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Como me pasa cada vez que veo esa peli llamada “Destino Final”, (ya sabéis, esa tontada de los chicos que escapan a un accidente aéreo y luego se dedican a morirse de las formas más inverosímiles), la sensación  de estar disfrutando como un enano con “Blurred Lines” lleva aparejada una cierta incomodidad: sólo es un entrentenimiento, una diversión inofensiva, pero no hay manera de acallar a esa vocecilla en mi interior que (debería escucharla más a menudo) me recuerda que eso no debería gustarme. La canción de ese tío con pinta de haber sido jurado de “Pop Idol” que responde al nombre de Robin Thicke, convenientemente acompañado por el rapero T.I. y el ubicuo Pharrell “Get Lucky” Williams, tiene a priori, todas las papeletas para hacernos fruncir el ceño, y al mismo tiempo hay que reconocerle algunos méritos.

En contra: pasando por alto la pinta de abofeteable del tal Thicke, y la certeza de que esto no deja de ser un refrito de cosas que todos hemos escuchado ya, resulta evidente que la canción es demasiado mainstream para el indie que todos llevamos dentro. El tema no sólo ha sonado en los 40 principales, sino que se ha convertido en uno de los mayores superventas de lo que llevamos de año. Publicada en E.E.U.U. en el mes de marzo, lleva sin salir de las listas desde entonces, y aún hoy ocupa el sexto puesto del Billboard, y subiendo. En Reino Unido acaba de publicarse y, como suele decirse, “lo ha petado”: número uno indiscutible, con más de 200.000 copias despachadas en una semana. (Madre mía, ni me reconozco escribiendo esto: pellízcame… sí, esto sigue siendo The Songs We Love). Pero sobre todo, está ese temor, la terrible seguridad de que en dos meses la cancioncita estará sonando insistentemente y a todo volumen,en el quiosco de Frigo de la playa de Agua Amarga (Almería) a la hora de la siesta, y  con cada escucha serán mayores el llanto y el rechinar de dientes. Para complicar aún más las cosas, está la cuestión del vídeo: no voy a ir yo ahora de progre, que no colaría, pero el vídeo es tan increíblemente machista que hace que a su lado los clips con bien de culos de Major Lazer parezcan una producción de FEMEM. Avisados estáis. (Y al loro, que estoy hablando de la  primera versión, apta para todos los públicos, que si pongo el enlace el vídeo “unrated” que acaba de marcarse el trío, con las chicas bailando en topless, igual se me disparan las visitas del sector masculino, pero los de wordpress me cierran el chiringo…)

A favor: seamos justos. Para empezar, que sea mainstream no significa que no pueda ser bueno. ¿”Thriller” de Michael Jackson no fue mainstream? ¿No lo era “Back To Black” de Amy Winehouse? ¿Sería mejor el último disco de Daft Punk, si no nos hubieran bombardeado antes con una campaña descomunal? ¿Están las ventas y el enorme aparato de promoción necesariamente reñidos con la calidad? Ateniéndonos a los resultados, podríamos decir que, por lo general, parece que sí, y sin embargo ¿no son las excepciones a esta regla la demostración palpable de que NO SIEMPRE es así?

Más motivos para el disfrute desprejuiciado: construido sobre una adictiva línea de percusión, es casi imposible no mover la cabeza, los pies, o ambos, mientras nos entregamos a ese cruce bastardo de soul, funk, disco, hip-hop y pop; ha nacido para triunfar sobre la pista de baile, y lo sabe. El tema invita a disfrutar del groove, esa sensación de que tu cuerpo “ha entendido” el irresistible patrón rítmico y sólo desea entregarse a él. Y luego, claro, está el hecho indudable de que el esto da un buen rollo que no se puede obviar , y no es sólo por la actitud desenfada del trío de golfos ¿Candidata a “canción del verano”? En un mundo medio decente, podría serlo.

Y ahora viene el regate, porque no, no se me ha ido la pinza, y el de la foto de arriba no es otro que el genial Marvin Gaye desde la portada de “Live At The London Palladium“: este post está dedicado a esa maravilla que lo cerraba, y que el listillo de Pharrell ha saqueado (ya lo hizo antes cuando produjo el “Give It 2 Me” de Madonnna) sin ningún miramiento. Supongo que no hace falta decirlo, pero todas las virtudes expuestas anteriormente para la canción de Robin Thicke y sus colegas, son aún más ciertas en la canción del autor de “Let’s Get It On“: Mainstream (Promocionada por aquella gigantesca máquina de hacer dinero que era la  Motown, fue casi una exigencia del sello a Marvin Gaye para que creara un éxito en la onda del disco-funk que empezaba a imponerse), y diabólicamente groovy. Sólo que la Marvin Gaye, además, es original.

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Un pensamiento en “Got To Give It Up – Marvin Gaye

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