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Ah, los Wire: consiguieron desconcertar a todo el mundo con un sonido que nunca se había escuchado antes, y nos dejaron tres discos en los que aún perdura la maravillosa sensación de que cualquier cosa es posible. Si “Pink Flag” podría ser considerado la sublimación del estilo en la medida en que llevaba el DIY (¡y la concisión!) a su última frontera, en “Chairs Missing” los británicos desafiaban al cacareado no future desde el propio corazón del movimiento, tendiendo puentes hacia el art-pop (¿No cabría imaginar un “Another The Letter” en manos de DEVO?) y abriendo vías hasta entonces inexploradas, que aún hoy en día siguen abiertas. Y sí, lo siento por la brevedad, pero la idea de que leer este post os lleve más rato que escuchar esta barbaridad de apenas un minuto (¿quién dijo que el pop perfecto duraba tres?), me resulta tan extraña como la alucinante autopista desierta por la que discurre la música de Wire. Es ya casi un cliché para referirse a la banda de Colin Newman, pero es una verdad como un templo: más punks que los propios punks.

Passed to hand, behind the curtain
The letter brings change, now things are uncertain
Hand to hand, the letter moves on
Like a series of shocks, but the contents are known
Oh faint heart, when the letter arrives
You suddenly find things getting lifesize
Once the air rang with things unsaid
Now cruel outlines are easily read
Behind the curtain in the yellow bulb light
The letter reads I took my own life

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