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En su versión borrokilla, en su modelo jersey-anudado-sobre-los-hombros, o en cualquiera de los estadios intermedios, hay cinco cosas que se le pueden presuponer a todo donostiarra de pro, a saber:

  • El firme convencimiento de que la Real Sociedad podría estar jugando en Europa; pero bueno, en esa guerra mejor no me meto, que no es lo mío…
  • La inexplicable necesidad de tocar la pared que cierra la playa de la Concha cuando hacen el paseíto por la orilla (¿Qué pasa? ¿Que si no tocas la pared no vale? ¡Que algún donostiarra me lo aclare, por favor!)
  • La sabiduría innata que les llevó a inventar el paraguas colgado del bolsillo trasero del pantalón, costumbre que no dudé en importar a mis rutinas durante esos cinco estupendos años en los que residí en la privilegiada San Sebastián, y que aún sigo practicando.
  • La obstinada convicción de que hacinarte en los bares después de pagar una factura obscena en cualquier antro la víspera de San Sebastián, es mucho más divertido que ponerte ciego de chistorra y sidra el día Santo Tomás.
  • Un desarmante intuición para el pop sensible, de ese que te deja el corazón atravesado de melancolía: algo tiene que haber en ese Cantábrico que llevan siempre en el ánimo.

En fin, no tengo ni idea de si Pablo Martínez Sanromá es aficionado a las (¡socorro!) marchas de Sarriegui; Realista, que no realista; y colista -ellos ya me entienden- ante una diminuta heladería en las noches de verano, pero desde luego lo del pop sensible lo cumple a rajatabla. Afincado en Barcelona y por tanto condenado a extrañar la familiar silueta de la isla de Santa Clara en cada una de sus composiciones, muchos descubrimos su música en 2010 a raíz de la publicación de  “Los Veranos y Los Días“, un delicado compendio de ese pop exquisito con denominación de origen al que sólo le falta la correspondiente portada de Javier Aramburu.

Señores anunciantes de Nescafé: he aquí el acompañamiento sonoro perfecto para todos esos anuncios de chicas maravillosas que nos sonríen desde la placidez de su almohada, mientras la luz de “La Mañana” se filtra a través de unas cortinas entreabiertas. Porque, sí, el pop plácido de Dotore enganchará a los que ador(áb)amos despertarnos un sábado espléndido a eso de las 10 y leer un poco en la cama antes de desayunar; los mismos que (¿Soy el único que no tiene aún una maquinita de esas de café en cápsulas?) todavía aspiramos con fuerza al abrir con un tijeretazo el plateado envoltorio del compacto terrón.

El disco se puede se podía descargar gratuitamente aquí, simplemente dejando un e-mail, aunque el artwork es tan bonito, que la verdad, no puedo dejar de poneros un enlace a la tienda donde podéis haceros con la edición física del disco, si es que aún les queda alguno. (Hala, alegría, publicidad gratuita, a ver si los de  Primo me regalan una camiseta de esas tan chulas que hacen). Gustará a los fans de La Buena Vida, y también a los aficionados a la buena vida, ahora sin mayúsculas: buenos, muy buenos días.

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3 pensamientos en “La Mañana – Dotore

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