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Lo de Genís Segarra y Carlos Ballesteros no es ni medio normal: no lo digo únicamente refiriéndome al hecho incontestable de que pocos (¿hay alguno?) grupos hayan sabido combinar con resultados tan fabulosos la ironía, la electrónica, y la alta cultura (de la baja cultura ya se ocupan con notables resultados sus compañeros de sello, los bilbaínos Chico y Chica); como tampoco estoy haciendo referencia exclusiva al hecho de que no pocos medios (entre ellos, Rockdelux, quizá la publicación especializada en música de mayor difusión y prestigio en este país) coincidieran en señalar el soberbio «Un Dígito Binario Dudoso. Recital Para Alan Turing» como el mejor disco publicado en España en 2012.

No quiero que se me entienda mal: no es el mero hecho de que además de haber firmado tres discos deslumbrantes («Bestiola» no dejaría de ser un anexo a esa maravilla que es «Animalitos«, y «Hidrogenesse Vs. The Hidden Cameras» un delicioso juego de cadavre exquis), los de Barcelona sean los máximos responsables de un sello discográfico que es en sí mismo una definición de una forma de entender el pop, construido desde la frivolidad, la inteligencia, el absurdo y el costumbrismo: todo un particular universo repleto de felices anomalías y maravillosos pioneros de territorios inexplorados. (Ahora que hasta los de Warp fichan a grupos rockeros..¿Cuántos sellos importantes pueden presumir de tanta coherencia en su catálogo? En España, pocos. Tal vez Siesta, o Elefant… y menos aún con el nivel de las referencias de Austrohúngaro). Pero insisto: no es sólo eso, ni tampoco el merecido crédito (crédito, crédito, crédito) que se han ganado como remezcladores,  para gente como Javiera Mena, La Bien Querida, o los riojanos Espanto (¡Esa maravillosa traslación de «El Último Día De Las Vacaciones» al mundo de sintetizadores en el que habitan!). Y sí, puede que todo lo anterior explique de alguna forma mi devoción por el proyecto de Carlos y Genís, pero cuando digo que lo de los Hidrogenesse no es ni medio normal, lo digo sobre todo porque cuanto más escucho la «versión glitter» de  «El Artista» que acabamos de conocer, más me convenzo de que no hay nadie como ellos en este país: NA-DIE. Y ahora sí, a lo que me estoy refiriendo, es a la asombrosa capacidad del dúo para componer un cancionero del que ya formaban parte temas tan sobresalientes como «Hidroboy«, «No Hay Nada Más Triste Que Lo Tuyo«, «A-68«,  «Disfraz De Tigre» (esto no es sobresaliente, es Matrícula de Honor: os debo un post), «Vuelve Conmigo a Italia» o «Enigma«. Y paro, por no seguir…

Originalmente recogida dentro del volumen nº 11de la Doropaedia, esta deslumbrante reflexión sobre las relaciones entre arte y dinero que se publicará en formato físico bajo el sello mexicano Vale Vergas, saca oro de un ritmo electro-glam marca de la casa. Mi hermano D. me apuntaba muy acertadamente en un mail la influencia del supergrupo de Joel Gibb en el tema (¡Esos «Hey» de fondo!), y creo que tiene mucha razón, pero a mí me suenan más que nunca a ese cruce entre los Sparks de los 70 (la acotación no es gratuita: ¡Sparks hay tantos!) y The Glitter Band al que aspiran hace años: más Hidrogenesse que nunca, tan buenos como siempre. El artista pide 100.000 euros a su galerista; yo sólo pido que nadie, bajo ningún concepto, les pague un millón de euros.

3 pensamientos en “El Artista (versión glitter) – Hidrogenesse

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