría es ser el superfan de Animal Collective, el experto en bluegrass, el hombre que lo sabe todo sobre Dylan, pero ni siquiera me atrevo a intentarlo porque no me iba a salir bien. Quizá escribo estos textos como un modo de justificarme, quién sabe: con canciones como “’74-’75” no es tan sencillo.

La canción de The Connells lo tiene, a priori, todo en contra. El tema es un clarísimo ejemplo de lo que se conoce como one-hit-wonder, a cargo de una banda estadounidense fundada por Mike Connell (guitarra) junto a su hermano David Connell (bajo), que comenzó su carrera en 1984, y que por lo visto a día de hoy sigue activa. La cuestión es que el grupo cuenta, por lo visto, con una discografía bastante insustancial y de hecho creo que este mismo adjetivo podría aplicarse con justicia al tema del que hoy escribo. Y sin embargo, ay… Desde que allá por 1993 mi hermana L. (¿Se acordará ella de esta canción? Yo diría que sí) me la descubrió , no he conseguido sacármela de la cabeza. Hace ya 20 años de esto, y  no sólo me parece que la pieza ha aguantado bien el paso de los años, sino que me atrevería a decir que ese estribillo (I was the one who let you know / I was your sorry ever after. ’74-’75 / Giving me more and I’ll defy / ‘Cause you’re really only after ’74-’75) me resulta hoy en día mucho más devastador que el primer día que la escuché.

Nostalgia. De acuerdo, es un recurso fácil, y más aún en estos días en los que sin comerlo ni beberlo nos hemos convertido en la primera generación que cuenta con internet para convertir en oro cualquiera de los recuerdos más intrascendentes de nuestra infancia. Lo anodino encumbrado a un lugar que en realidad no le correspondía, lo que antes nos parecía horrible, abrillantado y pulido hasta el destello cegador por el paso de los años. El paraíso perdido, convenientemente codificado y envuelto para -en numerosas ocasiones – convertirlo en consumo.

Con el párrafo anterior no quiero decir que la única canción que conocimos de The Connells se haya beneficiado del paso del tiempo (A fin de cuentas, el tema alcanzó un cierto éxito en numerosos países europeos, llegando incluso al top 10, y más de uno reconocerá la canción al escucharla, si no lo ha hecho ya al leer el título del post), aunque esto también es posible. Más bien estoy poniendo de relieve que cuando se publicó  el tema como sencillo, ya explotaba (incluso en el propio vídeo, en el que aparecían antiguos compañeros de instituto) la nostalgia como vía fácil para ablandar al personal. Mirándolo fríamente, sólo es una baladita inofensiva, con aires célticos en su composición y unas guitarras innegablemente estadounidenses, que atinó en la colocación de unos dígitos en el momento álgido del estribillo para hacernos suspirar: como unos R.E.M. dulcificados para todos aquellos a los que la banda de Athens resultaba demasiado independiente. Si lo pienso con la cabeza, esta canción es exactamente como todos esos blogs, todos esos libros, todas esas camisetas, dedicando toneladas de papel, terabytes de unos y ceros, estampaciones contadas por miles, que se han propuesto reivindicar a Naranjito como la mejor mascota posible, el jingle de la Nocilla (leche-cacao-avellanas-y-azúcar) como el súmmum  de la composición, y David el Gnomo como la serie de dibujos animados que sólo una generación de privilegiados pudo disfrutar. Ahora bien, si me dejo llevar por las imágenes que me vienen a la cabeza cuando la escucho, y dejo que me aguijoneen todas esas preguntas (¿Qué habrá sido de…? ¿Se acordará… de mí? ¿Qué hubiera pasado si me hubiera atrevido a decirle a…?), entonces “’74-’75” duele como pocas canciones.

Un pensamiento en “’74-’75 – The Connells

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