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Low: la referencia me resulta tan inevitable que tengo que empezar por ahí. Y no es que el folk-rock brumoso que practican los catalanes remita exactamente al arrastrado slowcore que marcó la mejor etapa de los de Duluth, pero es evidente que puede establecerse más de un paralelismo, y como en el caso de los primeros, el nombre del grupo esta vez sí que importa:

Para empezar, está la cuestión que se refiere al particular vínculo entre sus miembros. No sólo porque el matrimonio Parker-Sparhawk parezca encontrar un reflejo en la pareja conformada por Ferran Palau y Louise Sansom (padres de una niña, además de voces principales del cancionero bilingüe del grupo), sino por el  hecho incontestable de que en la escucha de los temas de ambas bandas prevalece la (incómoda pero hermosa) sensación de estar asistiendo a una cierta intimidad. Más aún, de acuerdo con las entrevistas que en su momento concedía Palau a propósito de la publicación del solemne “Hannah“, allá por 2011, los restantes miembros del sexteto convivían con ellos a modo de comuna en la casa que les sirvía de refugio en un pueblecito al pie de la la montaña de Montserrat, y participaban de forma directa en la composición de las canciones: tan estrecha convivencia tenía su eco en el modo en que los instrumentos y las voces se relacionaban, y más aún, las propias canciones nacían de experiencias (buenas o malas) compartidas por todos.

El segundo hecho se refiere a una cuestión religiosa, o si prefiere, espiritual: No, no me consta que los Anímic sean mormones, pero si es cierto que los de Collbató lograron imprimir a su música de una cualidad al mismo tiempo sagrada y terrible, muy cercana a la que envuelve los arrullos de los de Minessotta, y que hace que los versos espirados por Ferran pesen como piedras. En “Hannah” hay canciones de cuna siniestras (“Blue Eyed Tree“), una canción titular a la que un cuarteto de cuerda reviste de una especial gravedad, y temas en los que una mayor presencia de luz no hace sino resaltar los rincones ensombrecidos: la magnífica “Trenco Una Branca” (“Rompo una rama”) que abría el álbum es una muy buena muestra de ello. En palabrás de Palau: “trata de las familias, de lo bonito que es construirlas, pero también de lo fácil que es destruirlas“. La observación es tan precisa como la métrica que tan bien maneja el catalán: la familia como el escenario de los momentos de nuestra mayor felicidad, y al mismo tiempo el marco de las experiencias más dolorosas de nuestras vidas, desde que somos acogidos al nacer hasta que morimos. El lugar al que (la mayor parte de las veces) necesitamos volver,  y también (las menos) el lugar donde viven los monstruos. O como dice la propia canción “Salgo de la casa / La estructura no se aguanta (…)Entro en la casa y sólo queda la esperanza“.

Trenco una branca, res ja no m’espanta
Surto de la casa, l’estructura ja no aguanta
Ets tu qui m’ha penjat aquí dalt
Ara no em deixis caure
Com a un animal.
M’és tan indiferent el què passa dintre les llars
Quan obres la tanca
Quan tanques les mans

Y no me voy a resistir, no: ahí va también esa fantástica versión del vídeo, rodado en la Iglesia de Santa Eulàlia de Esparreguera (Barcelona), en la que las voces de Ferran y Louise comparten protagonismo con un órgano que acentúa aún más ese blanco y negro, doméstico y sacro. Pelillos de punta.

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5 pensamientos en “Trenco Una Branca – Anímic

  1. ay, perdón, no sabía que aparecería así tal cual.
    esto de comentar en blogs es nuevo para mí. lo siento :s

    • ¡Menuda recomendación, Pepe! Muchas gracias, no la conocía…Ay, la de cosas que me estoy perdiendo por culpa de todos esos prejuicios estúpidos hacia el indie nacional (Algunos de ellos fácilmente explicables, aunque no justificables: me resulta más fácil enamorarme de una canción cuya letra no acabo de entender, que someter a mi despiadado espíritu crítico unas letras que a menudo rozan lo sonrojante). Afortunadamente, gente como Manu Ferrón empieza a hacerme cambiar de opinión.. Y respecto al link, la verdad es que no tienes que disculparte: me encanta que aparezca el vídeo en lugar de un horroroso enlace azul subrayado, y además seguro que así más gente se anima a darle al “play”. ¡Que cunda el ejemplo!

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